Mad Men y el miedo a morir solo

Publicado el 11/06/2014 a las 06:01
Si a estas alturas no estás viendo Mad Men, es porque no has encontrado motivos suficientes para empezar a verla. Avanzada hasta su séptima temporada, la serie permanece en parrilla para los más fieles, para aquellos seguidores aférrimos de Don Draper (Jon Hamm).
Quien no haya visto ni un capítulo de Mad Men se preguntará,de qué va la serie? En un análisis precipitado y muy rápido, podríamos decir que trata sobre un grupo de publicistas de Nueva York en los años 60: creatividad, alcohol, mujeres, machismo y milagro económico.
Pero si vamos un poquito más allá y desentrañamos la serie en sus siete temporadas -la última ha sido emitida este año sólo hasta la mitad-, podríamos concluir que Mad Men es mucho más que un grupo de tarados alcohólicos cuyo ego no entra en las cuatro paredes de un despacho.
Siguiendo el orden de las siete temporadas, Mad Men trata sobre la explosión de la juventud, el desenfreno, el miedo al compromiso, el matrimonio, el miedo al matrimonio, la añoranza de la juventud, la recaída, el regreso al buen camino,el miedo a morir soloy la posible redención.
(spoilers a partir de aquí)
Esta séptima temporada nos ha mostrado a un Don Draper noqueado. Tras ser apartado deSterling Cooper Draper Pryce, Draper es desposeído de las dos cosas que más ama: su trabajo y su mujer, exiliada en California.
Tras un extenso relato sembrado con pausa en las últimas seis temporadas, el creador de la serie, Matthew Weiner, prepara al espectador para el final de Mad Men con un largo epílogo en el que los personajes se enfrentan a su verdadero yo. Pero vayamos por partes.
Don Draper. Hasta aquí llegó la riada. Tras su matrimonio fallido con Betty (January Jones) -arruinado por su irrefrenable ansia de poseer mujeres-, Don Draper (Jon Hamm) cogió la última carta de la baraja, la única que podía reconciliarle consigo mismo y hacerle creer que, en el fondo, era una buena persona. Se casó con Megan (Jessica Paré), intentó ser un hombre fiel, intentó amar, intentó no ser un lobo solitario. Pero ninguno de sus planes salió bien. La relación con Megan acaba muriendo. "Pensé que podía lograrlo esta vez", dice Don. La escena final, en la que Bert canta, deja a Draper con los ojos vidriosos. "Las mejores cosas de la vida son gratis", canta el difunto personaje. El protagonista de la serie se enfrenta de nuevo a un futuro que da miedo. Está solo.
Peggy. Se apretó el cinturón, luchó por ascender dentro de la empresa, se ganó una reputación, compitió con Don, alcanzó su nivel, lo dio todo. Y, sin embargo, se quedó sola. Hasta su vecino le dice adiós. Nadie quiere a Peggy (Elisabeth Moss) y a nadie quiere Peggy. Encerrada en su despacho, procura que el trabajo le absorba el máximo de horas posible. Lo necesario para no tener que volver a casa, donde nadie la espera. Laboralmente, ha conseguido llegar a donde quería. Pero ha pagado un precio demasiado alto. Su futuro es la soledad, y da miedo.
Roger. Incapaz de amar, preso de su propio personaje, la vida se le escapa entre las manos. El tren con destino a una vida feliz partió hace años, mucho antes de divorciarse de su mujer. Ahora ya no hay vuelta atrás. O convive y acepta a su personaje o acabará colgado de su despacho como Lane Pryce. Pero ni el sexo es ya suficiente. Sólo el perdón de su hija le devuelve algo de paz. Una vez superado el alivio y posterior subidón tras su ataque cardíaco, vuelve a estar solo y la muerte le da miedo. Sólo le queda luchar por su trabajo e impulsar la empresa con su venta. Es hora de reaccionar.
Pete Campbell. Todavía se niega a reconocer que la ha fastidiado. Tras su divorcio con Trudy, se empeña en aparentar que es feliz en California. Pero suda como un pollo, nadie lo tiene en cuenta y ahora no es nada más que un cero a la izquierda. Su nueva noviaBonnie (Jessy Schram) es sólo una huida hacia adelante. Ni siquiera la empresa le reconoce sus méritos. De nuevo, no tiene a nadie y le aterra morir solo.
Sally Draper. El mundo todavía está por descubrir. Pero la (no tan) pequeña Sally ya empieza a tener una idea clara de en qué mundo quiere vivir. Tras una pequeña adolescencia en la que descubre el maquillaje y demás disfraces en los que se podría esconder, opta por usar su cerebro. La pequeña Sally es una de las esperanzas de la serie. Y empieza a descubrir que tampoco quiere morir sola, y que no quiere estar con cualquiera. Entre músculos y telescopios, ella elige los telescopios.
Betty. Lo intentó con Don, lo intentó con Henry (Christopher Stanley), pero incluso su hija Sally ha llegado a ser más madura que ella (la escena del picnic, en la que se queda sin sándwich, es ilustrativa). Su personaje, muy venido a menos, se ha quedado completamente solo. Betty naufragó hace tiempo y su bote salvavidas navega solo en mitad del océano.
Joan. El amor la abandonó hace tiempo por la guerra, y la vida la dejó sola y con un hijo. Decepcionada con Don tras las negociaciones con Jaguar, su único anhelo es mantener a flote una empresa que da de comer al vástago de Roger. La oportunidad de encontrar un compañero de vida se esfumó y el acuerdo conBob Benson no es precisamente lo que quiere. Ahora sólo queda ganar el máximo dinero posible.
Resumiendo. En Mad Men, el tiempo pasa muy lento. Los cambios se producen despacio y los personajes evolucionan sosegadamente. Ahora sólo queda saber si Matthew Weiner cree en la redención -ya ha 'humanizado' a los personajes con puntuales pero importantes gestos-; si liberará a Don y a Peggy de su culpa -una vez reconciliados-; y si los hará felices y dichosos.
O si, por el contrario, los dejará precipitarse en caída libre como el personaje de la cabecera.Lo sabremos en 2015, cuando se emitan los siete últimos capítulos de la serie.
En Twitter: @sanchez_josemi