Arqueología doméstica

Publicado el 30/09/2014 a las 02:02
La arqueología moderna no buscaentre piedras, ni en desiertos olvidados o en tumbas milenarias, sino que tiene como escenario las casas y los ámbitos más domésticos, a la vez que recoge el rastro vital de seres humanos anónimos. Los auténticos tesoros hoy en díahay que buscarlosen las tiendas de antigüedades. Una verdadera fiebre en los Estados Unidosdonde uno puede encontrar los objetos más increíbles junto a los más absurdos, y lo que es mejor, al alcance de cualquier bolsillo.
El mercado mundial de antigüedades creció un 8% en 2013, con una cifra de ventas de 47.400 millones de euros. Estados Unidos, por su parte, ha recuperado el liderazgo con una cuota del 38% de su valor. Estos datos indican claramente que aquí hay un gran negocio. Y sin embargo, la primera vez quepisé una tienda de antigüedades en los Estados Unidos, confieso que me decepcionó un poco. En un abrir y cerrar de ojos, rebajé mis expectativas y, acto seguido, me pareció que sencillamente me estaban tomando el pelo. Cómo era posible que vendieran bajo el concepto de "antiguas" todas esas cosas?
Con toda naturalidad, estaban a la venta los objetos más corrientes, anodinos y faltos de interés, eso sí, junto a algunas valiosas reliquias, que habrían hecho las delicias de los coleccionistas de cualquier parte del mundo. Porque... acaso es antigua una colcha que se ha comprado en el supermercado?Es una antigüedad un frutero de forja "made in China"? Se puede catalogar de antigua una casita de pájaro de madera que aún no ha sido estrenada?
Pues sí, si cambiamos el concepto de "antiguo" por "usado", que es la idea a la que parece responder en este país el concepto "antigüedad". Y sí, si consideramos que en un país que cuenta con tres siglos de historia, todo lo que tenga un par de décadas de vida puede ser considerado ya "de edad".
No obstante, y como es lógico, por justicia he de decir quehay de todo, y que algunas tiendas de antigüedades sin dudase atienen al concepto que tenemos en Europa en este tipo de establecimientos, pero la mayor parte de objetos que se venden en la mayor parte de estas tiendas son, digamos que "bastante modernos".
O eso, o yo misma ya soy una antigüedad. Sin ir más lejos, en una de las tiendas que he visitado últimamente, tenían a la venta los juegos de mi infancia, como el Trivial o el Monopoly. De la misma forma quehe encontrado decenas de colecciones de libros bastante mediocresque a mí no se me ocurriría considerar más que como "un poco viejos" y de hecho, más que ponerlos a la venta, lo que haría sería donarlos y confiar en que alguien les diera mejor uso que el adorno más inane.
Más allá de lo que está a la venta, me intereso por el origen de todos esos objetos. De dónde sacan todas estas antiguallas? Y me hablan de una figura bastante desconocida: el recolector. Porque todos hemos oído hablar de anticuarios, pero la mayoría de nosotros no sabemos casi nada acerca de los recolectores de antigüedades. Y son ellos, en este país al menos, los artífices de que todos estos objetos terminen primero en las tiendas, y luegoen lassalas de estar de media América, incluso en algún museo. Llaveros, mecheros, candados, llaves, placas de policía, navajas, balas, tablas de medición hechas de madera, botellas, vasijas... el recuento de objetos cotidianos que pasan ante mis ojos es interminable. Y tambiénmuy curioso, desde luego.
Los "arqueólogos modernos", como los llaman aquí, han hecho dela búsqueda exhaustiva de objetos, una auténtica misión y por supuesto, un modo de vida. Personas que viajan por todo el país, a la búsqueda de casas donde se vende hasta la última silla, siguiendo la estela de subastas y mercados de jardín, para terminar recogiendo un auténtico mosaico de arqueología doméstica que retrata la vida americanamásreciente y en algunos casos, también la más lejana.
Me cuentan quelos recolectores de todo este material se recorren los pueblos y zonas rurales de todo el país, especialmente en los días de recolección de basura. A veces, literalmente, terminan yendo de puerta en puerta, con la esperanza de explorar un granero abandonado o un sótano lleno a rebosar con basura y objetos preciosos. Aquí por ejemplo, encuentro la cristalería y la vajilla de un hogar del sur, de una familia de Tennessee que probablemente tuvo que vender todos los enseres familiares tras la muerte de los abuelos, y pienso en la historia que guardan esos objetos tan personales.
Sigo buscando y encuentro algunos tesoros. A mis ojos desde luego lo son. Estas máquinas de escribir antiguas sí me parecen "antiguas", bajo el prima del avance imparable de las tecnologías. Me fascinan y podría llevármelas a casa ahora mismo en un arranque consumista. Podría comprarlas, porque esa es otra cuestión a tener muy en cuenta. Los objetos a la venta en estas tiendas de antigüedades no son caros, están al alcance de cualquier bolsillo.
Que, cuánto cuestan? Menos de cien dólares.Dan ganas de comprarlas.
Antes de salir me detengo en una pila de libros que, de lejos, me parece que podría ser interesante. Parecen de verdad antiguos y conforme me voy acercando a ellos fantaseo con la idea de poder hacer una buena compra al fin y al cabo, y honrar de esta forma con su adquisiciónel blog. Hasta pienso en qué títulos serán, si me darán para un buen guisado o una deliciosa Sopa de Letras... Pero mi gozo en un pozo. En cuanto me acerco lo suficiente, me doy cuenta de que el único libro de verdad es el que está sobre todos los demás, que no son libros sino un adorno de cartón piedra con forma de pila de libros. Y el que está sobre el adorno, no da el perfil. Se trata de un librosobrecontabilidad y balances editado en los años 80. Poco glamour y no mucha historia, desde luego. Doy media vuelta y decido que mejor me compro una pieza de la vajilla de la abuela, o la máquina de escribir, y sobre libros, otro día os cuento...