DRAMATURGIA vs CINEMATOGRAFÍA

Publicado el 31/10/2013 a las 16:51
En plena tolvanera sobre si el cine es caro o es barato, o sobre si no es ni esto ni es aquello (aquí os dejo la opinión deDaniel Sánchez Arévaloal respecto: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/10/26/actualidad/1382797552_295928.html), uno va y se topa de bruces con esta película de Mariano Barroso,Todas las mujeres, quenace de transformar en largo una miniserie de seis capítulos rodada para la cadena TNT hace tres años (http://www.canaltnt.es/serie/todas-las-mujeres-8295).
La cinta de Barroso es cine de buen texto. Aunque lo verdaderamente correcto sería decir que es buena dramaturgia. Muy buena. Clásica. De la de agón. Puro y duro agón (quien quiera conocer a uno de los maestros del agón moderno, que se pasee por las páginas y los fotogramas de David Mamet;otro de ellos es el señor Allen). Y lo que uno necesita para montar una buena obra a base de texto, pues son actores, claro. Además de cine de buen texto,Todas las mujeres es cine de grandes titiriteros. De histriones enormes, que de eso vamos sobrados en este país –no va con segundas, tenemos un puñado de grandes intérpretes-, aunque muchos de ellos no asomen el morro casi nunca por las películas que pueblan nuestra cartelera. Una pena. U otra cosa, en la que no pienso meterme, al menos no hoy. Les sonará Michelle Jenner, por aquello de que anda metida en asuntos regios católico-catódicos, y reconocerán aEduard Fernández, porque está suficientemente bregado en los cuadriláteros. Quizás tengan buen ojo y también les haga tilín en la memoria Nathalie Poza, por lo catódico también (las series Hispania e Imperium). Pero probablemente no les sonarán el resto: Lucía Quintana, María Morales, Petra Martínez, Marta Larralde.
Avanzamos poco a poco. Decía que Todas las mujeres es drama de buen texto, y es drama de buenos intérpretes. Y también los es de imponente director de actores, que es lo que es Mariano Barroso. Porque los comediantes son buenos o malos o medianos o mejores o peores en función del director que les lleva de la mano. Y Barroso siempre saca hasta la última esquirla de arte de sus faranduleros. El pero de Todas las mujeres(estoy convencido de que a estas alturas de textos ya esperaban laquisquillosa adversativa) es que es dramaturgia de muchos quilates, pero no cine del mismo peso. Quizás les suene a contradicción: este tío me dice primero que es una muy buena obra, y ahora suelta que no es una enorme película, lo que no significa que sea mala, ojo, que les veo las intenciones fáciles. No lo es. No es mala.
Lo que quiero decir es que, cuando uno se enreda en esto de contar algo con lenguaje cinematográfico, no lo tiene todo hecho con una buena letra y con unos buenos actores (aunque el 90 por ciento de las películas por las que transita uno jamás llegan ni a eso). Necesita ese punto más que hace que esa dramática se transforme en cinematografía. En cine bueno, del de verdad. De ese deja poso, vamos. Y, no crean: hacer buen cine no es una cuestión de presupuesto. Bueno, vale, no es solo una cuestión de presupuesto. Perdonen la boutade (tomo prestada la frase de Woody Allen: “El dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan parecida que solo un auténtico especialista podría reconocer la diferencia”). Decía que hacer buen cine es una cuestión de otras cosas además de parné. Si uno tiene el buen gusto de pasearse por Annie Hall, por Manhattan, por Hannah y sus hermanas, por Otra Mujer, descubrirá a qué me refiero. Las cuatro son grandes textos y, además, grandes películas.
Dicho todo esto, que quizás uno debería haberse callado porque puede no interesar a nadie, Todas las mujeres merece la pena. Por dramaturgia, por diálogos, por personajes, por actores, por director de actores, por Eduard Fernández, Michelle Jenner, Nathalie Poza, Lucía Quintana, María Morales, Petra Martínez y Marta Larralde; por Barroso y por Hernández. Y porque, quien más, quien menos, descubrirá un trozo de algo importante en algún momento del metraje.
P.D. Disfruten del cine este puente, háganme caso.