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Fuera de campo
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PRINGAOS AL PODER

Fuera de campo
‘PRINGAOS’ AL PODER
Actualizada 21/08/2014 a las 11:28

Existe un plano canónico en toda película de forja heroica (una forma intelectualizada de decir ‘historia de héroes a su pesar’). Aquel en el que el protagonista y sus amigos acaban de aceptar su destino y avanzan resueltos hacia la lucha final. Lo reconocerán porque suele ser un plano frontal, general, a cámara lenta y con la música picando en lo más alto del vúmetro. Pues bien: dicho plano define cada una de esas cintas de un modo casi ontológico (pregúntenselo a Tarantino). Como no podía ser menos, Los Guardianes de la galaxia tiene el suyo. Y es en esos segundos de ralentí en los que James Gunn, su director y guionista, dice todo lo que tiene que decir sobre sus personajes y su obra. En el fondo, sobre su modo de entender el cine.

 

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En él, nuestros protagonistas, Peter Quill, Gamora, Drax, Groot y Rocket, doblan una esquina y caminan hacia la cámara. Ha llegado el momento de salvar al mundo. Sus pasos son firmes; su actitud, intrépida, hasta que De repente, Rocket se coloca los genitales a lo Di María por encima del traje; Gamora bosteza a mandíbula batiente y Peter trata de componer un rictus heroico sin ningún convencimiento mientras Drax calienta deltoides a lo culturista tras él Son los ‘pringaos’ que van a salvar la galaxia, señores. Dicho plano es espejo de otro que hemos observado al principio: en él, los protagonistas son presentados uno a uno –no por ser un recurso cien veces usado deja de funcionar si se escribe bien y se interpreta mejor-, para acabar finalmente juntos en el mismo encuadre cual los sospechosos habituales de Bryan Singer. Algo ha cambiado en ellos entre un momento y otro, pero ninguno ha perdido su esencia. Si llegados ese punto aún no han alcanzado a comprender del todo quién es James Gunn, no se preocupen: solo tienen que esperar a la escena del clímax y su peculiar forma de resolverse.

 

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Por si no había quedado claro tras los guiones de The specials (Craig Mazin, 2000) y El amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004), Gunn reafirmó su apuesta por un tipo de cine muy concreto con Super (2010), su segundo largometraje, película fundacional de su estilo y genio que merece un repaso. Los Guardianes de la galaxia es un blockbuster de verano, sin duda. Pero es, a la vez, una película con un guión y unos diálogos punzantes, sarcásticos, divertidos y bien escritos. Una película gamberra, bien rodada y que rezuma valentía, atrevimiento, calidad y buen rollo a partes iguales, con personajes bien definidos y algunas cargas de profundidad que no tienen desperdicio.

 

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También es un homenaje a su propia infancia y adolescencia, que es la mía. A la música, el cine y la televisión de los 70 y los 80. A canciones como Hooked on a feeling, de los Blue Swede; el Ain’t no mountain high enough de Marvin Gaye y Tammi Terrell; el Escape de Rupert Holmes; el Come and get your love de Redbone; el Cherry bomb de The Runaways; el I want you back de los Jackson Five o el O-O-h Child de The Five Stairsteps, contenidos en una de esas cintas de casete que todos los setenteros grabábamos (cuando había que pulsar el Play y el Rec a la vez, qué tiempos) para escuchar hasta la saciedad en nuestro Walkman o regalársela a nuestra Winnie Cooper. A personajes como el Kevin Bacon del Footloose de Herbert Ross, el John Stamos de Padres Forzosos o la jovencísima Alyssa Milano de Quién es el jefe?, que da nombre a la nave del protagonista. Todo un canto analógico en la era de lo digital y lo cada vez más virtual. Inevitable también la aparición de Stan Lee en algún punto del metraje, convertido ya en todo un Hitchcock. Incluso Howard el Pato asoma el morro junto a algún que otro futuro guardián de la galaxia. Los frikkis –entre los que me incluyo, no escurro el bulto, no crean- serán capaces de encontrar algunas más.

Gunn se ha tomado la libertad de transformar un universo y unos personajes ajenos en algo puramente propio. En hacer la película que ha querido ver durante toda su vida. Es en esa libertad, en ese hacer suya la parte quizás más gamberra del mundo Marvel, donde radica su acierto. Porque James Gunn es un guionista y director que sabe lo que quiere y ni se avergüenza de ello, ni se engaña a sí mismo. Algo difícil de encontrar en nuestros días. Como él mismo decía en una reciente entrevista: “Si Los vengadores son los Beatles, Los Guardianes de la galaxia son los Rolling Stones”. Y James Gunn es Keith Richards. Más claro, agua.

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