Almas de barro

Publicado el 21/07/2015 a las 21:18
Javier Laforet es un artista de los pies a la cabeza. Qué más da que trabaje de funcionario y que buena parte del día la invierta en ejercer de padre de familia. No hay más que verlo y escucharle y sentir que respira vida y transpira arte a partes iguales. Quizá porque, como él mismo escribe en uno de sus poemas, "Somos lo que respiramos/ y nuestro hacer/ tiene el acento preciso/ de las voces que han ido construyéndonos..".
Sobrino de Carmen Laforet, hijo, nieto y hermano de escritores y pintores, hace unas pocas semanas pude descubrir también su faceta de escultor. Fue en uno de mis paseos por Pamplona, y en la librería Walden, uno de esos espacios mágicos donde los libros adquieren vida propia, entre un buen café y la mejor compañía.
Me dejé guiar por un par de buenos amigos "a ver las esculturas de Javi". Eso era todo lo que yo sabía del plan. La sorpresa fue mayúscula nada más entrar al local donde se podía ver la obra de este escultor y escritor pamplonés. Y fue una sorpresa, primero, porque me vuelven loca esas librerías con encanto, con personalidad y donde el mimo y el cuidado por los libros están por encima de cualquier otra cosa. Y la Walden era una de ellas. Pero me vuelven más loca aún si la pasión por la literatura se vive en maridaje con cualquier otro tipo de arte. Y enseguida distinguí entre los libros, las esculturas finas, retorcidas, hechas de barro y madera, lanzando un grito mudo a quien quisiera escuchar.
Porquelas esculturas de Javier Laforet estaban ahí delante, como habitando los libros y las estanterías, adueñándose de la mirada del observador, contando una historia, como me explicó más tarde el autor: "Quiero transmitir sentimientos. Sentimientos internos y muchas veces dolorosos. La idea es reflejar, de una forma lo más auténtica y verdadera posible, rincones universales del alma".
Barro, arcilla y terracota sobre peanas de madera que consiguen reflejar a ciencia cierta estados del alma. Y también cicatrices. "Me gusta que se vea, si un día se me ha roto una pieza y he tenido que arreglarla, ese lugar de unión que se convierte en una cicatriz y queda a la vista. Como metáfora del camino que cada uno debe seguir en la vida, de las caídas y las heridas que arrastramos", dice Laforet.
"Comencé a modelar siendo muy pequeño. Pero ha sido en los últimos cinco años cuando he sentido una especie de necesidad de expresión más fuerte que me ha llevado hasta aquí". No es un novato en el tema, de todos modos. Ya cuenta en su curriculum con varias exposiciones de su obra como escultor en el Ayuntamiento de Sarriguren, el Auditorio de Barañain, Bertiz o la Casa de Cultura de Mutilva.
Cuando modelas?, le pregunté. Y se echó a reír porque, según me dijo, "entre el trabajo y lafamilia no tengo todo el tiempo que me gustaría. Aún así, a veces saco ratos tontos, viendo la tele con mis hijos, incluso". También quise saber cuál es elsentido último de su arte: "Me gusta explorar los lenguajes -dice-. A veces es el de las palabras, como ocurre con los libros. Pero otras veces, es el lenguaje de la arcilla y del barro, que me hablan desde el silencio".
Javier Laforet tiene muchos proyectos en mente, pero por ahora disfruta del momento: "Exponer aquí es precioso. Esta librería es un lugar que me encanta. Vendo, sí, pero poco a poco, y desde luego no es mi prioridad. Lo es la expresión, y el hecho de trabajar con el barro el lenguaje del alma humana".
Salimos de allí con un café en el estómago y un libro bajo el brazo cada uno. Pero también con la impresión de que Javier nos había tocado el alma de barro que todos llevamos dentro.
Gracias, Javi.
http://www.javilaforet.blogspot.com