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Sopa de Letras
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Rezando y con el mazo dando

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Rezando y con el mazo dando
Actualizada 25/09/2013 a las 05:01

Si os digo que hoy me detendré en mi libro de gramática de la lengua inglesapara contar que un día a la semana acudo unas horas a una iglesia a aprender inglés, seguro que la mayoría os estaréis imaginando un templo románico del S.XII y un reducido grupo de gente, sentada en unos bancos de madera, instruidos por una señora muy mayor, probablemente parroquiana desde hace décadas, con buena voluntad y quizá, algunos conocimientos de inglés que quiere compartir con el resto. Acierto?

Pues os equivocáis de pleno. Porque en Estados Unidos, y especialmente en el sur, como aquí en el estado de Tennessee, acudir a la iglesia es como acudir a un centro cívico, con el añadido de la fe compartida, por supuesto. Aquí la religión está tan presente en la vida diaria de la comunidad, como presentes están las iglesias en la actividad social, cultural y deportiva del entorno donde se ubican.

Desde la mirada de un español católico, enseguida llama la atención la enorme fragmentación de la iglesia cristiana en los EEUU. En menos de dos kilómetros a la redonda, tenemos vecinos bautistas, adventistas, ortodoxos, presbiterianos, católicos, etc, y todos se respetan enormemente y todos ellos nos han invitado con amabilidad a acudir a sus servicios religiosos el sábado o el domingo.

Pero las iglesias no solo ofrecen los servicios religiosos habituales, sino que muchas de ellas en su interior cuentan con unas instalaciones que para sí las quisieran los ayuntamientos de cualquier país de Europa para desarrollo social y cultural de su localidad. Cuando hablo de las iglesias, no os las imaginéis como las nuestras: no son ni románicas ni góticas. La mayoría ya podéis suponer que tienen menos de un siglo, así que son edificios nuevos y con decenas de aulas y salas en su interior, además del templo.

La organización es sencillamente alucinante y diré en su favor que realizan una labor social, educativa y cultural muchas veces admirable. De la mano de las instituciones gubernamentales locales, y cofinanciadas a base de donativos, estas iglesias se encargan de dar todo tipo de servicios y consiguen crear una gran comunidad alrededor, a través de toda esta actividad social.

Por poner algunos ejemplos: yo acudo a una iglesia a estudiar inglés, mi hijo pequeño juega a soccer en uno de los quince equipos de futbol que promueve otra iglesia (esa en concreto cuenta con campos de futbol, zona recreativa, merenderos, duchas, sala de baile, cine, y qué sé yo cuantas instalaciones más); pero es que mi vecina lleva a su hija a clase de cheerleader a otra iglesia; y por las tardes, otra amiga va a aprender a bailar zumba a su iglesia; y así podría seguir. Increíble y sorprendente desde nuestro punto de vista, a que sí?

Como digo en el aspecto social, la labor que realizan las iglesias es admirable, porque muchos de estos servicios no los cobran a las personas con pocos recursos y admiten en su interior a personas de toda procedencia, religión y creencia. Sin ir más lejos os puedo hablar de mi clase de inglés en la Iglesia Bautista Concord. Los cursos de inglés para extranjeros, en varios niveles, se organizan desde hace más de 25 años.

 

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Este curso estamos participando un total de 77 personas procedentes de 26 países diferentes y para atender la actividad cuentan con 15 profesores, todos ellos voluntarios y titulados, procedentes de la propia comunidad de dicha iglesia. Y ahí no acaba el asunto. Por si alguna persona debe llevar a sus niños a las clases, ofrecen también gratuitamente un servicio de guardería del que actualmente se benefician 29 niños, atendidos por 5 cuidadores. Y tras las clases, o entre clase y clase, te invitan a escuchar una oración durante unos minutos, a cantar una canción con trasfondo religioso y te ofrecen un suculento almuerzo. Todo sin costo. No pagas más que libro, y a veces ni eso.

 

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En mi clase hoy estamos todos. Una clase de nivel avanzado de inglés integrado por una docena de personas de procedencias tan dispares como Japón, Irak, Perú, El Salvador, Líbano, Mali, Rusia o España. Ahí es nada. Y al frente, nuestra querida teacher, la profesora jubilada Sarah Beth, que lleva la docencia en las venas, después de pasar toda una vida enseñando en colegios del estado.

 

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Me gusta acudir los miércoles por la mañana a esta clase. Porque el clima humano es enormemente grato y porque me siento como en la torre de Babel, compartiendo aula con personas de origen tan diferente y a su vez, bagajes tan interesantes. Además, la sonrisa y sabiduría de Sarah consiguen no solo que nos entendamos todos cada día mejor, sino que aprendamos, más allá del inglés, un poco acerca de las culturas a las que cada uno pertenecemos.

El de Sarah Beth, al igual que el del resto de los 15 profesores y la directora de la actividad, es un ejemplo que también da muestra de la enorme vitalidad y aporte a la comunidad que realizan los miles de voluntarios que han convertido al estado de Tennessee en una referencia mundial con respecto a la generosidad de entregar tus conocimientos y tu tiempo, a quien los necesita.

Desde aquí, mi absoluto reconocimiento. Y yo me quito el sombrero. ¡Olé!

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