Libros libres

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Belén Galindo

Publicado el 28/05/2016 a las 04:30

En todo el mundo se calcula que hay más de 36.000 pequeñas bibliotecas gratuitas repartidas por calles, empresas, escuelas, cafés, aeropuertos, cabinas de teléfono en desuso o parques. Se trata de las Pop-up libraries,fruto de la ideade un americano de Wisconsin que, sin proponérselo, ha logradoimplicar a miles de lectores anónimosenununiversal intercambio de libros,espontáneo y azaroso.

 

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La idea es preciosa y tiene detrás una historia emocionante. En 2009, Todd Bol colocó una caja de madera enfrente de su casa, la llenó de libros y le pusoel cartel de "Libros libres". Aquel gesto fue un tributo a su difunta madre, maestra de escuela y gran amante de los libros, que toda su vidahabía trabajado en favor de la promoción de la lectura. En aquel entonces, este americano de Wisconsin no podía imaginarque con aquel primer paso daría lugar a un movimiento de intercambio de librosque hoy se extiende por todo el mundo.

Después de la instalación deaquella primera pequeña biblioteca libre, Bol pensóque la idea tenía potencial. Se puso en contacto con su amigo Rick Brooks de la Universidad de Wisconsin y juntos dieron forma a lo que enseguida fue un pequeño pero creciente movimiento que congregó a todo tipo deamantes de los libros libres.

Los dos amigosexpandieron la idea por ámbitos rurales y zonas con pocos servicios educativos, prestaron asistencia logística y apoyo a las personas que queríanconstruir en sus entornos estas pequeñas bibliotecas y pronto dieron forma a una organización sin ánimo de lucro que se extendió como la pólvora a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

 

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Nunca soñaron llegar tan lejos, pero el éxito fue rotundo. El objetivo inicial erala creación de 2.150 pequeñas bibliotecas,pero en2014ya habíamás de 15.000 esparcidas por varios países. Se calculaque, entre 2010 y 2013, se generó un movimiento de cerca de 1.650.000 libros.Enenero de 2015, el número total de estas mini bibliotecasrondaba las 25.000 en todo el mundo. Este año, enenero de 2016, eran ya más de36.000...

En 2012se constituyeron comoorganización sin ánimo de lucro y en la actualidadtienen un sitio web, littlefreelibrary.org, que proporciona todo tipo de información sobre lo que hacen. En la web se pueden leer noticias acerca de los libroslibres de todo el mundo, hay inclusomodelospara construir o comprar las pequeñas cajas de madera donde habitualmente se colocan los libros. Sepuede encontrarhasta un mapa que permite rastrear la ubicación de pequeñas bibliotecas cercanas.

El concepto es simple y, aunque puede parecer una utopía, en los Estados Unidos y en buena parte del mundo, funciona. "Tome un libro, dejeun libro". Así, sin más. Sin tarjetas, ni carnés, sin necesidad de trámites ni intermediarios de ningún tipo. Su misión es "promover la educación y el amor por la lectura mediante la construcción de pequeños espacios que propicien el intercambio de libros,de forma gratuitaen todo el mundo, y construir así un sentido de comunidad que permita compartirhabilidades, creatividad y conocimientoa través de generaciones".

 

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El funcionamiento sebasa en las donaciones delibros de forma anónima,por lo tanto, la variedad es interminable. Una biblioteca puede contener una colección enterade novelas de ciencia ficción, mientras que otra puede contener libros sobre misterio que esperan a su lector junto a novelas románticas,históricas o libros de cualquier temática.

De la misma forma que las donaciones nutren las pequeñas bibliotecas libres, a veces ocurre que alguien se lleva un libro y no lo devuelve y, en este caso, no hay multas "ni siquiera se espera que siempre se devuelvan los libros". Como dicen los fundadores de la iniciativa"eso forma parte del funcionamiento aleatorio de esta idea", aunque claro, añado yo, hace falta contar con la ausencia de vandalismo y dar por hechoel respeto por parte de los usuarios, algo queen EEUU forma parte delcomportamiento habitual y mayoritario, pero que en otros países sigue siendo una asignatura pendiente...

Sin embargo, no seguiré por ahí, sino quequiero seguir contando todo lo bueno que tiene esta historia, porque el proyecto tiene muchas ventajas añadidas. Por ejemplo, la promoción de la lectura en entornos donde el acceso a los libros es escaso: "En todo el país, los niños de bajos ingresos tienen unacceso muy limitado a los libros, y cuando los tienen a su alcance, no siempre son libros apropiados para su edad. Estas pequeñas bibliotecas a veces cubren esas necesidades a través de la tarea de los voluntarios, que detectan las carencias a tiempo y deciden instalar uno de nuestros mini espacioslectores en esos lugares".

 

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Pensándolo fríamente, además de una utopía, esto de los libros libres puede parecer un contrasentido en nuestros días. Pensaren construir o ir colocando en calles y espacios públicosestas pequeñas bibliotecas de madera enlaera de los iPads y los Kindles puedesonarun poco a movimiento contracorriente. Sin embargo, "las bibliotecas libres fomentanlas comunidades personales y conectan de una manera especial a las personas, de un modo que los dispositivos electrónicos no pueden", dicen los impulsores de esta idea.

"La gente nos dice una y otra vez que hay algo irrepetible e inexplicableenla sensación física que provoca el hecho de tener un libro en lasmanos", añaden."Hay una especie de alma, una forma que conecta el libro con el espíritu que no se puede encontrar de forma electrónica".

Llamadme ilusa, pero me gusta. Me encanta esta idea. Me apunto al respeto y al amor por los libros y por el hecho de compartirlos así, de forma espontánea, en el interior de cajitas que parecen casas de pájaros o casas de muñecas, o en un banco público, o en una antigua cabina de teléfonos o en un carro de helados reciclado... Me gusta tanto que ya estoy buscando en la web cuál es la biblioteca libre más cercana a mi ciudad en Tennessee para ir a verla. Y tomar mi libro. Y dejar otro, claro.

 

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