REMORDIMIENTOS DE SUPERHÉROE

Publicado el 05/05/2016 a las 10:28
Quizás sea esta Civil War una de las entregas que más se recordarán de la saga de Los Vengadores. Y no por sus primorosos y vigorosos efectos especiales, sino precisamente por el elemento menos digital de todos: su escritura. Por ese planteamiento de partida que divide a los personajes en dos bandos, el de Iron Man y el del Capitán América, y que infecta horizontalmente toda la trama. Ya saben, la semilla de la discordia es capaz de enfrentar hasta a los mismísimos Astérix y Obélix.
Dirigida con muy buen pulso por los hermanos Anthony y Joe Russo que ya preparan Infinity War 1 y 2 y co-escrita por Chirstopher Markus y Stephen McFeely, Capitán América: Civil War, les decía, nos propone, a nosotros, a sus personajes, un dilema moral: son responsables los superhéroes de los daños colaterales que causan al salvar el mundo? De las vidas que alteran, quiebran, dañan, quitan fuera de campo? Deben pagar por ello? Semejante asunto, cierto, tiene algo de retórico: de no actuar, es más que probable que esas vidas se hubieran perdido igual, que la humanidad entera se hubiera ido al carajo... Pero qué quieren, la pregunta tiene algo de pertinente. Al meollo moral le sigue, casi de inmediato, la inevitable consecuencia práctica y legal (los Acuerdos de Sokovia): señores, deben ustedes someterse a la legislación vigente, al control político, a la voluntad de los imperfectos burócratas, quienes decidirán a partir de ahora sus misiones y determinarán sabiamente quiénes son los buenos y quiénes los malos Como si semejante panorama fuera a asegurar la preservación de la especie.Como si no la hubiera hecho tambalearse sistemáticamente hasta ahora.
La división, pues, está servida.
Mientras el Capitán América se posiciona en contra de ese control, de perder “su” libertad, Tony Stark, al que quizás en el único elemento de guión demasiado obvio una madre confronta para culparle de la muerte de su hijo, decide agachar la cabeza y dejarse ceñir mansamente el yugo que le imponen las Naciones Unidas.
Es aquí donde el engranaje me chirría.
Les cuento por qué.
Soy mucho más de Iron Man que del Capitán. Siempre lo he sido. Me gusta su sarcasmo, su subversión, su afilado sentido del humor, su desafío constante a las normas, su independencia. Esa es su naturaleza. Caprichosa, divertida, rebelde. Tocapelotas. El Capitán América, en cambio, es que me perdonen sus fansun señor pusilánime en mallas; un fascista de la bandera, de la norma, de la disciplina militar y de su rectitud y su obediencia...Y ahora va y me los cambian.
La culpa es un sentimiento muy poderoso, y a ella recurren Markus y McFeely para atar en corto al playboy Stark; sin embargo, el Capitán América parece estar libre de pecado, aunque guarde en sus entrañas un oscuro secreto del pasado de Stark que afecta a su viejo camarada Bucky Barnes, el Soldado de Invierno, involuntaria piedra detonante de todos los males en esta ocasión.
Para reforzar aún más ese conflicto, el libreto hace aparecer a un enemigo cargado de razones, Heinrich Zemo, el Barón Zemo, interpretado por Daniel Brühl, cuyo objetivo es el de, precisamente, vengarse de Los Vengadores provocando su cisma, su guerra civil. Sumen a su llegada la de Pantera Negra y Spiderman esta no es la vieja tía May (Marisa Tomei), me la han cambiado y el universo de Los Vengadores se va completando cada vez más.
Si son fans, noles defraudará.