Los huérfanos de Macondo

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Belén Galindo

Publicado el 22/04/2014 a las 18:25

Todavía me asombra la coincidencia de que Gabriel García Márquez falleciese la misma tarde en que, en esta universidad del estado de Tennessee, compartíamos impresiones sobre su obra con los estudiantes de la clase de literatura hispanoamericana. Casualmente ese día en el plan de estudios correspondía analizar la obra de García Márquez y yo acudí invitada para reflejar la faceta de periodista del escritor.

 

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Reconozco ser muy poco original en esto y pertenezco al ejército de lectores rendidos a la magia de la pluma de este grandísimo escritor. Le agradeceré siempre haberme metido en la sangre el dulce veneno de la literatura tras beberme en cuatro tragos y medio “Cien años de soledad”, a lo largo de un mes de mayo cálido e insomne, y a la edad de 15 años. Pero lo que no le perdono es que desde el momento de su muerte, nos haya dejado huérfanos a tantos y tantos lectores que crecimos entre las exuberantes selvas de Macondo, suspirando por los amores contrariados en los tiempos del cólera.

Que nadie se asuste. Sé que algunos ya han sentido estos días cierta sobredosis de realismo mágico con tanto obituario y nota recopilatoria sobre su legado. No tengo intención de ponerme a hablar de la trayectoria del gran Gabo ahora, cuando ya se ha dicho y escrito tanto sobre este colombiano universal. Pero sí quiero rescatar la extraña anécdota y desde luego inolvidable experiencia que fue el hecho de estar hablando de su obra al mismo tiempo en que, sin saberlo, el escritor acababa de morir; junto con un detalle que liga a García Márquez con una de nuestras más grandes escritoras, Mercé Rodoreda.

Hace una semana, el pasado 17 de abril fue la primera y única vez en mi vida en que yo tuve la oportunidad de hablar de este escritor en una universidad americana. Y fue casualmente el día en que falleció. Y qué hacía una periodista en esa tesitura? El profesor titular de la asignatura me había pedido días antes que le acompañara en la clase, con la idea de apuntar algunas de las claves del García Márquez periodista. Así que, después de que él abordara la lección principal acerca de su vida y su obra, me dio la posibilidad de rescatar algunas ideas del perfil periodístico de García Márquez.

Les pude contar que el hombre que acuñó la frase de que el periodismo era “el mejor oficio del mundo”, ejerció desde su juventud como tal y amó sin reservas esta profesión nuestra que en tantas ocasiones se vilipendia, se critica y se denosta. Les hablé de que su pasión por el periodismo fue extraordinaria. De que Gabo supo hilar este oficio con la literatura como pocos, dando como resultado una de las obras más poliédricas de la historia.

Ya lo dijo Antonio Muñoz Molina: “Otros escritores predican, reflexionan, hacen de críticos literarios o de gurús políticos cuando colaboran en los periódicos: García Márquez no parecía tener otro propósito que el de contar una buena historia, la mejor historia posible cada semana”. Y lo confirmó el propio Gabo: “Soy un periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista”.Una prueba irrefutable está en sus columnas, las que escribió en periódicos, tanto de América como de España, donde se pueden encontrar inolvidables y auténticas lecciones sobre la práctica de contar una historia.

Estos días, revisando la hemeroteca, he encontrado una de aquellas columnas que García Márquez publicó en El País, en concreto, la del 18 de mayo de 1983. Como si de un bucle se tratara, esa columna me ha conectado con él de nuevo. Porque en ese texto se puede vislumbrar la gran admiración que sentía el escritor colombiano por la escritora catalana Mercé Rodoreda, autora entre otras obras maestras de la maravillosa “La Plaza del Diamante”, y una de mis escritoras de cabecera.

 

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Es curioso leer esa columna de El País, que tiene mucho de confesión de lector también, y muestra la mirada periodística de un Gabriel García Márquez que se sintió conmocionado y algo huérfano cuando un día, al preguntar por un libro de esta escritora en Barcelona, le dijeron que acababa de fallecer pocos días antes.

Creo que él se sintió entonces un poco como nosotros nos sentimos el jueves al conocer la noticia de su muerte. Y en aquellos días de mayo de 1983, fue él quien dedicó en la columna del periódico un espacio para recordar a Rodoreda, al igual que estos días hemos hecho nosotros, cada uno con sus medios y en su foro, para recordarle a él. Es emocionante leer cómo relata el encuentro que había mantenido con ella tiempo atrás, “en un apartamento provisional, amueblado de un modo muy sobrio y con una sola ventana que daba sobre el jardín crepuscular de Monterolas () Creo -si no recuerdo mal- que Mercé Rodoreda es la única escritora (o el único escritor) que he visitado sin conocerla, impulsado por una admiración irresistible”.

Gabo, en aquella columna escrita hace casi 30 años, se sincera con el lector y nos hace cómplices de la magia que él sintió en aquella conversación que mantuvieron los dos escritores. “Me llamó la atención que de todo lo escrito por mí le interesaba más que nada el gallo del coronel que no tenía quien le escribiera, y a ella le llamó la atención que me gustara tanto la rifa de la cafetera en La plaza del Diamante. Tengo hoy un recuerdo entre nieblas de aquel extraño encuentro, que sin duda no fue uno de los recuerdos que ella se llevó a la tumba, pero para mí fue la única vez en que conversé, con un creador literario que era una copia viva de sus personajes. Nunca supe por qué, al despedirme en el ascensor, me dijo: "Usted tiene mucho sentido del humor". Nunca más tuve noticias de ella hasta esta semana, en que supe por casualidad, y en mala hora, que le había ocurrido el único percance que podía impedirle seguir escribiendo”.

En mala hora nosotros también hemos tenido que asumir que ahora es él quien se ha ido, es él quien ha sufrido el único percance que podrá impedirle seguir escribiendo. Es él quien ha dejado en este mundo a este inmenso batallón de coroneles huérfanos, que ya no tienen quién les escriba.

 

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