LA BRUJA

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Carlos Bassas

Publicado el 19/05/2016 a las 11:05

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Lo primero que me viene a la mente tras ver La bruja, con Robert Eggers (premio al mejor director en Sundance 2015) a la batuta y al guion, es que está más cerca de ser una película de Michael Haneke La cinta blanca, pongamos por caso o delM. Night Shyamalan de El bosqueque de una película clásica del género.

No esperen una historia de terror al uso en eso, el tráiler, una vez más, lleva a equívocos. No lo es.

No esperen el clásico bolckbuster que les haga saltar del asiento cada dos por tres. No lo es.

 

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La bruja es, ante todo, una película que se adentra en lo histórico-etnográfico, pero no desde un punto de vista bucólico, sino psicológico. Un tratado sobre la locura individual y colectiva motivada por el oscurantismo (ultra)religioso de una época. Por el temor de Dios inculcado a fuego en espíritus cautivos. Por el constante miedo al pecado, a ensuciarse el alma; por la total falta de libertad intelectual, de pensamiento crítico, perpetuada por generaciones de puritanos europeos.

Nueva Inglaterra, 1630. Una familia de colonos es expulsada de la comunidad en la que vive y se instala en la linde de un bosque. Un bosque salvaje, intrincado, oscuro. Una frontera tan agreste y natural como psicológica. A partir de ahí, la pérdida de un bebé, una mala cosecha, la falta de alimento, los juegos de un par de críos con un carnero, la muerte de otro hermano desatan la superstición, la paranoia, la histeria. Lo verdaderamente terrorífico de La bruja es, por un lado, su apuesta (ética y estética) por un realismo sublimado la mayoría de diálogos están sacados de actas reales de procesos de brujería de la época, y, por otro, su contención.

 

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No esperen juegos malabares de cámara, ni efectos especiales el único capricho que Egger se permite al respecto es al final; aún así, contenido, ni cortes de montaje destinados a provocar el grito, ni los clásicos recursos narrativos presentes en otras películas de temática parecida. Lo que asusta en La bruja es la palabra, el gesto, la mirada. De cómo pueden desatar la caza de brujas dentro del seno familiar, la que se supone que es la comunidad más indestructible.

 

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Pero no hay amor ni lazos de sangre ni de ningún tipo que valgan cuando todo está supeditado al miedo; al temor irracional de dios; al pánico a mancharse el alma e ir al infierno; al castigo eterno; cuando la superchería campa a sus anchas; cuando la propia frustración se alivia con los demás. Cuando las verdades finalmente dichas son interpretadas como la voz del diablo.Cuando el mayor don del ser humano, la razón, el pensamiento libre, es el peor de los pecados.

 

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Una de las mayores virtudes también de sus mayores riesgos de La bruja es su apuesta por usar únicamente luz natural. Tanto de día eternas nubes que lo cubren todo de gris, que lo apagan todo, que lo enfrían todo, como de noche, cuando el mundo queda reducido a la luz de un candil, de unhogar; cuando la oscuridad lo devora todo (algunos encuadres y composiciones de la película son verdaderos Caravaggio).

 

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La decisión de Eggers de no usar un solo foco durante todo el metraje es tanto estética la atmósfera creada nos traslada directamente a la época, como dramática. Un reflejo perfecto del oscurantismo supersticioso que acompaña a los personajes. Quizás los amantes del technicholor, de lo luminoso, de lo televisivo, vean en ello un error insoportable de digerir: imágenes sucias, rascadas; falta de luz que perjudica el enfoque, que lo lleva al límite; colores neutros, apagados, en la gama del negro, del gris, del marrón, del ocre incluso los blancos carecen de brillo alguno, pero es unadecisión valiente y acertada.No se trata deuna novedad otros directores, como el gran Kubrick, lo han hecho antes que él, pero sí una postura ética, si me lo permiten. De llevar la apuesta por un punto de vista hasta sus últimas consecuencias aun a riesgo de sacrificar el despliegue técnico.

La belleza que proviene de la ética es, en la mayoría de los casos, siempre más hermosa.

Bella, perturbadora, inquietante, sin artificios. Así es La bruja. Abstenerse, sin embargo, amantes del más clásico cine de género fantástico y de terror.

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