LA TRAGEDIA DE AGAMENÓN

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Carlos Bassas

Publicado el 06/12/2017 a las 18:50

Título original. The Killing of a Sacred Deer. Año. 2017. Duración. 109 min. País. Reino Unido. Dirección. Yorgos Lanthimos. Guion. Yorgos Lanthimos,Efthymis Filippou. Fotografía. Thimios Bakatatakis. Intérpretes. Colin Farrell,Nicole Kidman,Barry Keoghan,Raffey Cassidy,Sunny Suljic,Alicia Silverstone,Bill Camp,Denise Dal Vera,Jerry Pope. Coproducción Reino Unido-Irlanda; Element Pictures / Film4 / New Sparta Films. Distribuida por A24. Thriller|Thriller psicológico.Sobrenatural.
A veces, sencillamente, sucede.

Uno se enfrenta a una de esas películas que no sabe cómo reseñar. Y El sacrificio de un ciervo sagrado, de Yorgos Lanthimos, es una de ellas.Todo lo que sigue, por tanto, no es más que un intento torpe de organizar un discurso. Por sentido de la obligación. Por vergüenza.

Quedan avisados.

Existen muchos modos de trasladar el imaginario trágico a la gran pantalla, desde aquellas películas de riguroso quitón, himatión y crépidas a las que, bebiendo de esa misma fuente, lo hacen de un modo mucho más sutil. Tal es el caso de la película de Lanthimos. No en vano, es a la poesía épica, a la tragedia y a la comedia demasiados tienden a olvidarse del gran Aristófanes a las que debemos, contaminatio mediante, gran parte de lo que somos, leemos y escribimos hoy; las sombras de Homero, de Sófocles, de Esquilo y Eurípides, de Plauto y de Terencio son largas como la de un ciprés por la tarde. O a primera hora de la mañana.

 

Les hablaba de la tragedia.

Varios son los referentes que planean a lo largo de la película de Lanthimos, pero los que nos importan son aquellos que tienen un elemento en común: la familia y sus desgracias (miserias). Y en cuanto a familias y desgracias y miserias, en la antigüedad clásica hay dos que se llevan la palma: la de Edipo y la de Agamenón. No es de extrañar, pues, que el director ateniense haya recurrido parcialmente al texto de Ifigeniapara construir una cinta perturbadora. Pero lo que en un principio puede parecernos un (futuro) thriller contenido, gélido, que se teje despacio, comienza a revelarse otra cosa hacia la mitad del metraje. Es en ese momento, en ese punto exacto, en esa enfermedad que se manifiesta casi como un apò mêchanês theós y en el agón no podía ser de otro modo que le sigue entre el cardiólogo Steven Murphy (interpretado por Collin Farrell) y Martin (al que da vida el fantástico, hierático e inquietante Barry Keoghan) donde todo se decide. Donde todo cambia. Donde el espectador deberá optar por la incredulidad incluso por la risa, como sucedió en la proyección a la que acudí o por la credulidad, por el sobrecogimiento más silencioso y absoluto hasta el final trágico, por supuesto. Sin dudas. Sin preguntas.

Fue el poeta y crítico literario británico S. T. Coleridge quien allá por 1817 acuñó una expresión clave para todos aquellos que nos dedicamos al arte de construir tramas y contar historias: (willing) suspensión of disbelief suspensión (voluntaria) de la incredulidad; es decir, el necesario sacrificio del realismo, de la lógica y de todas nuestras facultades racionales y críticas en favor del entretenimiento, del disfrute y de la magia para que una obra de ficción sea, para que funcione. Incluidos el surrealismo y el absurdo. De hecho,Coleridgese refirió a ella como un ‘acto de fe poética’. Y aunque semejante formulación preciosas, la una, la otra se las debemos a él, dicha necesidad está ya presente en las palabras de otro genio, William Shakespeare, que la solicita de un modo abierto y directo a su público en el prólogo de Enrique V, o en la algo más lejana Ars Poetica de Horacio todo un poema convertido en ‘manual’ de escritura al que es interesante regresar de vez en cuando.

Por qué les cuento todo esto?

Porque El sacrificio de un ciervo sagrado pondrá a prueba su ‘fe poética’, se lo aseguro; pero no lo hará al principio, sino poco a poco, minuto a minuto, metro a metro.

 

Lanthimos es un director con una gran capacidad para generar fascinación su uso de todos los recursos disponibles es siempre magnífico: la imagen, el encuadre, la fotografía, la música, la puesta en escena, la técnica, el ritmo, y al igual que sucede con el cine de directores como Villeneuve, Malick, Aronosfky, Kaufman, Von Trier, Refn, Haneke o Tarkovski, por citar algunos, su nivel de exigencia en cuanto a participación, concentración y a fe por parte del espectador es siempre muy alto.

Uno, sencillamente, entra o no entra. Cree que está ante una genialidad o una patraña.

No soy de los que suelo abandonar a la primera ni a la segunda, créanme, y me tengo por un tipo medianamente listo, pero cada vez me cuesta más permanecer en el interior de determinadas obras cuando su nivel de auto-cosnciencia artística, filosófica, existencial alcanza ciertas cotas. Aún así, El asesinato de un ciervo sagrado pecado cometido por el jactanciosoAgamenón, la nueva propuesta del director de Langosta y Canino (con la que podría formar un tándem inmisericorde), no deja de fascinar y de sobrecoger. Ni de removerte por dentro de un modo bruto y a la vez frío, calculado. Si ustedes logran suspender su incredulidad hasta el último plano, por supuesto.

Analicen su fe y decidan libremente.

 

 

 

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