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Fuera de campo
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SIN ESPERANZA

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SIN ESPERANZA
Actualizada 26/04/2017 a las 15:31

 

 

Finlandia 2017. Duración. 98 minutos. Título Original: TOIVON TUOLLA PUOLENDirección y guión: Aki Kaurismäki Intérpretes: Kati Outinen, Tommi Korpela, Sakari Kuosmanen, Janne Hyytiäinen, Ilkka Koivula.

Aki Kaurismakï es Aki Kaurismakï.

Es probable quesemejante aseveración pueda producirles sonrojo, por evidente, por simple. Por obvia. Por no decir en apariencia nada más allá de lo que contiene su propio enunciado. Una evidencia. Pero no es así. Porque la afirmación de que Kaurismakï es Kaurismakï lo implica y explica todo. Significa que el director finés tiene una mirada clara, definida, única y unívoca del mundo jodida, desapasionada, y una forma de contarla, de contarlo, absolutamente propia, personal, que no cambia, que no varía, que no flaquea. Y les aseguro que, en los tiempos que corren, semejante tesón es algo muy valioso. Por no decir excepcional.

Lo encontramos en algún que otro director, en el cine del desaparecido Kiarostami, en el de queLoach, el deHaneke o el deKoreeda. Pero pare usted casi de contar.

 

 

Al espectador de El otro lado de la esperanza le cuesta apenas cinco planos, dos escenas, una secuencia descubrir su firma, su estilo, su forma de narrar; esa que encadena escenas en las que los personajes parecen hacer cosas absurdas, extrañas, con una seriedad, una frialdad y una inexpresividad pasmosas. Nada altera su calma, de tal modo que todo lo que vemos puede parecernos una locura extravagante. Un mundo, el de Kaurismakï, en el que la gente ni siente ni padece?, cuyos personajes son poco menos que autómatas, acaso extraterrestres que se conducen desconcertados, expectantes. Pero es en esa apuesta donde radica su mayor virtud. Su estilo inconfundible. Su mirada. Y si en lo dramático, en la puesta en escena, en la propia escritura sus diálogos son medidos, sus silencios enromes todo es contenido, mínimo, en lo narrativoes exactamente igual. Plano, corte, plano, corte. Nunca uno de más. Siempre los justos, los necesarios. Los precisos. Sin auto-complacencia estética. Sin arabescos innecesarios. Y no es fruto de sus presupuestos mínimos, ajustados, sino de una voluntad clara de ser así uno no sospecha que si al director finés le entregaran 40 millones de euros, devolvería 35 al finalizar el rodaje.

Sí. Aki Kaurismakï es raro.

Es Beckett. Es Buñuel. Pero también es Chaplin.

 

 

Su universo cinematográfico está poblado de seres surrealistas. De personajes imposibles que parecen actuar porque sí, sin expresar sentimientos. Que parecen hacer las cosassin más razones aparentes, expresadas, que las que vemos: se les plantea una situación, actúan y siguen adelante.Son casi como réplicas de Buster Keaton. Tipos que se enfrentan a un mundo absurdo, el que nos rodea, el que no queremos ver, sin alterarel rictus frente a ningún tipo de violencia, ni la física, ni la política, ni la social, ni la moral.Así es El otro lado de la esperanza: el retrato de una sociedad, la europea, impasible ante una tragedia que, en el fondo, ni le va ni le viene. Una Europa muerta que ha iniciado ya su proceso de descomposición.

Quizás no estemos frente a una película tan redonda como Le Havre (2011); quizás esta nueva aventura de Kaurismakï se vaya descosiendo poco a poco a medidaque avanza, pero este relatopuntuado casi podríamos decir que estructurado en torno a esos momentos desde su mismo proceso de escritura por varias canciones cuya letra no tiene desperdiciosigue regalando escenas y momentos únicos hasta el final.

 

 

Es probable que quien se acerque por primera vez al cine de Kaurismakïhuya despavorido. En especial aquellos acostumbrados auna forma de narrar más cómoda, más convencional. Pero si a pesar de todo lo hacen –atrévanse, les advierto de que corren el peligro de contagiarse; de convertirse en un miembro más de su club de fans, que si bien no es muy numeroso, sí es muy fiel. Encarecidamente fiel.

Es lo que sucede con los autores diferentes, personales, tanto en el cine como en la literatura: uno los ama o los odia.

Pero, al menos, lo hace por ser como son.

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