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Palabras para el Alma
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QUIZÁS

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QUIZÁS

19/12/2014 a las 13:13
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Querido lector, has oído alguna vez aquello de "la vida con los vecinos no es igual que antes", "antes conocías por lo menos a los de tu rellano", "recuerdo que mis padres se pasaban por la casa de algunos vecinos en Nochebuena brindando con una botella de cava y se ponían a cantar villancicos"...?

Los barrios tienden a crecer en extensión y también en altura, los edificios están llenos de decenas de familias que solo comparten el ascensor, que solo se unen cuando hay un vecino incívico, sucio o ruidoso...

Ya que he hablado de ascensores, a ver si te suena alguna de estas situaciones: "corre corre, que viene el viejo cascarrabias y no quiero subir con él", "he vuelto a coincidir con la del quinto, es que me quita toda la energía positiva con esa cara de amargada", "me da una penita ese chavalillo cuando subo con él, siempre me acuerdo de cuando le vi en el portal con zapatillas de casa y llorando acurrucado"... Cortamos ese pensamiento incómodo con las frases "en todas las casas se cuecen habas" o "de todo tiene que haber en la viña del Señor" y seguimos con nuestra vida, colocando los turrones que hemos comprado en el armario o discutiendo con nuestros hijos adolescentes por las notas o la hora de llegada a casa, que no es moco de pavo...

Quizás los edificios tengan ahora más familias que antes, y es normal que se vaya perdiendo ese carácter romántico de vecindario cercano, solidario, en el que casi te sorprende cuando alguien te sujeta la puerta del portal para que pases aunque no estés cargado de compra o que te den los buenos días con una sonrisa, pero los problemas de puertas para adentro siguen siendo los mismos, o peores, porque ahora más que nunca se cumple lo siguiente: "cuando el dinero deja de entrar en casa, el amor huye por la ventana".

Quizás después de leer estos primeros párrafos te haya venido a la cabeza un vecino o una vecina, pero nunca te hayas parado a pensar que su domicilio tiene la cocina, el salón, las habitaciones y los baños distribuidos igual que en tu hogar, que también se calienta en su domicilio con el mismo sistema que tú en tu hogar...te has dado cuenta?: hablo de "su domicilio" y de "tu hogar". Es porque quizás esa casa ya no sea un hogar, sino simplemente un lugar en el que vivir bajo techo.

Ese viejo cascarrabias quizás esté solo, esté sufriendo demencia senil o Alzheimer y como ya no le queda familia que se pueda interesar por él, se haya convertido en una sombra de la sociedad. Esa mujer amargada, a la que su marido o sus hijos gritan mucho varias veces por semana, quizás esté sufriendo unos malos tratos psicológicos y se esté convirtiendo en una sombra de lo que fue. Y ese adolescente al que sus padres castigan excesivamente cuando hace algo mal quizás se vaya a convertir en una sombra de lo que podría llegar a ser.

En psicología social hay concepto, la "difusión de la responsabilidad", que define ese fenómeno tan habitual, ese "ya lo hará otro"...no nos implicamos porque "quién soy yo para meterme en lo que pasa en esa casa", o porque "a ver si luego voy a salir escaldado"...

Querido lector, estoy hablando de ancianos en riesgo de exclusión, mujeres víctimas de violencia y menores en riesgo de desprotección. Los tres casos son muy habituales aquí, en tu barrio, quizás también ocurra en tu propio edificio. Los tres se trabajan desde diferentes Administraciones (Ayuntamiento, Gobierno de Navarra...) pero no se podrán tratar si nadie da cuenta de ellos: se convierten en "sombras".

Quizás conozcas algún caso así, y no sabes qué hacer o dónde acudir, o simplemente te de pereza moverte porque bastante tienes con lo tuyo. Para la primera opción tengo la respuesta: hay una Unidad de Barrio de Servicios Sociales cerca de tu casa en la que te recibirá una trabajadora social dispuesta a oírte, a iniciar una investigación si lo cree necesario y comenzar a trabajar con ese anciano, esa mujer o ese menor. No, no te preocupes, tus datos solo se verán reflejados en un documento interno, esas personas no van a saber quién ha informado sobre el asunto...y respecto a la segunda opción, la de la pereza, querido lector, solo me queda decir que esas personas quizás no sepan dónde acudir y esté solo en tu mano que no se conviertan en sombras, que se pueda trabajar con ellos para mejorar su futuro.

Pero todo esto, solo "quizás"...

 

Carlos Moreira. Psicólogo del Teléfono de la Esperanza de Navarra

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