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Sopa de Letras
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Libros con sabor a tortilla de patata

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Libros con sabor a tortilla de patata

Actualizada 13/11/2013 a las 02:07
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A qué sabe un club de lectura? Depende. La sesión de hoy del club de lectura de nuestro vecindario en Tennessee tiene sabor a empanada gallega, tortilla de patata y tostadas de jamón con aceite de oliva. La razón es que la anfitriona del encuentro de esta tarde es mi vecina Isabel, la otra española del grupo. Así que me pregunto si la alta asistencia de hoy al book club será debida al interés que ha suscitado el libro que comentaremos, “El arte de conducir bajo la lluvia” de Garth Stein, o a la sugerente ocasión de probar algunos productos típicos made in Spain.

La charla está prevista para las 7 de la tarde y todas las damas del vecindario aparecen bien puntuales. Como suele ser habitual en este tipo de reuniones, la mayoría de las asistentes son mujeres, jubiladas algunas, y voraces lectoras a las que les encanta comentar entre ellas qué les ha parecido tal o cual libro. En este club de lectura entre vecinos, el añadido de que las reuniones se celebren en los propios hogares de las participantes de forma alterna, hace que entre nosotras pronto se cree un vínculo de familiaridad doméstica que difícilmente se da en España porque ahí nos reunimos en lugares públicos.

 

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Esta es mi cuarta sesión desde que llegué y me apunté al club de lectura del vecindario, y la verdad es que ya siento que voy conociendo a estas mujeres americanas, sus gustos literarios, su forma de entender una tarde amena entre libros, incluso van dando muestras de su personalidad y de su carácter. Nos entendemos, a pesar de la barrera idiomática y cultural? Lo intentamos y a ratos lo conseguimos. En parte puede que sea por aquello de que, quienes comparten lecturas, crean entre sí un vínculo especial, difícil de definir, pero que les conecta a través del cordón umbilical de ese lugar común que es la literatura.

Ha anochecido y se nota que el otoño ha llegado ya definitivamente a Tennessee. Tras un mes de octubre repleto de tibias tardes de sol, de luz brillante y perezosa, esta pasada semana cambiamos la hora en EEUU y con el nuevo horario, el cambio de estación. Comienza a apetecer encender la calefacción, desempolvar las chimeneas y creo que eso hará aún más cálidos estos encuentros alrededor de un libro.

 

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Ya es parte de la ceremonia de este club de lectura con sabor a plum cake que, antes de pasar a la sala a comentar el libro, cenemos todas juntas. Un día, en mi primera sesión, ya conté que tuvimos ocasión de disfrutar de una cena con todos los cubiertos y en una sala al más puro estilo de las grandes viviendas del sur americanas. La pasada reunión tuvo lugar en casa de Kara, una chica de con tres niñas pequeñas, que apenas dedica atención a la cocina y más bien se trató en esa ocasión de un aperitivo que tomamos alrededor de una sala cálida, acogedora, pero con un toque mucho más joven. Cada encuentro, cada sesión, tiene el sabor de la anfitriona y eso me gusta porque permite disfrutar de muchos matices, y adquirir de puertas adentro muchas más vivencias que las que vamos a compartir en torno a la lectura.

Isabel es una anfitriona magnífica y esta tarde ha preparado una serie de delicias a la española que les sorprende y les gusta. Definitivamente: prueban la tortilla de patata, la empanada, las tostadas de jamón con aceite de oliva, los canapés, el guiso de pollo o la ensalada, y enseguida pasan a los postres: hay flan y bizcocho, además de rosquillas de chocolate. Les gusta. Porque los platos están vacíos. Y las copas. Me gusta este cambio que hemos hecho hoy. Del té, la limonada y la soda de otros días hemos pasado al vino español. No hemos encontrado tinto navarro, pero el rioja que estamos tomando ha dibujado a nuestras compañeras de lectura una sonrisa amplia en los rostros. Así que intuyo que hoy hablaremos más que otros días...

 

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El de hoy es un libro hermoso. Uno de esos libros sin grandes pretensiones formales ni ambiciones literarias pero que llega a lo profundo del corazón por su autenticidad y su filosofía. Es uno de esos libros que al terminar de leerlos te deja una enseñanza, te muestra un camino, te hace pensar. Y eso es mucho.

"El arte de conducir bajo la lluvia" nos habla de la vida, de lo que somos, de nuestras pequeñas alegrías y decepciones, de lo mucho que cuesta a veces vivir y de lo hermosa que puede llegar a resultar esta aventura de estar en el mundo. Y todo eso desde la voz de un narrador no humano, un perro que repasa la vida de sus dueños en sus últimos días de vida animal. Se trata de un libro que fue seleccionado por la cadena Starbucks como libro del verano y ha sido un gran éxito de ventas, de público y de crítica en los Estados Unidos.

La encargada de coordinar la sesión esta tarde, Faye, nos explica al presentarlo que, se ha emocionado al leerlo porque en algunos momentos ha sentido que el escritor ponía palabras a los sentimientos de los animales, dotándolos de humanidad. Cuenta además que estos días ha mirado con otros ojos a sus mascotas. Y a las personas que le rodean porque se ha dado cuenta de muchas cosas con la lectura del libro. Le ha recordado el aprendizaje de Denn, el joven y prometedor piloto de coches de carreras de quien el perro Enzo ha obtenido una amplia comprensión de la condición humana. Hay un momento en el libro en que el perro narrador cuenta lo que su dueño ha aprendido: que la vida, como las carreras, no es una cuestión de velocidad.

 

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La velada avanza y, tanto el vino como las viandas españolas han debido de hacer efecto, porque del libro pasamos a hablar del afán por la velocidad y sus consecuencias tanto en la vida como en el tráfico, seguimos repasando el problema que existe en esta zona al conducir por la cantidad de animales que resultan atropellados en las carreteras; luego continuamos en la conversación con remedios para evitar que las ardillas y los tejones arrasen el jardín; y terminamos hablando de los pingüinos del acuario de Tennessee, y de los benefactores del mismo. Y de que han bautizado a uno de estos animales con el nombre de las magdalenas más famosas de la ciudad. Lo estamos pasando bien. Estamos cómodas, a gusto. Y a estas alturas de la charla, yo sonrío y miro a Isabel y creo que las dos estamos pensando lo mismo: ¡lo que hace una tortilla de patata, un pincho de jamón y un buen vino y más aún maridado con un libro que merezca la pena!Pues eso. Que el próximo encuentro, en mi casa. Y, si encontramos, lo acompañaremos con vino de Navarra...

 

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