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Actualizada 04/06/2015 a las 09:41
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Tengo más espíritu Disney del que me gustaría reconocer. Del que se supone que debe tener un escritor canalla de novela negra como yo –aunque también he escrito juvenil, bien mirado-. Ya está, ya lo he dicho. Claro que, si uno echa un buen vistazo, Disney es un arcoíris que va del negro corrosivo al blanco inmaculado –les dejo los últimos títulos producidos por la factoría, para que entiendan de qué les hablo: Del revés, Ant-Man, Los Vengadores III, lo nuevo de Star Wars, Bestia, Cenicienta, Big Hero6, Frozen o Maléfica-. Qué por qué les despeloto así mi alma? Pues a cuento de Tomorrowland, la última de Brad Bird, responsable de Los Increíbles (2004), Ratatouille (2007) y de Misión Imposible: Protocolo fantasma (2011). Un borrón lo tiene hasta el más pintado.

 

PROJEKT: NEULAND

 

Tomorrowland no cuenta nada nuevo. Nada que la maquinaria de Hollywood no lleve machacándonos desde los 50 del siglo pasado. Algo así como: "Señores, somos un maldito virus para el plantea, una bacteria de la carne para la especie, nos estamos cargando el tinglado, el futuro de nuestros hijos Pero aún estamos a tiempo. Si creemos. Si soñamos". Y siempre hay un científico que cree que no, que ni por esas, que los humanos no tenemos remedio. Y siempre hay un héroe que no sabe que lo es que dice lo contrario. Que aún no se ha rendido.

 

PROJEKT: NEULAND

 

A uno le da la sensación de estar viendo un cruce entre el Ultimatum a la Tierra de Robert Wise (1951) y el manifiesto eco-político Una verdad incómoda de Davis Guggenheim y Al Gore. Nada ha cambiado. Lo único, lo principal, el envoltorio Disney. Porque la película dirigida por Bird es más de lo mismo, pero bien contado. Por más que nos suene a cien veces visto. A escuchado, a masticado, a bebido. Y gran parte de ese mérito radica, por un lado, en su Diseño de Producción (obra de Scott Chambliss, responsable de las nuevas entregas de la saga Star Trek de J.J. Abrahams), que se marca un toque retro a Los Supersónicos (The Jetsons, Hanna y Barbera,1962) que hace que la cosa tenga cierta brisa de aventura clásica; y, por otro, en el Montaje, mano a mano entre Walter Murch (Apocalypse Now, El Padrino III, El paciente inglés, El talento de Mr. Ripley, Cold Mountain) y Craig Wood (responsable de la saga Piratas del Caribe, The ring o Guardianes de la Galaxia). El pero principal lo encontramos, como casi siempre, en el guion, a medias entre Damon Lindelof (Prometheus, Guerra Mundial Z, Star Trek: En la oscuridad) y el propio Bird. Y no porque la película tenga un inevitable toque naif –algo que uno puede esperarse en ciertos productos Disney-, sino porque, conforme el metraje se despliega, pierde fuerza en lugar de ganarla –regla básica en esto tan difícil de contar historias-, y la acción, es decir, el drama en sentido estricto, es paulatinamente sustituido por la explicación, por el discurso, por el parlamento. Y el globo se desinfla.

 

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Tomorrowland es una aventura amable, con estupendas dosis de acción (especialmente en su primera mitad), de fantasía, de humor y de buenos efectos especiales. Y de moraleja, por supuesto. Y en la que los actores -George Clooney, Hugh Laurie, Britt Robertson y la estupenda Raffey Cassidy, cría capaz de robarle en las mismísimas napias una y dos y hasta tres escenas al mismísimo Mr. Clooney- cumplen con su papel. Es, simplemente, eso. Y, hoy en día, eso es bastante.

 

PROJEKT: NEULAND

 

Si buscan un aliciente más, no se pierdan el increíble trabajo de integración de La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava y Félix Candela en un paisaje 3D. Eso que hoy en día se hace con ordenadores y que antaño era óleo sobre cristal –técnica usada por primera vez en 1907, nada menos-, el viejo matte painting. Pasarán un buen rato con sus hijos y les podrán contar alguno de los secretos de esta manufactura de mentirijillas –maravillosas- que es el cine. Lo de cómo contarles que somos la especie más cabrona que puebla la tierra lo dejo en sus manos, que para algo son sus vástagos.

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