SOBREVIVIR EN UN MUNDO GRIS

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Carlos Bassas

Publicado el 06/02/2014 a las 19:01

“Odio las tramas. Mi cine es sobre personajes”.

La frase es de David O. Russell. Se la espetó a Christian Bale durante el rodaje de La gran estafa americana, cuando Bale le llamó la atención acerca de que la gran cantidad de improvisaciones que estaban haciendo iba a alterar la trama de la película.Aquellos que se acerquen al cine esperando toparse con el típico argumento de timadores en el que todo se sustenta sobre giros inesperados, quedan advertidos. Porque aquí, lo de menos es el Escándalo Abscam de finales de los 70 en el que está basada la cosa. La gran estafa americana es una película sobre personajes que tratan de sobrevivir a toda costa. Perdedores que hacen lo que pueden y que, por el camino, descubren cosas importantes. Una historia muy del gusto del público yanqui: tipejos de baja estofa que acaban teniendo más escrúpulos y principios morales que la mayoría de la supuesta gente de bien que les rodea (la casualidad quiere que sean políticos..., nada cambia). No es extraño que haya recibido 10 nominaciones a los Oscar y se llevara 3 Globos de Oro de 7, incluyendo el de Mejor Película.

 

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Hay dos frases que definen a la perfección esta historia, ambas pronunciadas por Irving Rosenfeld, el timador interpretado por Bale. La primera: “La vida no es blanca ni negra, es extremadamente gris”. La segunda es una pregunta: “Alguna vez has tenido que sobrevivir sabiendo que tus opciones eran malas, pero que tenías que sobrevivir?

 

Christian Bale;Bradley Cooper

Hay que reconocerle a David O. Russell la coherencia de apostar casi siempre por los personajes antes que por la trama, rasgo que se ha ido agudizando en sus últimas películas(The Fighter,El lado bueno de las cosas), porque este director neoyorquinoentiende la dramaturgia en un sentido más “teatral” que “cinematográfico”. En eso, pertenece a la escuela de grandes como David Mamet. Ambos, maravillosos dialoguistas y grandes creadores-retratadores de tipos humanos. Con la gran diferencia de que Mamet es también un habilidoso tramador. Cuando quiere.

El gran peligro que uno corre en tales menesteres es construir unos personajes que deambulan algo perdidos por una trama que avanza a trompicones, salta, vuelve a avanzar, se detiene de repente y luego, doble tirabuzón con mortal y medio carpado, da algún giro puesto ahí para seguir avanzando. Algo que los griegos ya bautizaron como apò mêchanês theós, el "dios de la máquina".Y eso es exactamente lo que pasa enLa gran estafa americana, especialmente en algunas de las escenas en las que aparece Rosalyn,interpretada por Jennifer Lawrence. La cinta está llena de buenos momentos, pero no solo por juntar, uno narra.

Otro de los grandes riesgos que ha asumido Russell es la fuerte apuesta por la caracterización. Existe una línea muy fina, tan invisible como un hilo de araña, entre lo genial, por grotesco que pueda parecer, y el exceso per se. Entre lo dramáticamente relevante (aquello que, por burdo que sea, completa al personaje y le define, le caracteriza) y lo ridículo, lo exagerado, lo que simplemente busca epatar. Una vez más, Christian Bale se ha sometido a uno de esos procesos de cambio extremo al que nos tiene acostumbrados –tan pronto se queda en los huesos, como emula al De Niro de Toro salvaje-, pero su pinta clava al personaje. Su penoso corte de pelo a lo Anasagasti, su vientre globuloso, su forma de vestir, de moverse. Otros personajes como Sydney (interpretada por Amy Adams) o el agente del FBI Richie DiMaso (Badley Cooper), sin embargo, caminan por la cuerda floja; una por su incesante despliegue de medias tetas, el otro por sus homenajes a Tony Manero. Y sus personajes se resienten.

 

Christian Bale;Amy Adams;Bradley Cooper

Con todo, una película que merece la pena por el maravilloso desfile de perdedores, por la habilidad de Russell en mantenerlo todo unido, a pesar de los altibajos, y, especialmente, por dar a sus acores la libertad que se merecen. Es decir, por saber dirigirlos bien (quizás les suene a contradicción, pero no lo es en absoluto).El mayor peligro que corre David O. Russell a estas alturas es dejarse engullir por ese yo tan peligroso llamado cineasta de autor con exceso de estilo. Les pasa hasta a los más grandes. Si no, fíjense en Scorsese. Acabará también Russell siendo víctima de sí mismo?

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