Al volante por Tennessee

Publicado el 18/09/2013 a las 02:32
El libro que me ha tenido entretenida en las últimas semanas no es precisamente literatura de primer orden. Se trata del “Manual del Conductor del estado de Tennessee”, que he debido leer y aprender como buena ciudadana, para poder aprobar el examen que me habilita a conducir en USA. Y de paso conseguir una acreditación que en este país es casi tan importante como en España el DNI.
Quién me iba a decir a mí que, tras la friolera de veinte años de conductora habitual, me tendría que volver a examinar para aprobar el carnet, en este caso, americano. O con más propiedad debería decir, el carnet de conducir en el estado de Tennessee. Porque esa es una de las primeras cosas que llaman la atención: en Estados Unidos cada estado tiene una legislación distinta y regula de forma independiente lo referente a la conducción. De manera que cada vez que una persona cambia su residencia de un estado a otro, debe examinarse para poder conducir de acuerdo a la ley. Si procedes del extranjero, pues depende. Por ejemplo, los alemanes, tan solo deben examinarse de la teoría ya que, al parecer, la práctica ya la traen de serie en el ADN El resto de europeos, la mayoría al menos, debemos hacer los dos exámenes: teoría y práctica.
Y en esas me he visto, primero una lectura comprensiva y luego el estudio y los correspondientes test. Quienes ya se han examinado te dicen que, para alguien que ya conduce, no es un examen que presente gran dificultad. Y es cierto. Es de suponer que el tema de la señalización y el respeto por la velocidad o cuestiones de este tipo van a ser prácticamente iguales a lo que ya conoces. Pero luego resulta que comienzas a avanzar en la materia y no es tan parecido como se presupone.
Asunto importante, las medidas. Ahí te quiero ver con las equivalencias de kilómetros por hora, a millas en cuestión de velocidad permitida; con los palmos y los pies, en vez de las distancias a las que estamos acostumbrados en Europa; los galones en vez de los litros y así, una serie indeterminada de cambios nada desdeñables y que hay que tener en cuenta de cara al examen.
Luego, una vez te has hecho con las medidas y las asumes para poder comprender lo que dice la ley, hay que tener muy presentes dos capítulos fundamentales: velocidad y consumo de alcohol. Incumplir la ley en dichas materias acarrea el mayor número de accidentes en este estado. De ahí que el manual haga tanto hincapié en ello. Atención a los máximos de velocidad: entre 45 y 70 millas por hora (dependiendo de la carretera), o lo que es lo mismo el límite permitido de velocidad en carretera está entre 70 y 112 kilómetros por hora. En entornos urbanizados, la velocidad oscila entre las 15 y las 40 millas. Y cuidado con el consumo de alcohol, el BAC, como lo llaman aquí (Blood Alcohol Concentration). La tasa máxima permitida es de 0,8 (frente a los 0,5 de España).
También están los temas genuinamente americanos. Por ejemplo, el delicado asunto de los autobuses escolares. Para un profano en lo que respecta a cuestiones de conducción en los Estados Unidos, debo explicar que ver subir o bajar a los niños de un bus escolar es todo un espectáculo de luz y sonido. Es una cuestión importante, desde luego. Si tenemos en cuenta que la mayor parte de las familias americanas vive en urbanizaciones y extensas poblaciones dispersas que distan de los colegios varias millas, entendemos que se utilice tanto el transporte escolar y que muchas veces los niños deban subir o bajar en medio de la carretera, por lo que los autobuses deben señalizar muy bien el trasbordo de los pequeños.
Pues dicho y hecho, porque cada vez que lo hacen, los autobuses encienden una luces que parpadean en la parte superior del vehículo y extienden un brazo con un stop que obliga a parar a los coches en ambas direcciones el tiempo que dicho brazo está alzado. No hacerlo puede acarrear una multa que oscila entre los 500 y los 3.000 dólares.
Luego vas a hacer el examen y casi siempre apruebas a la primera. Es cierto que no tiene ninguna complicación. Ni van a pillar, como dice un amigo mío que lleva varios años viviendo en los Estados Unidos (no sé si eso supone compararlo con nuestro país y dar por hecho que aquí sí van a pillar); y una cosa interesante: examinarse cuesta un total de 21 dólares (algo más de 15 euros: pagas una tasa de 2 dólares por el examen teórico y 19 dólares por hacer el práctico). Las autoescuelas no suponen aquí un negocio porque la mayor parte de la gente aprende en casa, con la familia o los amigos, a conducir. qué cómo es eso? Muy sencillo. Porque la legislación permite a los menores conducir desde los 15 años si van acompañados en el coche por un adulto conductor; y solos pueden hacerlo a partir de los 16. Así que, adiós al negocio de las autoescuelas. Los aspirantes a nuevos conductores ya vienen aprendidos de casa.
Os estáis preguntando si aprobé? Sí. El examen teórico, y el práctico ayer mismo. El práctico es de risa: dura cinco minutos. Te piden que enciendas el coche, luces largas y de cruce; freno de mano e intermitentes. Una vuelta recta, un stop, un cruce a la derecha y vuelta al aparcamiento. Eso sí, nada de encajar el coche en plan caja de cerillas como en España. Aquí un simple y fácil aparcamiento en batería. Y listo. Música celestial escuchar de boca de la examinadora eso deYou passed!
Ahora bien, no quiero ni imaginarme las bromas que habría tenido que aguantar de mis hijos si a estas alturas, tras dos décadas conduciendo, no apruebo. De eso me he librado.