DE MAO AL CAPITALISMO

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Carlos Bassas

Publicado el 31/07/2014 a las 18:05

El cine más campeador nos ha impuesto una forma de contar simple, fluida, en la que predomina la continuidad, el corte invisible y la explicitud del mensaje para la comodidad del espectador. Todo se muestra y se dice, incluso se recalca, nada se esconde. Frente a esa forma, existen otras maneras de narrar en las que predomina la elipsis radical, el corte furibundo, la puesta en escena descarnada en la que la imagen esconde mensajes que el espectador debe descubrir e interpretar por sí mismo. Es el caso de alguna cinematografía oriental, no me refiero únicamente al cine japonés, sino al coreano, al chino, al tailandés

 

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La última película del director chino Jia Zhang Ke, Un toque de violencia, pertenece a estas últimas. Un pedazo de cine sincero, crudo y poderoso. Pero también profundamente poético y moral. La película presenta 4 historias distintas con un denominador común: un retrato sin concesiones de la China actual, en la que la corrupción, el abuso, las desigualdades, la putrefacción moral, el egoísmo y la violencia campan a sus anchas. Sus 4 protagonistasson muertos andantes. Parias de un nuevo orden que se impone a golpe de excavadoras y fajos deyuanes(curiosamente, su traducción directa es “la moneda del pueblo”). Alguno decide inmolarse; otros recurren a la violencia seca y fría como medio de vida, y otros la emplean como último recurso para hacerse oír.Un toque de violencia supone un paso más en la filmografía de Zhang Ke, en su preocupación por documentar la muerte agónica de una sociedad en la que la tradición, lo viejo, lo rural ya no tienen cabida y suponen un obstáculo en el imparable camino emprendido por sus dirigentes hacia el lado más oscuro del capitalismo, monstruo que lo devora todo a su paso: campos, pueblos y personas.

 

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Además de por su modo de narrar y su forma personal de entender la puesta en escena, Un toque de violencia destaca por su fotografía (obra de su colaborador habitual Nelson Yu Lik-wai), por la sutileza con la que Zhang Ke nos lleva de una historia a otra, por su empleo de la ópera china como refuerzo narrativo y dramático en determinados momentos y por el constante uso alegórico de animales (tigre, caballo, serpiente, vaca, pato, mono, buey) con un marcado sentido budista a lo largo de la narración.

 

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Algunos consideran a Zhang Ke un cineasta político. Un narrador crítico con el sistema corrupto y devorador que se ha instalado en los rediseñados despachos del viejo Politburó de su país (de hecho, su película ha sido prohibida en China). Pero lo que realmente busca mostrar Jia Zhang Ke en su cinematografía es, por encima de todo, el hundimiento moral de una sociedad huérfana de referentes. Hombres y mujeres perdidos. Sin esperanza. Sin futuro. Ese es su verdadero compromiso. “En el pasado existían modos de proporcionar a la gente un sentido de significado. Existía la posibilidad de encontrar la realización espiritual a través del budismo, o de encontrar tu lugar en el mundo a través de la familia. Pero estas fuentes tradicionales de significado personal han desaparecido y han sido sustituidas por el dinero y la violencia”. Zhang Ke dixit.

 

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