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OPINIÓN

La magia de leer en el tren

Avatar del undefinedBelén Galindo02/07/2016
Soy incapaz de tomar un tren sin llevar conmigo un libro. Y a ser posible, un libro en formato papel. No sabría explicar muy bien por qué pero siempre tengo un libro a mano cuando viajo en tren. Sólo sé que asocio inevitablemente cualquier trayecto en este medio de locomoción con la imagen romántica del placer lector. Y creo que no soy la única.
A veces tengo la impresión de que estamos perdiendo poco a poco el verdadero arte de leer un libro. No importa donde se haga, para leer son necesarias ciertas dosis de paciencia, soledad, concentración y empeño. Pienso que uno de los primeros síntomas que pueden alertar de que realmente estamos perdiendo el arte de la lectura es que cada vez es menos frecuente ver a alguien leyendo en público. Eso puede ser porque estamos muy ocupados, porque surgen demasiadas distracciones con forma de teléfono móvil -por ejemplo- o, simplemente, porque es más fácil encontrar un momento para la lectura en casa o en un lugar privado antes que en un lugar público.
Es por todo eso que tengo la sensación de que hace unas décadas era bastante más fácil que ahora encontrar gente leyendo en un parque, en la piscina, en un café, en un banco en la calle o en el tren. El tren. Ese lugar donde, en mi imaginario personal, se dan cita los elementos más románticos si pienso en un lugar perfecto para leer: tiempo, un entorno atractivo, un poco de soledad y magia, la magia que aporta el que, desde mi punto de vista, es el medio de transporte más literario que existe.
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En un tren transcurren algunas de las mejores novelas de misterio de Agatha Christie, como 'Asesinato en el Orient Express', o las novelas de espías de Graham Greene, o la preciosa novela de Anita Nair, 'Ladies Coupe', por no mencionar las obras de Richard Linklater 'Antes del amanecer' y 'Antes del atardecer', entre tantas y tantas otras historias que se desarrollan en el interior de un tren.
Así que hoy he viajado en tren y no ha faltado un libro en mi mochila. Me apetece releer el libro de relatos de Raymond Carver titulado 'De qué hablamos cuando hablamos de amor'. Y al poco de iniciarse el trayecto, me he sumergido en ese puñado de historias, llenas de matices y de inquietantes situaciones ordinarias. He mirado a mi alrededor, y al verme rodeada de otros lectores, he sido consciente de queno soy la única a la que le gusta leer en el tren.
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Alberto Villamandos es profesor de Literatura y tiene en sus manos 'Las joyas de la serpiente', de Pilar Pedraza. "Un libro que transcurre en el siglo XVI y en donde el protagonista es un estudiante pobre que llega a la universidad y tendrá que enfrentarse a situaciones de lo más extrañas, donde La Inquisición y la magia tienen un papel preponderante y donde, en el fondo, se nos ofrece una mirada fantástica e incluso sobrenatural de una historia que recuerda a las obras clásicas de la literatura española". Para Alberto, los trenes son un buen lugar para la lectura, pero no el mejor: "A veces, si el paisaje es bonito, me despisto y no es raro quetermine con el libro en el regazo mirando y disfrutando del paisaje, más que embebido en la historia del libro. Sin embargo, siempre que viajo en tren llevo un libro conmigo. Y lo llevo porque si no, lo echo de menos".
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Jacory Deon es diseñador gráfico, vive en Kansas City, Estados Unidos, y se considera un gran lector. Está inmerso en la lectura en inglés de 'El club Dumas', de Arturo Pérez Reverte. Pero también podría estar leyendo en este tren cualquiera de los libros de Sherlock Holmes, como me cuenta: "Me encanta viajar con libros. No hay vez que no haya venido a visitar una parte de España y no haya traído conmigo cuatro o cinco libros. Me gusta leer libros que me conectan con la historia y las raíces del lugar que voy a visitar. Y tengo que decir que para mí es más fácil leer fuera de casa que en casa, donde encuentro demasiadas distracciones. Sí, estoy de acuerdo contigo en la idea romántica que vincula el tren con los libros. Algún día me gustaría recorrer el norte de África y leer 'El cielo protector', mientras viajo en un tren".
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Ana Belén Albero está inmersa en su lectura y apenas levanta la vista del libro para observar de vez en cuando por la ventanilla del tren. Esta abogada pamplonesa está leyendo 'Un adivino me dijo', de Tiziano Terzani: "Es un libro que te hace pensar en cómo nuestra forma de estar en el mundo puede cambiar el futuro. Nuestro destino, viene a decir el libro, está en nuestras manos".
Para esta joven, madre de tres hijos, es muy importante que los libros estén de una forma o de otra en nuestras vidas: "Como compañeros de trayecto, siguiendo la metáfora del viaje y del tren. Y sin dejar el tren de lado, creo que es muy importante hacer a los niños partícipes de ese viaje. Llevo tiempo leyendo a mis hijos 'Harry Potter' cada noche. Para ellos, resulta fascinante la magia y el poder de una buena historia. Es otra forma de transportarles al mundo literario, a través de la imaginación. Sería bueno que, cuando dejamos de ser niños, no dejáramos de alimentar la imaginación y la magia. Un buen libro, un trayecto en tren, todo vale, si de leer se trata".
Todo vale. Y más aún si a un viaje, el físico del tren, le sumas el otro, el de la imaginación que te ofrece el libro.
Viajeros por partida doble, será por eso que nos gusta tanto.
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