SOBRE PROGENITORES Y PADRES

Publicado el 30/01/2014 a las 16:29
Ser padre no es una cuestión meramente biológica. Engendrar, fecundar, gestar, concebir o producir un hijo te convierte simplemente en su progenitor. Nada más. Ser padre, lo que se dice padre, papá, padrazo, en cambio, es otra cosa. En Qué hacemos con Maise? queda claro que hay progenitores que no tienen ni idea de ser padres, y que hay personas que no han tenido hijos, pero que entienden realmente de qué va la cosa.
La película, basada en la novela What Maise knew de Henry James (publicada como relato serial en The Chap-Book a lo largo de 1897, después reunida en libro), es una de las películas independientes de la temporada. Ya saben, esas cintas de bajo presupuesto –seis millones de dólares lo es para los estándares yanquis- rodadas por productoras minúsculas con personal generalmente no sindicado.
Y eso es, sensu stricto, Qué hacemos con Maise? Una película dirigida por el binomio Scott McGehee y David Siegel (Suture, 1993; En lo más profundo, 2001; La huella del silencio, 2005; Uncertainty, 2009), dos tipos de los que es más que probable que no hayan oído ni hablar, con un presupuesto que sonrojaría a gentes como Spielberg –cuyo Lincoln costó 65 millones- o Scorsese –cuyo Lobo ha costado 100-. El problema surge cuando asociamos la etiqueta de cine norteamericano independiente a un invariable sello de calidad. Porque no siempre es así. Buenos y malos cineastas los hay en todas las casas, ricas y pobres. Otra confusión típica es considerar como autárquicas películas “pequeñas” como Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), rodada con ocho millones de dólares, o Juno (Jason Reitman, 2007), que costó siete millones y medio, aunque ambas fueran co-producidas por la Fox.
Las dos mayores virtudes de Qué hacemos con Maise? poco tienen que ver con su independencia financiera, sino con el material literario en el que se basa la película (contar con Henry James en el equipo es un buen seguro) y con el trabajo de Onata Aprile, la actriz que interpreta a la pequeña protagonista.
Los guionistas Nancy Doyne y Carol Cartwright han apostado por mantenerse fieles al punto de vista de la novela original, el de Maise, daño colateral en el divorcio de sus padres, ahora una estrella del rock venida a menos (Julianne Moore) y un marchante de arte inglés con el agua al cuello (Steve Coogan). Completan el reparto Joanna Vaderham, Margo, la niñera de Maise, con la que su padre se casa para ofrecer una falsa sensación de hogar con el fin de obtener la custodia, y Alexander Skarsgard, Lincoln, el camarero al que recurre su madre para hacer lo propio. Mientras que, para sus progenitores, la pequeñaMaise pasa de arma arrojadiza a incómoda molestia, para Margo y Lincolnse convierte en una hija a la que acaban amando como propia.
La cinta, con aires lejanos a Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979), adolece de cierta polarización excesiva, pero logra mantener el tipo gracias al magnífico trabajo de la pequeña Onata, a la que pronto podremos disfrutar en Big girl (Lisa Melodia, 2013). En cuanto a lo cinematográfico, un trabajo correcto, pero sin sorpresas ni florituras. Aún así, una película intensa. Lo que me lleva a recomendarles vivamente que se lean la novela original, una de las menos citadas de James, pero de las más devastadoras. Segunda reflexión sobre lo que realmente significa la paternidad de la temporada, tras la magnífica De tal padre, tal hijo de Koreeda.