#GraciasRosaMontero

Publicado el 20/05/2013 a las 13:51
Como esas especies raras, híbridas y exóticas, que nacen fruto del momento y de la evolución, ha brotado esta primavera en medio de la maraña de la selva editorial, el último libro de Rosa Montero.
“La ridícula idea de no volver a verte” es una obra inclasificable por mestiza; mezcla de ensayo, de novela biográfica, incluso de diario íntimo, es un libro que recorre desde un prisma poliédrico y a través del espejo vital de la propia autora, la vida de una de las mujeres más determinantes de la Historia: Marie Curie.
Cuenta Rosa Montero a todo aquel que quiere escucharle que la obra se impuso en su mente porque se le metió dentro nada más caerle a las manos el breve manuscrito del diario que Marie Curie escribió a la muerte de su marido Pierre.
Y es fácil comprender ese flechazo porque el momento vital que recoge el fragmento literario de la vida de Curie enlaza directamente con el que estaba viviendo Montero, tras el fallecimiento de su marido Pablo Lezcano. Entre ambas mujeres, con un desfase de más de un siglo de vida, surgió un vínculo tan poderoso que ha tenido a Rosa Montero inmersa en este libro durante once meses hasta dar la luz editorial a su obra más íntima y extraordinaria.
La razón de que este librito sea capaz de vencer y convencer hasta el lector más escéptico, hay que buscarla en las profundidades en las que se ha sumergido la autora para hilar la vida de Marie Curie con la suya propia. Incluso, al final, con la de todos, porque el mayor logro de “La ridícula idea de no volver a verte” es su universalidad. Consigue que nos veamos reflejados, de una forma o de otra en lo que nos cuenta. Y eso, a través de la vida de una de las mujeres más excepcionales de la historia.
La Curie es cumbre en la historia de la humanidad y con mayúsculas, por varias razones: por sus descubrimientos científicos, no olvidemos que fue la autora junto con Pierre Curie, su marido, del descubrimiento del radio y que recibió el Premio Nobel en dos ocasiones; pero también porque fue una mujer valiente que supo salir adelante en un mundo de hombres, a base de talento y de esfuerzo.
Además de su valía profesional, Rosa Montero destaca en el libro el perfil más desdibujado, frágil y ambiguo de una científica sin parangón. Y nos habla de una mujer torturada, terriblemente sola, que realizó un esfuerzo enorme para enfrentarse a la pérdida y a la ausencia, para sacar adelante a sus hijas y conseguir el reconocimiento de una comunidad que no siempre fue capaz de valorarla con justicia.
Porque Marie Curie se trastornó con la muerte de su marido, atropellado por un coche de caballos en abril de 1906. Prohibió a sus dos hijas que mencionasen al padre en su presencia. Sentía ganas de aullar. Durante dos meses guardó en su armario ropa con restos de sesos de Pierre, a los que tal vez besaba. Parece claro que había un alter ego sufriente y pasional en aquella científica preclara que Albert Einstein había definido así: “Madame Curie es muy inteligente, pero es tan fría como un pez”.
De una forma sutil e íntima, Rosa, ha proyectado su propio duelo, sus propias vivencias, fotografías y reflexiones, que resultan plenamente universales, entre los trazos de la vida de Marie Curie y entre las líneas de este libro. Y nos permite acompañarla en un viaje directo al interior. Gracias por compartir un pedazo de tu alma con nosotros, los lectores, Rosa Montero. Encantada de conocerla, Marie Curie.