DRAGONES CON MENSAJE

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Carlos Bassas

Publicado el 07/08/2014 a las 10:40

Si Cómo entrenar a tu dragón fue un canto a la diversidad y a cómo uno puede acercarse al otro, al enemigo ancestral –la apuesta debe ser mútua, no hay que olvidarlo: dos nos se entienden si ambos no quieren; a cada bando le cuesta un sacrificio y una alegría-, Cómo entrenar a tu dragón 2 es un canto a la búsqueda y descubrimiento de la propia identidad y a cuál es nuestro lugar en el mundo, tema que ha ocupado la mayor parte de historias desde que nos sentamos en torno a la hoguera.

 

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En esta segunda entrega de las aventuras de Hipo y su dragón Desdentao, basada en la saga de novelas de Cressida Cowell, Dean DeBlois, director y guionista, lleva el sentido del espectáculo y de la aventura un paso más allá, tanto en lo narrativo, como en lo dramático. Hasta el punto de señalar como inspiradora de esta secuela –segunda película de una trilogía- a El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980). Y es ese paso adelante, esa apuesta por el desarrollo dramático de su protagonista y el mundo que le rodea, lo que la convierte en una entrega superior a su predecesora. Estamos ante una segunda parte que surge y evoluciona a partir de la primera y nos marca el camino hacia lo que será el clímax final de la trilogía.

 

Cómo entrenar a tu dragón 2

Con Disney metida en otros menesteres, son Pixar y Dreamworks los encargados de sostener el universo de la animación yanqui, cada uno con su apuesta y su estilo bien definidos. En Cómo entrenar a tu dragón 2, la santa trinidad formada por Jeffrey Katzenberg, Steven Spielberg y David Geffen ha dado un potente salto de calidad en las herramientas con el software Apollo, desarrollado dentro de la propia Dreamworks. El resultado es una animación sin límites, pero que conserva cierto aire de tradición en sus entrañas. Un espectáculo visual y de movimiento espectacular.

Pero de nada le sirve a uno la tecnología si la pata principal del tinglado no funciona. Quien esto escribe conoce por dentro el difícil mundo del público infantil y juvenil y el reto que supone escribir una historia que enganche tanto a los más peques, como a los mayores. Con motivo de mi primera novela juvenil, Aki y el misterio de los cerezos (Editorial Toro Mítico), ambientada en el mundo de los samuráis -disculpen el atrevimiento y el mal gusto de hablarles de mí, cosa que, a buen seguro, les interesa bien poco-, mi editor me señaló que debía crear una historia que enganchara a nietos, padres y a abuelos por igual. Les aseguro que semejante encargo es el mayor reto dramático al que un juntaletras pueda enfrentarse jamás. No hablamos únicamente de personajes y tramas, hablamos también de lenguaje. Uno debe ser capaz de crear una historia que ofrezca diferentes niveles de lectura y mantenerlos arriba, en primer plano, a la vez. Hay que evitar el compartimento estanco (ahora escena para críos, ahora escena para mayores), o, de lo contario, corres el peligro de que tanto unos, como otros acaben hartos del vaivén.

 

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Por qué les cuento todo esto? Porque si hemos de sacarle un pero –nobleza obliga; extraerle punta al asunto va con el cargo de vocero crítico- a Cómo entrenar a tu dragón 2, es precisamente ese. En su empeño por mantener un equilibrio para todos los públicos, el guion se adentra en alguna fase “oscura” que hace desconectar a los más críos a costa de ofrecer a los mayores sus mejores momentos. La mejor prueba es ver la película rodeado de peques y constatar su abandono momentáneo. Hasta que el dragón remonta el vuelo con fuerza y les rescata. Con todo, esta secuela está llena de perlas que cualquiera puede disfrutar, además de albergar en su interior un mensaje potente a todos los niveles: humano, político y social muy pegado a lo que nos rodea. A veces es necesario viajar hasta Isla Mema para ver con mayor claridad las cosas. Claro que cualquiera puede interpretar el asunto a su manera.

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