x
Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Sopa de Letras
Sopa de Letras

El Cid se hace americano

Sopa de letras

El Cid se hace americano

Actualizada 12/09/2013 a las 03:09
Etiquetas
A+ A-

Entro en la universidad y es la primera vez en mi vida que lo hago de una forma diferente. Durante cinco años, hace ya casi dos décadas, lo hice como estudiante en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra, con los libros bajo el brazo. El resto de ocasiones, ha sido como visitante. Hoy, aunque de una manera ocasional, me toca impartir una clase de Literatura sobre el Cid, para alumnos de español en la Southern Adventist University de Tennessee.

Desde que llegué a Estados Unidos tuve claro que uno de los puntos de referencia para el aprendizaje y el intercambio cultural, literario y educativo tenía que estar en la universidad. Así que allí me fui. En los alrededores de Chattanooga, donde me encuentro, existen tres universidades, y la SAU es además de la que tengo más cerca, aquella en la que por el momento he encontrado un entorno que me ha permitido comenzar a ejercer como colaboradora en el Departamento de Lenguas Modernas.

La asignatura de Literatura española impartida en lengua castellana no es una asignatura masiva. Obviamente, no son multitud los estudiantes de una universidad americana en el corazón de Tennessee que se ven atraídos al mismo tiempo por el idioma español (es necesario pasar un examen de nivel de idioma para acceder a esta asignatura) y por la historia de la literatura en la lengua de Cervantes.

Aún así, la clase cuenta con unos quinceestudiantes, de las más variadas carreras e interesados por la materia. En buena parte, este interés es fruto del magnífico equipo que está al frente del departamento de Lenguas Modernas, capitaneado por el profesor Carlos Parra, la profesora Adrienne Royo, el profesor Pierre Nzokizwa y la imprescindible Beverly Orrison. Lo primero que percibo en el entorno es cariño por la lengua, profesionalidad, cuidado por la materia a impartir e interés por algo que a ojos de un estudiante americano resulta exótico y muy antiguo: la literatura española.

Minutos antes de comenzar, en el aula revolotea un grupo diverso, heterogéneo pero bien avenido. La cuestión de los créditos permite que en la misma clase convivan estudiantes con intereses muy distintos. Los que quieren ser profesores de gimnasia se sientan codo con codo con otros que estudian ciencias o con los que aprenden para ejercer la carrera diplomática. Se nota en cómo se saludan que se conocen y que se han hecho amigos , quizá porque estudian juntos una asignatura poco común y quizá también porque el grupo no es muy numeroso.

Me sorprende su juventud. Ya casi había olvidado lo jóvenes que son los universitarios. Me presento y les pido que se presenten. Me llama la atención su variedad étnica, de intereses, su diversa procedencia geográfica ( algunos de estos estudiantes son de Tennessee pero la mayoría proceden de Boston, de Georgia, de Los Ángeles). Me sorprende su mirada curiosa y su esfuerzo por manejarse en el idioma castellano. No lo hacen nada mal. Les admiro por su esfuerzo, sobre todo ahora que yo cada día tengo que esforzarme para hacerme entender en inglés en todo momento.

La lección que me toca explicarles no es cosa menor: El Cantar de Mío Cid. Se trata de ofrecerles algunas claves del contexto literario, del propio poema, pero también del momento histórico de aquella España medieval en que se desarrolla la epopeya de Rodrigo Díaz de Vivar.

Conforme avanzo en la explicación y les hablo del mester de juglaría, o de la reconquista, o de la vida en el siglo XII, observo lo que me dicen sus miradas. Y pienso en qué estarán ellos pensando. Que piensan chicos y chicas americanos del siglo XXI de estas historias de hace un milenio, que tuvieron lugar en una localización lejana para ellos, como es la Europa mediterránea. Sus ojos, sus expresiones, sus cuestiones son para mí el auténtico poema, más que el que se refleja en el power point a través del proyector. Quieren saber cómo vivían las mujeres de la época. Se plantean cómo era posible que hubiera hombres que fueran queridos por todos, por los cristianos y por los moros, como el Cid Campeador, en aquella época de guerras tremendas y poca diplomacia. Se interesan por la vida en aquella Europa del medioevo...

 

la foto

 

Al finalizar, no sé si ellos han aprendido mucho o poco sobre el texto más antiguo de la lengua castellana, el Mío Cid. Lo que tengo claro es que yo me llevo un valioso bagaje: he aprendido mucho de ellos, y de la experiencia de poder participar en este departamento, impartiendo una clase.

Me siento agradecida por esta oportunidad. Camino entre los estudiantes atravesando los jardines, a paso rápido, salgo del campus con una sonrisa dibujada en el rostro. Me observo: por qué me deja esta experiencia de hoy una dulce sensación de jovialidad?

Será que he vuelto a las aulas, y eso, seguro que es bueno para la salud. Como leer, como vivir y convivir entre buenos lectores y buenos libros. Como aprender.

 

Etiquetas
Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Solo 0,27€ al día (Suscripción Anual)
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra