La silla vacía

Publicado el 17/12/2015 a las 09:19
Bueno, ya se acerca la Nochebuena...me resulta curioso cómo una cena de encuentro con la familia puede ser el encuentro menos ansiado por muchas de ellas bien porque se haya convertido en un mero trámite después de rencillas no superadas (y por supuesto, que no se van a tratar en ese día tan especial a no ser que se beba el suficiente alcohol, "que Dios nos coja confesados..."), bien porque hay alguien que ya no está ni podrá estar más: lo que se ha dado en llamar "el síndrome de la silla vacía".
A mí, la verdad, no me hace mucha gracia el nombre...parece una mezcla entre "el nido vacío" de los padres cuando sus hijos se independizan y esa famosa técnica psicológica, "la silla vacía", en la que expresas a un ser querido los sentimientos que ya no puedes o no te atreves a hacer cara a cara...y no me hace gracia porque si este año todavía no he visto el anuncio de ese turrón en el que se cantaba "vuelve a casa por navidad"( que nos trajo Maisa Hens en 1980) que ha provocado tantas lágrimas sobre los platos buenos y la cubertería buena, ahora resulta que tenemos la imagen nítida de una silla vacía junto a la mesa. Y me consta que en más de un hogar ya se sufrieron verdaderos dramas la Nochebuena pasada porque alguien quería poner una silla reservada para ese ser querido que no volverá nunca, y se han escuchado frases como "qué pasa, que vosotros no echáis de menos a papá?" entre llantos de rabia.
No considero que esto sea como el asunto del suicidio, sobre el que estoy de acuerdo en que deje de ser un tema tabú...en ninguna familia ha hecho falta nunca poner una silla vacía en Nochebuena para honrar la memoria de nadie: sobra con los ojos encharcados de la madre cuando termina de servir el primer plato, del padre cuando se reparten los regalos a los hijos o del hermano cuando en la tele salen imágenes que le recuerdan a su infancia...no hace falta "hurgar más en la herida", en mi opinión...
Como ya comentaba Alfonso Echávarri en este mismo blog, cada duelo es único: hay que permitirse honrar la memoria del ser querido con largos silencios en la mesa, sin brindis o yéndose a la República Dominicana la segunda quincena de diciembre si se quiere, pero ahora voy a lanzar una carga de profundidad: Hasta cuándo?
No, querido lector, no quiero que te sientas dolido o atacado...si la pérdida ha sido reciente, tienes todo el derecho a pasar por ese duelo del que hablaba Alfonso; hablo contigo, con el que perdió a su ser querido hace años y sigue sin levantar cabeza, no solo en Nochebuena. Puede que creas que si no vas por la calle sintiéndote culpable estás faltando al respeto a esa persona que lo ha significado todo en tu vida, si alguna vez algo ha despertado tu felicidad no te has permitido sonreír porque esa persona se sentirá traicionada...
Puede, querido lector, querida lectora, que sea el momento de empezar a Sentir de una forma no tan dolorosa. Has pasado por un periodo durísimo de pérdida, has pasado sus cumpleaños y Nochebuenas echando de menos su presencia, incluso has podido pensar alguna vez que no vale la pena vivir sin esa persona, pero quizás sea el momento de pensar en quedarte solo con los buenos recuerdos y no regocijarte en lo doloroso de su pérdida...no, no le vas a querer menos si dejas de tomar pastillas para poder dormir porque él o ella ya no está; no se va a sentir dolido o dolida porque vuelvas a sonreír: es más, estoy seguro de que si pudiera decírtelo, te pediría que sonrieras por haberle tenido cerca y que si quieres llorar por él o por ella que sea de alegría, no de tristeza...y querido lector, sabes por qué estoy seguro de esto? porque para él o para ella también eras una persona muy importante en su vida (quizás la más importante), y no creo que quiera seguir viéndote triste...
Carlos Moreira. Psicólogo del Teléfono de la Esperanza de Navarra