Hemingway trajo el sol

Publicado el 06/07/2013 a las 19:48
“The sun also rises”, es el título en inglés de “Fiesta” de Ernest Hemingway. Un título que viene como anillo al dedo en estos Sanfermines 2013 que muchos pensaban vestir con plumífero y botas de lluvia. Pero no, el sol también sale en Pamplona, y se suma a la fiesta más internacional, para dar cobijo a las cerca de un millón de personas que estos días recorrerán los rincones y las calles de la vieja Iruña.
Estos sanfermines se cumplen 90 años de la primera visita de Hemingway a Pamplona. Llegó, procedente de París cuando era corresponsal, un 6 de julio de 1923, con la mirada curiosa de un escritor ávido de experiencias de tan solo 24 años. Le habían enviado del semanario para el que trabajaba, el Toronto Star Weekly para realizar una crónica periodística acerca de esta pequeña ciudad del norte de España y su extravagante afición a maridar a las bravas el cuerpo a cuerpo del toro y el hombre. No imaginaba que el perfume de la adrenalina, la vida y la muerte en medio de la muchedumbre, llegaría a ser tan tremendamente adictivo hasta que lo vivió en su propia piel.
Se empapó de la fiesta, no se limitó a ser un mero observador. Se sumergió en cada uno de los momentos y tradiciones. Corrió los encierros, asistió a los festejos taurinos, tuvo trifulcas en los bares y no paró de comer, beber y vivir intensamente ni un momento. Quedó tan impresionado por lo que vio y vivió que no dejó de venir a Sanfermines en los años que siguieron a su primera visita en 1923 y reflejó aquel impacto inabarcable en la que sería su primera novela conocida, que se publicaría en 1926. Conoció a las principales figuras de la ciudad, toreros, restauradores, artistas, incluso fue testigo presencial de la primera cogida mortal conocida de un mozo en el encierro, en 1924, cuando un toro acabó con la vida del joven de 22 años Esteban Domeño.
Todo aquello era la Fiesta y formaba parte del ritual primitivo que movía el espíritu originario de un festejo en torno al toro y a la tradición popular antigua y compleja de una ciudad que había mamado culturas variadas que enraizaban con el origen de la propia Europa.
A Hemingway, a partes iguales, se le ha agradecido y se le ha vilipendiado. En cierto modo, él contribuyó de forma decisiva a convertir en internacionales unas fiestas que no dejaban de ser provincianas. A raíz de la publicación de su novela, miles de americanos primero y visitantes de otros muchos países después, se sintieron fascinados por aquel flechazo que Hemingway sintió por la fiesta de Pamplona y que tan bien supo plasmar en la novela. Pero que no dejaba de ser una vivencia, una experiencia subjetiva. De ahí que, otros muchos, aún hoy le sigan echando la culpa al escritor americano de que los Sanfermines hayan perdido buena parte de su esencia debido a una masiva llegada de guiris (no todos y no siempre bien educados y respetuosos con las mínimas normas de convivencia) que no cesa año tras año.
Leer "Fiesta" es siempre una experiencia extraña. Guarda la esencia de un tiempo olvidado y glamuroso, ajeno a nuestro momento, pero siempre atractivo. Pero es también la muestra de que la literatura puede llegar a ser la mejor embajadora para transmitir experiencias, para dar voz a la vida.
A día de hoy, pocos se atreven a negar la grandeza de Hemingway como escritor. La maestría de su técnica se encuentra en buena parte en la aportación que hizo de la denominada teoría del iceberg, que dice que al narrar sólo debe mostrarse la punta del iceberg y todo lo demás debe quedar sumergido debajo del agua, como ofreciéndole al lector la oportunidad de descubrir su propio desenlace.
Con su novela, el escritor americano mostró, a su manera la punta del iceberg de lo que hoy es innegablemente un festival de talla mundial. Puso nombre literario y trajo el sol a nuestras fiestas. Y colocó ante el mundo entero a Pamplona en el mapa.