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Fuera de campo
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LOS JUEGOS DEL HAMBRE O CASI

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LOS JUEGOS DEL HAMBRE… O CASI
Actualizada 28/11/2013 a las 15:46

Lo reconozco. He hecho trampas. Este blog no roza ni de cerca al que ha sido el estreno de la semana (http://www.imdb.com/title/tt1951264/?ref=fn_al_tt_2). Pero, para serles sinceros, algo tiene que ver. Con lo del hambre al menos: el que uno puede llegar a pasar en este oficio del cine. En especial si se mantiene erre que erre, ahí, quijotesco.

Hoy quiero hablarles de una película pequeña, Ilusión, dirigida por alguien de aquí (aunque viva allí, en Madrid): Daniel Castro. Y no porque uno de los personajes que sale interpretándose a sí mismo, Félix Viscarret, sea también de aquí, que podría, porque la escena que comparte con Castro (que actúa, dirige, escribe y produce) es de lo mejor Sino porque es una película que merece la pena. No me lo invento. Lo mismo pensaron en el Festival de Málaga, en la que ganó el premio a Mejor Guion, la Biznaga de Plata a Mejor Director de la sección Zonazine y el Premio del Jurado Joven a mejor cinta.

Les cuento de que va en un pispás: un guionista de cine con un musical político bajo el brazo (alguien debería atreverse y lanzarse con este nuevo género algún día, no tendría desperdicio) titulado Los pactos de la Moncloa busca productor. Lógicamente, ninguno en su sano juicio quiere rodarla. Hasta que una vieja gloria que no está en sus cabales, claro, le dice que sí. Sin embargo, la cosa, como es normal, no fructifica. Finalmente, nuestro guionista entra en razón y se busca un trabajo de verdad (dependiente en un videoclub, en un guiño a Tarantino, intuyo), aunque no pierde la ilusión y, en su mente, se gesta su próximo proyecto: un musical sobre Tarquinio, rey de los etruscos.

Ilusión es una película de presupuesto bajo. Miento. Paupérrimo. Rodada sin nada, pero tras la que hay un buen guión. Aunque el hinchado a cine le caiga mal y el rodaje de guerrillas cause estragos por momentos, me viene a la cabeza una frase de Píndaro: ojalá la película hubiera llegado a ser la que es. Lo dicho: no se esperen movimientos de grúa a lo Fincher ni un montaje vertiginoso a lo Scott. Ni efectos especiales, ni 3D y otras parafernalias. Lo que encontrarán, si se deciden a jugar, son algunos diálogos que no tienen desperdicio –uno no sabe en ningún momento si Castro ríe, llora o bromea del todo; o precisamente lo contrario- y situaciones que pueden parecer rocambolescas, pero que, en este valle de lagrimones, son reales como la vida misma. Vale, quizás alguna tensada como un Cheiw junior de fresa ácida (lo siento, no he podido resistirme http://www.youtube.com/watch?v=QF0Gt5J4gJE). Pero les aseguro que otras no. Si a eso le añades que algunos de los actores-personajes que salen son compañeros de fatigas del propio Daniel Castro (es decir, del Daniel Castro de verdad, aunque uno sospecha que algo de real hay también en el Daniel Castro de mentira), pues el meta-meta-metacine está servido. Aunque es probable que solo si ustedes les conocen a ellos y sus circunstancias, le saquen todo el jugo a la naranja.

Para eso, pues les cuento. El Daniel Castro de carne y hueso, el nacido en Pamplona, guionista, escribió el largometraje Algunas chicas doblan las piernas cuando hablan (2001), dirigido por la tudelana Ana Díez, y la película de Patxi Barko El final de la noche (2006), junto a Ismael Martínez Biurrun. Dos cortos después (After Shave y 75 metros), acabó de guionista en las series de tv Yo soy Bea y Gran Hotel. Como se entere el Daniel Castro de la película le espetará lo que le suelta a su pobre y paciente amigo Félix: “Has puesto el culo y te has prostituido”. Un Viscarret que, al igual que Castro, escribió y dirigió Bajo las estrellas (1997), con la que ganó –merecidamente- de todo en todas partes (por si les pica, un repaso: http://www.imdb.com/title/tt0479221/awards?ref_=tt_ql_4), y que después ha acabado como director de capítulos en series como Hispania y la mini serie Marco. Ojalá baje Dios en forma de productor a verle pronto.

Lo mismo sucede con Víctor García León, hijo de José Luis García Sánchez y Rosa León (de casta le viene al galgo), que, aunque no hace directamente de él, pues es él. En 2006 dirigió y escribió junto a su colega Jonás Trueba (hijo de Fernando Trueba, otro al que le viene de genética) el largo Vete de mí. Y como les sucedió a Castro y Viscarret, tipos buenos, tuvo que dedicarse a dirigir capítulos de Hispania y de Familia para ir tirando. No hay nada peor que asomar la cara en esto del cine y que te la partan sin mayor explicación. Quien diga que no hay talento a raudales en el cine español es, perdónenme, gilipollas. Así, diez letras. Del mismo modo que lo son aquellos que se aprovechan del talento cuando las subvenciones a Director Novel están y después buscan nueva carne fresca a la que hincar incisivos, premolares y molares.

Otro personaje en la película, que interpreta al dueño de Ocho y Medio(http://www.ochoymedio.com/), la mítica librería de cine de Madrid, es Nacho Gabasa. Quizá no les suene de nada, pero sí conocerán su trabajo, porque ha sido guionista de series como La casa de los líos, Manos a la obra y Al salir de clase. Un veterano con el trasero pelado.

Todo esto no significa que no puedan disfrutar de la película sin tener ni idea de lo que acabo de contarles. Pueden. Pero, sabiéndolo, pues la cosa tiene algunos giros impagables.

Y ahora, si me lo permiten, con mis dos siguientes palabras quiero rendir un minúsculo homenaje al gran crítico que ha sido Miguel Urabayen (al que me unen más cosas aparte del cine, pero eso me lo guardo) EN RESUMEN: Ilusión es una película hecha por alguien que, en el fondo, aún no ha perdido la ilusión, lo que no le impide ser mordaz, irónico o cáustico con el mundo que le ha tocado vivir. O quizás es un mensaje para aquellos que se han cruzado en algún paso de cebra con el propio Castro y le han espetado: dónde han quedado tus principios y sueños? ¡Te has prostituido!

Si es así, aquí tenéis vuestra respuesta.

Para terminar, un último apunte que uno constata viendo la película: está claro que a Daniel Castro, gustarle, lo que se dice gustarle Michael Haneke, pues no. Él es más de David Thoreau y de Annie Hall, de Woody Allen. Muy buenas elecciones, todo sea dicho. Dos perlas más: David Trueba y Miguel Rellán (fantástico, como siempre). Y otra cosa: que en este oficio de ser artista, pues o uno se prostituye, o acaba muriéndose de hambre. El reto está en convertir en arte el viejo oficio. Lo ven? Al fin y al cabo, algo tiene que ver con el hambre todo esto que les acabo de escribir. No me lo afeen.

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