Santa Criz: una historia de amor

Publicado el 09/04/2017 a las 19:13
Es posible enamorarse de una ciudad que ya no existe? Y sentir el llamado de un lugar hasta el punto de dedicar esfuerzos en cuerpo y alma durante media vida para desentrañar un misterio? E invertir más de dos décadas de trabajo y pasión para entender cómo era la existenciay las costumbres de los seres que poblaron ese lugar hace cerca de dos mil años? Sí, es posible. Y la prueba está en Rosa Armendáriz y Pilar Sáez de Albéniz, las arqueólogas y redescubridoras de Santa Criz, el yacimiento romano y la necrópolis que se puede visitar hoy en día junto a la localidad navarra de Eslava y que es uno de nuestros más importantes tesoros arqueológicos.
Rosa y Pilar se conocieron en la universidad. Por aquel entonces, compartían su pasión por la historia y por la arqueología, pero ninguna de las dos imaginaba que un cuarto de siglo más tarde estarían celebrando el aniversario deuno de los hallazgos más importantes de la arqueología navarra, y que ese hallazgo sería, en buena parte, obra suya.
El yacimiento de Santa Criz fue descubierto hace cien años como tal, sin embargo nadie fue capaz de desentrañar el importante legado que se escondía bajo la tierra y el paso del tiempo, hasta que Rosa y Pilar comenzaron a investigar y a excavar en la ladera en 1994 junto con su fiel equipo y supieron "leer" los mensajes que había entre las piedras y los restos de otra época. En estas dos décadas ambas han logrado descifrar enigmas importantes que han permitido entender cómo vivían aquellos romanos que convivían con los vascones en los albores de nuestra civilización y cuyo origen primero se remonta a la Edad de Hierro.
Hoy tengo la suerte de visitar Santa Criz y lo hago invitada por estas dos arqueólogas, "madres" del yacimiento. Dos mujeres que sienten una conexión que va más allá de lo profesional con este lugar. "Es -dicen ambas- un compromiso vital, un vínculo permanente que nace del corazón".
Santa Criz está a poco más de media hora en coche de Pamplona, al sur de la localidad de Eslava. Tras coger un pequeño desvío y subir a pie una empinada rampa, ahí, entre dos lomas y a 544 metros de altitud, se encuentra el cerro con los restos romanos. Un lugar que ofrece al visitante una magia y un legado que se remonta a un tiempo en quevascones y romanos colaboraban y se respetaban mutuamente, lo que permitió la conservacióndeaspectos culturales, creencias y lenguas que hoy conforman nuestra cultura.
"Este lugar me ha enseñado a ser yo misma. En estas dos décadas hemos trabajado y hemos disfrutado inmensamente. Hemos reído y hemos llorado, pero sobre todo hemos aprendido. Para mí ha sido importante porque me ha demostrado que estoy conectada con la trascendencia, con lo que permanece y con los que nos precedieron", me cuenta Pilar. "Hay mucha emoción y vida en esta experiencia de haber redescubierto el yacimiento-añade Rosa- porque ha sido como un viaje iniciático que nos ha enseñado historia, pero también ha sido una escuela de vida. Hemos aprendido a distinguir lo que vale de lo que no, como ocurre con las piedras y los restos arqueológicos, eso mismo nos ha ocurrido a un nivel más amplio: tanto profesional como vitalmente".
Rosa es licenciada en Historia, especializada en Prehistoria y Máster en Interpretación del patrimonio y turismo cultural; y Pilar es licenciada en Historia, Máster en Historia antigua y epigrafía latina y licenciada en Ciencias religiosas, pero ambas han ido creciendo en su trayectoria profesional paso a paso, siguiendo los pasos de las investigaciones de hombres como el padre Escalada,Taracena, Vázquez de Parga y Gil Farrés que ya realizaron sondeos y estudios en la zona. En estos últimos 25 años, el relevo lo han tomado estas dos mujeres que se emocionan a la hora de relatar algunos de los hitos que han marcado su trabajo en Santa Criz: "Cuando llegamos, esto era un monte salvaje. Por eso fue tan gratificante descubrir, conforme avanzamos con los trabajos de excavación, los centinelas de piedra que son hoy unas impresionante columnas en el horizonte; o el capitel que hoy se conserva en el Ayuntamiento de Eslava; o ya más tarde el hallazgo del togado y el divinizado, dos esculturas de la época, símbolo de que aquí hubo un centro urbano de importancia".
En agosto de 2016 el Gobierno de Navarra adoptó el acuerdo por el que se declaraba la zona arqueológica de la ciudad romana de Santa Criz de Eslava Bien de interés cultural (BIC).
