ESAS PRIMERAS FECHAS

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User Admin

Publicado el 31/10/2014 a las 13:25

Yo no sé si te pasa lo mismo que a mí, pero cada vez me duran menos los años. Parece que fue el fin de semana pasado cuando buscaba en el armario del baño la crema del sol para ir a pasar un día de playa y hoy en la panadería me ofrecen lotería de Navidad de la que toca. Y aunque los mapas del tiempo se empeñen en juguetear con nuestros ritmos circadianos a base de sol y de manga corta, lo cierto es que ya estamos en Todos los Santos y dentro de nada poniendo el Belén. Puedes pensar que te voy a hablar de lo efímera que es la vida, de lo deprisa que pasa y de lo poco que nos enteramos. Pero no y todo lo contrario. Me gustaría reflexionar acerca de esas fechas en las que parece que las horas se alargan y las noches no terminan de amanecer. El primer cumpleaños, la primera Nochebuena, el primer aniversario de boda, la primera vez que. Y se nos acerca el 1 de noviembre y sabes que entre todos los Santos ahora hay uno más que antes no estaba. Ese uno más que es el que tú echas dolorosamente de menos.

Cuando un ser querido fallece, siempre hay una primera vez, una primera ocasión para todo. Y el recuerdo vivo se desparrama en el alma en forma de alcohol sobre la herida que deja la persona ausente. Y notas que duele. Y es precisamente ese dolor que experimentas lo que te convierte en un peregrino en el camino del duelo.

Mucho nos pueden decir sobre esa travesía que conocemos como duelo. Que si tiene tantas fases, que si suele durar no sé cuánto tiempo, que si el tiempo todo lo cura, que si esto o lo otro. Y aunque parece que las personas, ante la muerte de un ser querido atravesamos por una serie de etapas (shock, ira, culpa, depresión y aceptación), no todos lo hacemos de igual manera ni con la misma intensidad y temporalidad. La experiencia del duelo depende de muchos factores. De quién tienes a tu alrededor, de tu sentido trascendente, de tu capacidad de aceptación. Creo que es importante que sepas que no hay dos pérdidas iguales, es decir, que el duelo al fin y al cabo es una manifestación del amor hacia la persona ausente y que yo sepa no ha habido ni hay ni habrá dos formas iguales de amar y por lo tanto jamás habrá dos duelos idénticos. Vamos, que lo que tú sientes por quien ya no está, no puede sentirlo ninguna persona más y sin embargo nos empeñamos una y otra vez en acompañarnos en el sentimiento. Es por ello que en ocasiones, y cuando la pérdida es reciente, nos sentimos incomprendidos por las personas cercanas que seguro nos quieren y desean lo mejor para nosotros. “Sal de casa, queda a tomar un café, no pienses en, no llores, toma algo para dormir, vete de vacaciones o al médico para que te dé algo”.

La pérdida de un ser querido no es un problema psicológico. Es un asunto humano. Como lo es el dolor ante la separación. Puedo decirte que la tristeza, con sus ocho letras, no es algo ni que debas buscar ni que debas rehuir. La tristeza ante el fallecimiento de un ser querido no es síntoma patológico sino manifestación sana ante un acontecimiento vital y el llanto se convierte en el mecanismo de salida que permite a la persona poder tomar más aire cada día que pasa. Pero cuando la angustia se instala de forma permanente, cuando los niveles de ansiedad comienzan a derivar en trastornos fóbicos o ataques de pánico recurrentes o cuando aparece sintomatología depresiva que compromete la salud de la persona en duelo es cuando se antoja necesario pedir ayuda. Y no pasa nada por pedirla. En ocasiones será suficiente trabajar junto a otras personas igualmente en dueloa través dealgún taller especializado dirigido por quien conoce bien el tema. En otras ocasiones serápormedio de algún profesional de nuestra confianza.Repito, no existen dos duelos iguales, porque no hay dos personas iguales ni con los mismos recursos, ni biográficos ni sociales ni trascendentes.

Esas fechas por las que “hay que pasar”. Días y noches de recuerdos y añoranza. Fechas que se antojan en oportunidad para seguir amando a quienes, no estando, sin embargo están.

Este es el primer año de esas primeras fechas para mí. Y ahora que ya no estás, es cuando soy más consciente de lo afortunado que he sido por tenerte.

 

Alfonso Echávarri

Psicólogo. Coordinador de Programas de ASITES Navarra

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