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Palabras para el Alma
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ME QUITO EL SOMBRERO

Palabras para el alma
ME QUITO EL SOMBRERO
Actualizada 07/11/2014 a las 10:20

Confieso que no me hace mucha gracia eso de los días mundiales. Sé es una manera de poner encima de la mesa a un colectivo, a una problemática, a una empresa o a alguna causa por la que luchar. Vale, estoy de acuerdo que constituyen un llamativo escaparate para que buena parte de la sociedad se entere de que existen personas anónimas con una vida diferente. Y a veces muy dura. Personas que merecen que sea su día todos los días del año.

Hace poco ha sido el Día Mundial del Cuidador. Por mi profesión tengo la fortuna de conocer y de trabajar muy de cerca junto a alguno de ellos. Mejor dicho, de ellas. Porque son ellas las que mayoritariamente se encargan de la noble y tan poco reconocida tarea de cuidar a una persona dependiente. Puede que sea al padre o a la madre ya mayor y con algún tipo de enfermedad neurodegenerativa o limitación física. Pero también las (los) hay que cuidan de su pareja entrada o no en años, porque la enfermedad tiene la manía de llamar a casi todas las puertas. Y en algunashasta salen a abrir los niños. Y digo que tengo la fortuna porque si hay “pedazo de personas” estas son algunas de ellas.

No voy a hablar en estas líneas de cansancios, de noches sin dormir, de angustias frente a lo que va a traer el mes que viene, ni del tan temido y conocido síndrome del cuidador. Y no lo voy a hacer porque considere que no es importante, que lo es y mucho, sino porque en este momento prefiero poner sobre este teclado, aunque de forma torpe, algo que para mí dota de ese Sentido con mayúsculas al aseado matutino, al puré de todos los días y al paseo bien abrigado que “mira que ya empieza a hacer frío”, aunque “ya no sepas ni el nombre de quien te pone la bufanda”. Ese Sentido consiste en dignificar a la persona en su limitación, en su demencia o en su enfermedad. Casi nada. Porque aun viviendo en una sociedadendondese recompensa la belleza y la utilidad, en la que el ser humano parece que pierde su valor cuando deja de “funcionar”, lo que realmente están haciendo las personas que cuidan (y aunque en ocasiones también les cueste verlo debido a la sobrecarga de trabajo que acarrean) es reconocer que tras el Alzheimer, la parálisis cerebral, la artrosis o la abundante edad, está la persona, hasta el final.

Por ello me quito el sombrero.

Alfonso Echávarri

Psicólogo. Coordinador de Programas de ASITES en Navarra


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