Para llegar a eso, Rosa y Pilar han tenido que trabajar duro e invertir miles de horas para excavar primero e investigar después, hasta llegar a tener las pruebas suficientes de que Santa Criz fue un lugar importante en la época romana: "Enseguida nos dimos cuenta de que estábamos ante algo más que el típico yacimiento rural romano,y luego está la relación con la necrópolis, de igual envergadura e importancia. Además, los objetos que hemos encontrado en las excavaciones a lo largo del tiempo demuestran que aquí vivían personas con poder adquisitivo, capaces de erigir notables monumentos e infraestructuras. También el emplazamiento concreto de la ciudad nos hace preguntarnos por qué el imperio romano quiso levantar aquí una ciudad, en cierta manera escondida, que mira hacia la sierra en lugar de mirar hacia el valle, pero que es a la vez monumental y un digno reflejo de Roma? Pudo ser quizá porque era una ciudad refugio? O pensada para el descanso de las tropas del ejército romano?". Las preguntas se suceden, a pesar de las importantes investigaciones realizadas en estas dos décadas, porque el enigma sigue estando abierto.
"Nuestro objetivo siempre ha estado relacionado con la pasión, con la necesidad de resolver ese enigma, de comprender y aprender de aquellas personas que habitaron esta tierra y que nos precedieron -explica ahora Pilar-. Muchas veces vengo sola y suelo caminarpor la necrópolis y hasta hablo y saludo a mi manera a las personas que están enterradas allí, y a veces deposito una flor en el suelo en señal de respeto y acercamiento. Y me pregunto si esos hombres y mujeres se sentirían igual de impresionados que yo por una de las increíbles puestas de sol que se pueden ver desde el cerro; o si sufrían o gozaban por amor o por la pérdida de un ser querido como yo. Les imagino, por ejemplo, en las ceremonias funerarias que hemos sido capaces de reconstruir gracias a los signos del tiempo y a la investigación, los puedo visualizar entre los restos de la necrópolis y todo eso me hace sentirme muy cerca de este lugar".
"La ciudad te utiliza, se sirve de ti -me dice Rosa-. Somos arqueólogas vocacionales y este lugar despertó desde el principio toda nuestra curiosidad y pasión. Además, en mi caso, tengo familiares que viven en Eslava y,desde niña, recuerdo cómo a veces volvían de estas laderas cuando salían a pasear o a trabajar y traían consigo pequeños objetos: un trozo de cerámica o una moneda que despertaban toda mi ansia de conocimiento. Santa Criz, para nosotras, nunca fue un proyecto sino que siempre ha sido un plan, algo que teníamos que hacer, que nos llamaba y que tenía casi vida propia porque no sabíamos que iba a pasar a continuación".
Santa Criz está llena de vida. Es cierto. Y a lo largo de los años, el yacimiento ha recibido la visita de personas y estudiosos de todas partes a la búsqueda de respuestas, interesados por el enigma de la ciudad romana. "Hemos recibido muchas visitas curiosas. Desde un profesor de arquitectura de la universidad de Lyon que se quedó impresionado y no encontraba el momento de marcharse atraído por su fuerza y su enigma; hasta un pastor de Rumanía que llegó aquí con su rebaño y en el mismo emplazamiento donde estaba la plaza tuvo que asistir a una de sus ovejas porque se puso de parto. Siempre hemos tenido muy claro que esta ciudad es mucho más que un tesoro arqueológico y que su ubicación, a pesar de ser un misterio, está impregnada de vida".
Caminamos entre piedrasantes de marcharnos.Pienso que, desde luego, como acaban de contarme, son mucho más que piedras y demarcaciones. Gracias a las explicaciones de Pilar y de Rosa puedo imaginar la complejidad de la sociedad que tuvo allí su espacio, así comolas incineraciones que practicaban,sus banquetes funerarios, el pequeño sacellumque se erige junto al lugar donde estuvo la plaza, con sus rituales religiosos, los lugaresde la vida doméstica donde se han encontrado vajillas, restos de ánforas u objetos de adorno personal y otros interesantes hallazgos que nos hablan de una sociedad y unas gentes que no están tan lejos como podría parecernos. "Son como nosotros, somos nosotros", dicen las arqueólogas antes de despedirnos.
Es posible que Santa Criz nos refleje y por eso pertenezca a todos porque todos y cada uno de nosotros hemos recibido la parte correspondiente de legado cultural de este lugar y de sus gentes que son nuestros antepasados.
Gracias, Pilar y Rosa por hacerlo posible y por el inmenso gesto de habernos regalado con vuestra pasión, trabajo y esfuerzo, la Ciudad de Santa Criz.