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Palabras para el Alma
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CÓMO HABLAMOS A LOS NIÑOS

Palabras para el alma
CÓMO HABLAMOS A LOS NIÑOS
Actualizada 10/03/2015 a las 15:27

Hace unos días, aprovechando la bonita mañana que al fin pudimos disfrutar, salí a dar un paseo por la ciudad. Me gusta poder pasear tranquilo viendo a más personas disfrutando de su paseo y observando las calles y los edificios. Generalmente siempre encuentro algo nuevo que no me había fijado y que me sorprende no haberlo visto antes, o algo que me ayuda a reflexionar y aprender Cada paseo me hace descubrir nuevas cosas, si se está en disposición abierta de verlas, o de escucharlas, como me pasó ese día. En un momento dado de mi paseo, vi que se acercaba de frente una niña de tal vez 5-6 años que paseaba risueña e divertida, corriendo más que la mujer mayor con la que paseaba (probablemente su abuela). Justo antes de cruzarnos, esta mujer le dijo a la niña “¡espera, cuidado!, que hay un perro grande ahí delante”. Al momento a la niña se le cambió la cara, pasando a tener una cara triste, y al instante se detuvo mirando con abatimiento hacia donde estaba ese perro, Yo me acababa de cruzar precisamente con ese perro, no era tan grande, su dueña lo llevaba correctamente atado, y el perro simplemente caminaba mansamente junto a su dueña y unos amigos, en ningún momento intentaba acercarse a ningún otro transeúnte o tiraba de la correa. Sencillamente disfrutaba de su paseo. Se me quedó grabado el cambio que la niña tuvo en su cara. De estar risueña y disfrutando del paseo, en un segundo desapareció todo surgiendo el miedo que le hizo parar de disfrutar, y todo por la frase de la abuela de “cuidado con ese perro grande”. La que realmente tenía miedo era la abuela, porque la niña ya había visto al perro, pero no le importaba, hasta que su abuela dijo la frase. En ese momento cambió su actitud, dejó de comportarse como niña y pasó a no disfrutar del momento. Y esto me llevó a pensar cuanto influimos en los niños, a veces muy inconscientemente, y el poso que les dejamos,

Es posible que muchas veces no seamos conscientes de ello, pero los niños son como esponjas que se empapan de nosotros. No tienen del todo desarrollada la capacidad de contrastar las cosas, de manera que se van a creer lo que les digamos casi sin cuestionárselo. También nos van a imitar en nuestras conductas, o van a copiar los prejuicios que podamos tener ante algunas situaciones o personas. Todo ello hará que algunos mensajes, prejuicios, actitudes y conductas puedan arraigar en el niño sin que éste sea consciente (como el inocente mensaje del miedo a los perros), quedándose ya instalado sin darse cuenta para su vida adulta. Y generalmente, muchas de estas cosas le van a limitar y provocar en no pocas ocasiones infelicidad en su día a día. Dudo que se desee tal cosa para la vida de los niños, por lo que para cuidar la futura vida de esos niños de hoy, sería bueno que empezáramos cuidando y escogiendo qué mensajes y conductas les estamos actualmente ofreciendo. De estos mensajes de hoy depende una parte importante de la felicidad futura de cada persona, y con ello de la de la propia sociedad.

Javier Oscoz. Voluntario del Teléfono de la Esperanza de Navarra


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