UN CANÍBAL, TRES FESTIVALES Y UNA DE PELÍCULAS FAMILIARES

Publicado el 17/10/2013 a las 17:16
Manuel Martín Cuenca es uno de esos cineastas que se prodiga poco. Como Barroso (que estrena Todas las mujeres), o como Urbizu, que cuando lo hace junto a Michel Gaztambide, nos regala algunas de las mejores películas del año. Uno nunca sabe si es que tejen sus películas con la paciencia de un sastre, o, simplemente, hacen lo que pueden en nuestra industria Lo que sí cree saber uno es que, cuando Martín Cuenca rueda, lo hace casi siempre con el naturalismo de un documentalista. No es casualidad, precisamente, que una de sus mejores obras -su primer largometraje-, El juego de Cuba (2001. http://www.youtube.com/watch?v=fgcSzo6caRE), pertenezca a ese género.
Existe una tendencia cada vez más generalizada a mezclar: los documentales usan técnicas narrativas y dramáticas propias de la ficción (prohibidísimas y tramposas para los más puristas, por más que Flaherty las usara ya en Nanook; aquí os dejo el link, por si alguien quiere disfrutar de esta joya:http://www.youtube.com/watch?v=_f8J9NRchOE), mientras que los directores de ficción bucean en la estética supuestamente propia del documental (aunque el documental no es una estética, sino una ética) para enganchar a un espectador cada vez menos dispuesto a dejarse impresionar por artificios de computadora. Ejemplos hay muchos. De uno y otro pelo. Ahí van unos botones: Man on wire(James Marsh, 2008) o Searching for Sugar Man(Malik Bendjelloul, 2012) en la esquina de los documentales, parte de la filmografía de Greengrass en la otra (Bloody Sunday, sus Bourne, United 93 o Green Zone, por ejemplo). Y la mezcla es buena; de lo contyrario, no tendríamos el Gin-Tonic, para empezar. O los tan cinematográficos Gimlet y Vodka Martini.
Quizás el mayor problema de este Caníbal sea su exceso de frialdad descriptiva (una película debe narrar, no describir; de la narración surge el drama, no de otro lado). Naturalismo puro, observación casi ornitológica. Al menos en buena parte de la película. Luego ya es demasiado tarde. Sin embargo, uno intuye, sabe, que es algo buscado. Que la película es así porque su director y su guionista así lo han querido. Como en Malas temporadas (M. Martín Cuenca, 2005). Nos encontramos frente a una descripción hecha a base de postales urdidas entre sí con pantallazos a negro, y eso rompe ritmos. Asomarse a este Caníbal es como abrir una ventana a un momento singular de la vida de su protagonista (una ventana como las que él usa para observar), ese en el que se permite sentir amor por primera vez, y claro, le sale mal. Después, la ventana se cierra.
Uno puede leer por ahí lo que era Caníbal antes de verse: thriller intimista; una historia sobre muerte, sacrificio, redención. De hecho, esto decía sobre la película el propio Martín Cuenca en San Sebastián: “Habla del perdón, del sacrificio, de la muerte, de la sangre, del amor al prójimo, de la redención”. También le leo hablar de la película en otra esquina mediática: “Esta película quiere contarme algo que va más allá de lo que yo nunca podría saber. Y eso me empuja de una forma poderosa. Alejandro, mi coguionista, me habló de esta novela: Caríbal, de Humberto Arenal. Y yo sentí, junto a él, que debíamos escribir esta película tratando de averiguar el sentido profundo que esconde para, luego, convertirlo en un secreto que el espectador pueda adivinar. Para nosotros la esencia del cine es el misterio, y la convicción de que el espectador participa activamente en él. Construimos una historia y luego la escondemos, para que surja del interior de su alma, entre sus rendijas”.
Y, tras verla, no puedo dejar de pensar que no he sido capaz de averiguar del todo qué esconde. He adivinado lo que supongo que adivinará todo el mundo al verla, pero no lo que Martín Cuenca adivinó probablemente al leer el relato, para esconderlo después al escribir el guion junto a Hernández, para que el espectador, a su vez, lo adivinara finalmente al verla. Lo que sí les recomiendo es que lean el relato en el cual está “ligerísimamente” (lo del entrecomillado es porque el propio Martín Cuenca así lo cita al inicio de la película, no por mala leche) inspirada la película. Porque Humerto Arenal era uno de los grandes de las letras cubanas. Decía Javier Ocaña en su crítica en El País a propósito de Malas Temporadas: “Un excelente ejercicio de descripción”. Le robo el comentario para Caníbal. El trabajo de Pau Esteve Birba (Director de Fotografía, premiado en Donosti), maravilloso. Ahí va una declaración de intenciones: no tengo ningún problema con que el cine sea “lento”, se lo aseguro, pero sí con que sea “frío”. Y me resulta preocupante coincidir con Carlos Boyero, al que leo generalmente para disentir con una sonrisa: “La forma es de lujo, pero nunca me siento implicado en esa presunta tragedia”. Gracias a dios, está claro que ambos debemos equivocarnos de pe a pa, porque en los sanedrines críticos, la puntuación de Caníbal es de sobresaliente.
FESTIVALES & HOME MOVIES
Y ahora, a otra cosa, porque esta semana se ha celebrado un año más el Festival de Cine de Pamplona. Y cito el festival porque parece que Navarra tiene cantera –no me mojo con la de Osasuna, sino con la cinematográfica-, ya que se han presentado nada menos que 16 cortos navarros al certamen. Y a uno le da que pensar Ahí lo dejo. Suerte. En un par de semanas le da el relevo el Festival Ópera Prima de Tudela, que este año homenajea a Ana Díez, con ocho películas ya a las espaldas entre documentales y largos. Jugará en casa. La frase no implica que no se trate de un homenaje merecido, que lo es. Lo digo por si alguien le buscaba pies al gato. Y no nos olvidamos del FICBE de Berriozar, que también calienta motores para la semana que viene. Octubre: mes del cine en Navarra.
Para terminar, una invitación singular: visitad la Filmoteca esta tarde a las 18:00 h. Se celebra el Home Movie Day (y ya van tres ediciones) y se proyectarán películas amateurs y caseras rodadas por familias navarras depositadas en el Archivo de la Filmoteca a lo largo de este último año, “que nos ayudan –cuentan desde la Filmoteca- a recordar cómo era nuestra ciudad, nuestro modo de vestir, la manera de celebrar acontecimientos y fiestas, décadas atrás. Más información: http://www.inaac.es/es/noticias.asp?IdNot=414
La sesión irá acompañada de música en directo a cargo de Javier Asín. Así que no os perdáis la música. Las películas tampoco. Pero no os perdáis la música.
No sé por qué, todo esto me ha hecho pensar en Alan Berliner. Otro día, si quieren, les contaré quién es.