"ENEMIGO" DE SÍ MISMO

Publicado el 03/04/2014 a las 14:52
De vez en cuando, uno se topa en días consecutivos con dos películas de un mismo director, una seleccionada de entre cientos en la estantería de un futuro cementerio de deuvedés y la otra en el cine: Prisioneros (2013) y Enemy. Semejante casualidad –o causalidad, según se mire- le permite trazar puentes, hecho que no supone que vayan a ser menos especulativos, claro está.
Basada en El hombre duplicado, de José Saramago, Enemy es una de esas películas con planteamiento aparentemente simple, que son las que suelen encerrar carga de profundidad: un profesor universitario, aburrido y monótono, en clase, en la cama, en la vida en general, descubre que tiene un doble, un actor que hace secundarios en películas de títulos ridículos. Es un tipo exacto, su físico, su voz, sus ojos, su barba, sus andares. Establecido el detonante, juzguen ustedes, porque tendrán tantas opciones como imaginación gasten: Son gemelos siameses separados al nacer -esa cicatriz caprichosa-? Existe realmente el doble o es fruto de la bipolaridad? Todo está en la mente de un protagonista o en la suya? Si quieren sacar algo en claro, quizás deban sumergirse en la simbología de la araña, no me pregunten en cuál, aunque apuesto por la hindú Maya, tejedora del velo de la ilusión y la transmutación del ser humano en este deambular que es la vida.
Si uno repasa la filmografía de Denis Villeneuve descubre un patrón, una apuesta por un modo de contar muy personal, que remite en cierto modo –aquí es donde los comentadores de películas trazamos uno de esos puentes arriesgados- al cine de Atom Egoyan, su cuidado y gusto por la estética, por la belleza de cada encuadre –perturbadora-, por un ritmo invernal. Egoyan lo consigue;Villeneuveestá en camino aún. Primero debe desprenderse de sí mismo. Cuando lo consiga, será un gran cineasta. Enemy es todavía un ejemplo de esas obras autoconscientes de su (supuesta) autoría, de su puesto en la futura memoria del grandismo cinematográfico, ese que se cincela.
Las historias, cuando están bien escritas –y el cine empieza siempre por ahí, por escribirse y reescribirse-, solo necesitan contarse bien, sin aspavientos ni manierismos, sin psicoanalismo autoconsciente; les hablo de Ford, les hablo de Chaplin, de Hawks, de Wilder. No hace falta puntuar con música cada fotograma, con lentitudes y metáforas que señalen al espectador que ahí hay algo más, freudiano, junguiano acaso. Denis Villeneuve es un director muy dotado para la imagen, pero algo menos para la narración, y, al fin y al cabo, aunque quizás me equivoque a estas alturas, este arte va un poco de eso. A uno le da por pensar que el trabajo de guion del español Javier Gullón (El rey de la montaña, Hierro, Invasor), buen constructor y contador de cosas, ha sucumbido. Quizás no.
Lo mejor de esta producción hispano-canadiense, además de su fotografía (Nicolas Balduc), es el repertorio de Jake Gyllenhaal, con quien Villeneuve ya trabajó en Prisioneros. Un tipo que es capaz de pasar de la ternura a la inquietud en un paso de obturador. La película, sin embargo, está partida por la mitad y nos lleva de un planteamiento interesante y prometedor a un desenlace un tanto incomprensible, al menos para quien esto escribe. Lo que para unos supondrá una genialidad, para otros quedará en simple petulancia . Así es este mundo, pasas de héroe olímpico a gafapasta en un pestañeo.
FIESTA DEL CINE 2014
No quiero cerrar esta entrega sin hacer una referencia a vuelateclado. El pasado miércoles terminó la Fiesta del Cine 2014. Las cifras son muy puñeteras, ya se sabe, así que se las planto sin retoque ni interpretación:
1) La Fiesta del Cine 2014 ha cerrado con un 15% más de espectadores que la del año pasado (1.842.444 entradas vendidas en 3 días).
2) La película más vista ha sido Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro). De hecho, ha sido la segunda película más vista de toda Europa en número de espectadores.
3) La tercera más vista ha sido Kamikaze (Álex Pina).
Qué conclusiones sacan?