EL AUTOR

Publicado el 29/11/2017 a las 12:50
Título original. El autor. Año. 2017. Duración. 112 min. País. España. Dirección. Manuel Martín Cuenca. Guion. Manuel Martín Cuenca,Alejandro Hernández (Novela: Javier Cercas). Fotografía. Pau Esteve Birba. Reparto. Javier Gutiérrez,Antonio de la Torre,Adelfa Calvo,María León,Adriana Paz,Tenoch Huerta,Rafael Téllez,Craig Stevenson,Miguel Ángel Luque,Carmelo Muñoz Adame,Domi del Postigo. Coproducción España-México; Icónica Producciones / Lazonafilms / La Loma Blanca PC / Alebrije Cine y Video / Canal Sur / Junta de Andalucía / Lazona Producciones / RTVE / ICAA
Manuel Martín Cuenca es uno de esos tipos. Uno de esos guionistas y directores que, para nuestra desgracia, se dejan ver poco en este erial, uno nunca sabe si por decisión propia o por castración ajena, como les sucede a tantos otros creadores brillantes. Responsable de La flaqueza del bolchevique la mejor adaptación hasta la fecha de un texto de Lorenzo Silva (guionizado por el propio escritor), del maravilloso documental El juego de Cuba, de las personalísimas Malas temporadas y Caníbal, el director almeriense alterna el cine documental y la ficción siempre con talento y un estilo propio. Quizás sea esa una de sus mayores mejores características como creador; ese ir y venir de la realidad, de la verdad, a la ficción, a la mentira como otra vía, a veces más perfecta, de mostrar la propia realidad, la verdad. De ahí que sus forma de contar, que su puesta en escena cuando nos regala una película dramática sea siempre sobria, siempre pegada a una estética casi documental, desnuda, descarnada, minimalista un escritor desnudo y vacío dentro de un piso desnudo y vacío. De ahí que cuando se pasa al cine de la realidad, de la verdad, su forma de narrar sea también siempre tan impecable, desplegando en los guiones todo el saber acumulado a lo largo de sus años como constructor de historias.El autor, su última película de ficción escrita junto a su casi-inseparable guionista Alejandro Hernández es un ejemplo perfecto. Quizás su mejor obra hasta la fecha. Basada (libremente, como debe ser una adaptación) en un título del escritor Javier Cercas (El móvil), Martín Cuenca consigue hacerlo suyo y construir una historia que, si bien se nutre de los elementos principales del texto de Cercas, hace completamente suya.
Debo confesar que, como novelista y profesor a tiempo parcial de escritura creativa, la película me sacudió en muchos de sus elementos. Pero eso pertenece a otra esfera. El trabajo de Cuenca al teclado es impecable, canónico incluso a la hora de construir una trama y unos personajes no solo su protagonista, interpretado de un modo magistral por Javier Gutiérrez, sino el resto que aparecen y desaparecen a lo largo del metraje, en especial el que nos regala una Adelfa Calvo, la Portera, cuyas apariciones en Grupo 7, Biutiful, La voz dormida o La isla mínima ya daban muestra de su talento que funcionan a la perfección. Otra de las características más personales de Martín Cuenca es el ritmo que imprime a sus narraciones, de tempo calculado a metrónomo. En manos de otro director de un Álex de la Iglesia, por ejemplo, El autor hubiera pasado a ser un thriller vertiginoso, enloquecido incluso un La Comunidad, un El bar; el almeriense, en cambio, siempre opta por un devenir pausado, contenido, dejando que el tiempo y el trabajo de los actores surtan su efecto. Dejando que la cosa vaya calando al espectador como una lluvia menuda. Y les aseguro que no es nada fácil, porque, sobre el papel, los guiones muestran un ritmo esquivo, aparente y tramposo que nos puede llevar a un fracaso estridente.
Pero si la película tiene un elemento magistral, precioso, es el uso de uno de los modos más antiguos de relato pre-cinematográfico, el teatro de sombras el Wayang kulit indonesio, el Piying chino, el Karagöz turco, que nos remite de un modo directo a la vieja caverna platónica; a los orígenes del propio arte mágico-mítico-religioso de contar historias. Martín Cuenca se vale de él como elemento central para embaucar a su protagonista y, de paso, a nosotros, que, como él, asistimos atentos a lo que creemos la verdad, aunque, como en toda historia, el asunto siempre tenga truco y no sea más que un atisbo, una sombra de ella. Álvaro asiste al drama de sus vecinos mejicanos como el que, en la oscuridad de la sala su baño, observa atento una proyección. Un drama que, al modo del Ningyõ jõruri japonés, provoca y manipula a su antojo como el articulador de marionetas oculto a la vista de todos, sin saber que, en esta ocasión, el títere es él.
Por todo lo dicho y por algunas cosas más que ustedes deben descubrir solos, El autor es una de las películas más interesantes del año; de las mejor construidas y contadas. Ya ven: a pesar de la persistente sequía que nos azota, al campo cuarteado le brota una flor de vez en cuando. No se la pierdan.