Lo confieso: soy fetichista

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Belén Galindo

Publicado el 03/05/2013 a las 15:51

Confieso ser una fetichista de todo lo que rodea el mundo del libro, con especial gusto por lo antiguo. Hay algo mágico en todo objeto literario que guarda un pedacito de Historia (con mayúsculas) al lado de las historias (con minúsculas) que narran unas páginas.

Me gustan las librerías de viejo, las bibliotecas que huelen a madera húmeda, a vainilla, a lluvia y a tiempo. Me pierden esos ejemplares apergaminados que a veces encontramos en las estanterías de casa de la abuela y todo esto, sin negar que también soy fan de las nuevas tecnologías. Sí al libro antiguo, pero también me apunto la primera al e-book, al formato digital de lectura, a los cibercafés, aplaudo la edición digital... Bueno, es que lo uno no está reñido con lo otro, no? A ver si con esto de los libros vamos a tener que ser, como del Madrid o del Barça. Pues no, yo chaquetera. Si son libros, sí, en todos los formatos, y siempre.

Pero me he puesto a escribir de esto, no para terminar hablando de equipos de fútbol, no sea que me acabe metiendo en camisa de once varas y me cuele, sin pretenderlo, en el blog de mi vecino Javier Iborra, Tanto 23 (aunque hay que ver la de historias interesantes que da de sí la pelota), sino porque quiero reivindicar el valor de una figura próxima al libro y que es sencilla, humilde, pero a la vez práctica y hermosa: el marcapáginas.

Con todo lo que he contado, no es raro que también me gusten esas cartulinas con un dibujo , una foto o un grabado impreso, que además de venirnos muy bien mientras leemos un libro, porque permite señalar la página donde dejamos la lectura, lo complementa y muchas veces, incluso lo embellece.

Los colecciono desde hace más de veinte años. Los cuento ya por miles. Y en especial, valoro y cuido los procedentes de otros países. De esos casi tengo ya mil. Procedentes de los cinco continentes, de cerca de 40 países. Elaborados en los materiales más variados: además del tradicional cartón o papel, los hay metálicos, de madera, plástico, cerámica, piedra o textiles.

Entre los más llamativos, si me piden que elija unos cuantos, me quedaría con uno de mis favoritos que está elaborado con trozos de muro de Berlín, otro que imita en oro delicadas reproducciones de edificios chinos, además de los elaborados con arte japonés del “origami” , uno que tiene la forma de unas tablas de la ley e incluso un boomerang que me trajeron de Australia.

Porque esa es la segunda parte, la cantidad de mecenas de andar por casa que han hecho posible la colección de la que tanto presumo. Hace muchos años que no hay amigo, familiar o conocido de confianza que no se vea sometido al tercer grado si ha viajado a algún país exótico y, a su vuelta, no me trae el consabido tesoro.

Hablando de tesoro tienen valor económico? Ni idea. Seguro que sí, que lo tienen. Pero no en cantidad, sino en calidad. Porque muchos de esos marcapáginas son piezas únicas, son artesanales, y sobre todo, difíciles de conseguir puesto que están traídos de lugares lejanos y de lo más variopinto.

A veces me preguntan que por qué los colecciono. Supongo que es porque con ellos sumo dos pasiones: la lectura y los viajes. Y que cómo se me ocurrió coleccionarlos, eso quieren saber a veces los amigos. A esto digo que lo que comenzó siendo un pasatiempo interesante, una curiosidad con forma de objeto liviano y manejable que podía traer de los países que visitaba, empezó a tomar cuerpo como colección con el paso de los años, cuando todos estos amigos, conocidos y familiares (a los que desde aquí doy las gracias) siguieron aportando más ejemplares.

Es curioso. Lo que comenzó siendo una especie de prolongación en el tiempo del recuerdo de los lugares que había visitado; llegó un momento en que se convirtió en una afición. Incluso una pasión. Y de ahí, el hecho de que los propios marcapáginas dejaran de ser un objeto de uso para convertirse en pequeñas piezas de arte, y lo que es más importante, con una carga emotiva de gran valor.

 

marcapáginas del mundo

El pasado mes de febrero, con motivo de los actos del quinto aniversario del Club de Lectura de Diario de Navarra, una selección de más de 500 marcapáginas del mundo se expuso en Civivox Condestable. Ahora puede verse en Civivox Mendillorri hasta final del mes de mayo. Y en junio, en Civivox Ensanche.

Si vais a verla, ya me contaréis cuál es el que os ha llamado más la atención y si coincidís o no con mis preferencias.

Y si vais de viaje, ya sabéis qué traeros entre las páginas de un libro. Y por supuesto sabéis dónde encontrarme

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