EL OLIVO

Publicado el 12/05/2016 a las 18:37
Les pido disculpas.
Y quiero hacerlo de antemano. Para que no haya malentendidos.
Disculpas porque quizás algunas de las palabras de esta crónica puedan sonarles gruesas. Aunque sean cervantinas.
Disculpas porque, por un día, dejaré aparcado lo cinematográfico, razón de ser de este rincón que nos une, para hablar de otras cosas.
El olivo, la nueva película de Iciar Bollain Te doy mis ojos, Amores que matan, Mataharis, También la lluvia y Paul Laverty guionista de la mayoría de los puñetazos del gran Ken Loach, primero; de la propia Bollaín, después es una historia sobre algunos jóvenes que se creen perfectos y con derecho a echar en cara la mierda a todo el mundo. Jóvenes que creen que lo saben todo y aún no entienden casi nada. Rebeldes. Insolentes. Descarados. Egoístas. Mentirosos. Jóvenes sin futuro, pero que, a pesar de todo, conservan un esqueje de esperanza. Jóvenes que aman, aunque aún no lo sepan hacer bien –quién lo sabe hacer?. Sobre jóvenes que hablan mucho y escuchan poco pero aún creen.
El olivo es también una película sobre otros jóvenes callados. Tipos que ya han perdido una vida a los 18. Que no hablan pero saben escuchar. Que aman en silencio. Que han odiado y ya han dejado de hacerlo. Que irían hasta el fin del mundo por algo. Por alguien. Sobre otros jóvenes que se movilizan. Que usan sus armas contra los molinos. Que no están dormidos. Que están dispuestos a luchar. Que luchan.
El olivo es también una película sobre mayores derrotados. Hombres rotos. Hechos una pena. Vencidos. Sobre hombres cabreados. Sobre hombres insignificantes. Sobre pobres desgraciados que se rompieron la espalda trabajando y que, en algún momento de sus vidas, sucumbieron a la mentira. A los que engañaron. Que se dejaron engañar. Que se autoengañaron después. Sobre hombres que vendieron su alma. Que vendieron la tierra en la que nacieron, que les legaron sus padres, por salvar a sus hijos. Sobre padres que hicieron lo que pudieron. Que quizás no supieron querer bien, pero que lo intentaron.
El olivo es también una película sobre grandes corporaciones. Sobre monstruos sin alma que esquilman la tierra. Que la compran. Que la venden. Que la desangran. Que la abren en canal a su antojo. Que nos compran y nos venden. Que rigen el mundo. Sobre un país que se creyó mejor de lo que era. Sobre políticos corruptos. Sobre enormes pompas de jabón que, tras lucir, chulas, sus colores al sol, estallaron.
El olivo es también una película sobre un viaje. Sobre la verdad, sobre la mentira, sobre las palabras y los silencios. Sobre conocerse a uno mismo mientras los kilómetros pasan. Sobre un camión que carga a sus espaldas con la Libertad. Sobre una Estatua de la Libertad reventada a golpes de porra.
El olivo es también una película sobre un árbol. Un olivo milenario vendido para pagar un soborno. Descuajado de la tierra para tratar de construir un futuro.
El olivo es también una historia de amor. Varias.
El olivo es también una historia sobre el dolor. Sobre la rabia. Sobre cómo vencerla. Sobre cómo curarla.
Y El olivo es, sobre todo, una historia un cuento sobre ustedes y sobre mí. Sobre todos nosotros.
Avisados quedan.