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Fuera de campo
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A MEDIO CAMINO

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A MEDIO CAMINO
Actualizada 08/06/2016 a las 11:07

 

acantilado-665830061-large Dirección: Helena Taberna Guión: H. Taberna, A. Martorell y N. López. Basada en la novela El contenido del silencio, de Lucía Etxebarria. Intérpretes: Daniel Grao, Juana Acosta, Goya Toledo, Jon Kortajarena, Ingrid García Jonsson. España. 2016. Duración: 96 min.

 

Arranca Acantilado, la nueva película dirigida y coescrita por Helena Taberna junto a Andrés Martorell y Natxo López, con una escena poderosa. Rito, noche, tierra, agua, fuego; elementos primigenios que nos remiten a un suicidio colectivo ritual propio de esa imaginería sectaria que tantas vidas se ha cobrado en el último siglo (secta del Templo del Pueblo, la Orden del Templo Solar o la secta Heavens Gate, por citar algunos ejemplos). Y esa imagen abre una puerta: la del thriller con toques sobrenaturales de cintas tan ilustres como La semilla del diablo, de PolanskioThe Sacrament (2013), de Ti West. A continuación, Taberna, Martorell y López abren otra: la de la investigación policial. Dos propuestas difíciles de conjugar si uno no zurce el guión con enorme habilidad y esmero. Porque lo más probable es que te acabe pasando lo que le sucede a Acantilado: que te quedes en un incómodo punto medio.

 

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Sostendrán algunos que cada género tiene sus normas. Y es cierto. Pero no es menos cierto que las grandes obras surgen, en muchos casos, de su conculcación, de su retorcimiento, de su tensión, de rebasar sus fronteras. De experimentar con ellas. Algunas de las mejores novelas del género negro de los últimos tiempos han sido alumbradas siguiendo ese principio. Hablo de escritores como Carlos Zanón, como David Llorente, como Claudio Cerdán, Carlos Salem, Marcelo Luján o el siempre irreverente –gracias a Dios Juan Ramón Biedma. Lo mismo sucede con el cine. El talento y el esfuerzo necesarios para lograrlo, sin embargo, son ingentes.

Pero no solo fruto del juego, del malabarismo surgen obras brillantes. También el uso de las más cómodas y reconocibles estructuras clásicas alumbra maravillas. Buen ejemplo de ello son los tándems formados por Urbizu y Gaztambide, Monzón y GuerricaechevarríaoIglesias y Cobos, que tantas alegrías nos han dado con cintas de género como La caja 507, No habrá paz para los malvados, Celda 211, Grupo 7 o La isla mínima. El problema principal de Acantilado es que no acaba de decidirse. No es ni un thriller sobrenatural ni un policial bien armado, lo que provoca un vaivén constante y un cansancio que derivan en cierta indiferencia.

 

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Es la película de Taberna, además, una cinta de silencios, de implícitos, de conversaciones escamoteadas que obligan al espectador a participar, a rellenar, a adivinar, lo cual, en un contexto algo más definido, sería un acierto. En su estado actual, sin embargo, genera más dudas que otra cosa, y lastra en exceso a los personajes (todos) y sus conflictos, que, por momentos, pierden calor hasta quedarse tibios, incluso fríos. Nada, en el fondo, se resuelve, ni tampoco acaba de proporcionar los elementos necesarios para que lo hagamos nosotros. También es Acantilado, ciertamente, una cinta de muy buena factura técnica, de fotografía hermosa, la de Javier Agirre, y de buen montaje, el de Teresa Font. Pero todos esos elementos quedan ensombrecidos por culpa de su indefinición.

Pero, como siempre les digo, ustedes deciden.

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