VINDICACIÓN DE LA ANORMALIDAD

Publicado el 11/06/2015 a las 17:58
Leticia Dolera tiene talento. Lo tiene como actriz de ojazos manga descomunales. Y lo tiene como guionista y como directora -y hasta como cantante, si se quedan ustedes a escuchar todos los créditos-. Su debut en el largometraje –ya había rodado dos cortometrajes, Lo siento, te quiero y A o B-, tras la cámara y frente a las teclas –el lugar donde uno siente más vértigo del universo, se lo aseguro-, nos brinda la posibilidad de comprobar dos cosas. La primera, que ha sido capaz de armar casi solita y de la nada una película llena de buenos momentos, a ratos amable, a ratos ácida, a ratos divertida, a ratos hasta brillante. Una película que, a pesar de sus desequilibrios, de algún que otro tartamudeo, balbuceo propio del que arranca, ofrece un balance positivo y te deja con buen sabor de boca. Momentos de buen cine y de buena dramaturgia. La segunda cosa que nos permite comprobar esta Requisitos para ser una persona normal es lo que está por venir. Lo que esta actriz y ya guionista y directora barcelonesa lleva dentro, que es mucho.
No se aparta Requisitos de la senda del cine de género –uno prefiere saltar atado a un instructor la primera vez que se precipita avión abajo-,de lacomedia romántica y generacional que tan bien han sabido cultivar los yanquis y, más especialmente, los ingleses. Todo pasado por el tamiz personal de una historia que uno sospecha bastante autobiográfica. A pesar de ello, la película flaquea ligeramente en cuanto a ritmo y estructura, con algún que otro frenazo repentino cuando la cosa ya ha alcanzado media de crucero.
Construir una buena historia no consiste únicamente en juntar, una tras otra, una serie de buenas escenas, incluso alguna brillante, sino en contar una historia fluida en la que no todos los momentosdeben ser un Do de pecho, un gag perfecto. También es importante que el personaje camine, evolucione, respire, mute, vuelva a cambiar de opinión y macere lo suficiente a lo largo de la narración. Un maravilloso constructor de historias audiovisuales me dijo en una ocasión que lo más difícil de aprender en este noble arte de idear, construir, armar, tejer, enredar y contar cosas es aprender a escribir “malas escenas”. Al comprobar mi estupor –cejas arqueadas como el ojo de un puente, ojos de anfibio-, se reafirmó en lo dicho: para que una película funcione bien, es necesario saber escribir y colocar en su sitio una “mala escena”, es decir, una escena de transición en la que “no pase” nada –dramático-, en la que te muerdas las ganas del diálogo original, punzante, del giro. Una escena, al fin y al cabo, destinada a ser olvidada de inmediato, pero que sirve, precisamente, para que el espectador recuerde las importantes, aquellas que uno se llevará a casa en la memoria -la mental y la cardíaca-y que harán de la cinta una buena película. El problema de los que empiezan en esto –me incluyo, es un error que todos cometemos- es precisamente querer que cada una de las escenas que componen nuestra película –nuestra novela- sean perfectas, originales, brillantes, memorables. Y eso lleva al desequilibrio.
Si quieren pasar ustedes un buen rato y verse y reconocerse a ratos, reírse de sí mismos, de los demás –siempre es más sano y terapéutico hacerlo de la propia calavera, se lo aseguro-, disfrutar de un puñado de buenos momentos y diálogos, de una dirección a ratos original, no duden en darle una oportunidad a Requisitos para ser una persona normal. Al menos, para aprender que “ser normal” es una de las cosas más aburridas del mundo. Del mismo modo que cultivar la anormalidad y la extravagancia porque sí es igualmente un absurdo de lo más patético. Sean como les dé la real gana, pero asegúrense de ser ustedes mismos.
Si aún necesitan algún motivo más para acercarse al universo de Leticia Dolera, ahí va otro de peso: el estupendo trabajo de sus actores, el transformado Manuel Burque y la propia Dolera, que rezuman química juntos. Y si son de los que dan importancia a eso de los premios, pues ahí van tres más: Mejor Guion Novel, Mejor Montaje y Mejor Fotografía en el pasado Festival de Málaga. Ustedes deciden. Como siempre.