AQUEL VERANO

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Carlos Bassas

Publicado el 14/09/2017 a las 11:07

Título original. Estiu 1993. Año. 2017. Duración. 97 min. País. España. Director. Carla Simón. Guion. Carla Simón. Música. Ernest Pipó. Fotografía. Santiago Racaj. Intérpretes. Laia Artigas,Bruna Cusí,David Verdaguer,Paula Robles,Paula Blanco,Etna Campillo,Jordi Figueras,Dolores Fortis,Titón Frauca,Cristina Matas,Berta Pipó,Quimet Pla,Fermí Reixach,Isabel Rocatti,Montse Sanz,Tere Solà, Josep Torrent.
De vez en cuando, uno se topa de bruces con una película sobre la que le cuesta hablar. Porque le golpea en la entraña. Un gancho al hígado. Por su sencillez. Por su belleza cruda. Verano 1993, el debut en el largo de Carla Simón, es una de esas obras. Y es algo más. Es la culminación decidida, lógica, valiente de un camino emprendido hace tiempo por la propiadirectoraen cortometrajes como Lipstick (2013), en el que dos pequeños se enfrentan a la muerte por primera vez descubren que su abuela ha fallecido mientras juegan en su casa o Born Positive (2012), un documental sobre tres niños nacidos con VIH.

Verano 1993 es un elixir destilado hasta su esencia. Purgado de artificios. Depurado hasta reducirlo a lo que importa. El sentimiento desnudo. Y no lo es solo en su escritura que se intuye libre, abierta desde el principio, sino en su puesta en escena, naturalista, desde el uso de la cámara a la iluminación y el trabajo de los actores. Sentado en la sala, uno tiene la sensación de estar asistiendo a una verdad. Pero no a una exhibición impúdica, sino a una exposición dura y hermosa de un recuerdo íntimo que la directora ha decidido compartir, desnudándose sin arreglos.

 

La única decisión que se intuye clara desde el principio desde el germen mismo del proyecto, intuyo es la del punto de vista, el de Frida (interpretada por Laia Artigas). No podía ser de otro modo. Un punto de vista abordado, además, con honestidad despiadada, en el que Simón decide no esconder en ningún momento los comportamientos más feos de su personaje, su egoísmo, su crueldad, la inocente, la que no lo es.

Pero no se engañen: bajo esa apariencia casi botánica, Simón no da puntada vacía.Por mucho que, como creadora, hayadecididootorgaralbedríoa sus actores, especialmente a los niños, para que improvisen, para que jueguen, para que armen mundos a su aire,sabe lo que quiere contar en todo momento, y para ello pergeña escenas como en la que Frida se maquilla y, recostada en la tumbona, juega con su prima Anna (Paula Robles) que solo después fía al talento libre de sus intérpretes, lo que hace quetodas tengansentido; que todas escondanuna carga de profundidad.

 

Verano 1993 es la puesta en imágenes de una serie de recuerdos, a veces conexos, a veces inconexos así funciona la propia memoria, como una sucesión aleatoria de imágenes, de sensaciones sobre un momento crucial en la vida de una niña de seis años. Una película que empieza con una pregunta "Y tú por qué no estás llorando?" que no se resuelve hasta la última escena.

Una auténtica maravilla.

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