GRAVITY. GRAVEDAD. RENACER

thumb

Carlos Bassas

Publicado el 10/10/2013 a las 15:59

La que convirtió en matemáticas Newton y han usado los Cuarón -padre e hijo, mano a mano, tecla a tecla- para titular su última película. Y la que habla de la situación del cine español. De ambas vamos a hablar hoy. Y de renacer, porque de eso trata Gravity, y probablemente es lo que necesita nuestro cine.

En nuestra insistencia por cosificarlo todo -por género, por colores, por tamaños, por presupuestos, por...-, Gravity suena a película de ciencia ficción, y puede parecerlo en su envoltorio: espacio, estaciones internacionales, transbordadores, astronautas. Pero no lo es. Si consultas la película en la biblia de los tecleadores y opinadores de esto -estoy desvelando uno de esos secretos bien guardados-, el Internet Movie Data Base (www.imdb.es) es también un thriller. Y es un drama. Gravity, lo que es, es una buena película. Con algunos momentos de gran cine, que -es mucho lo que voy a decir, espero que los puristas me perdonen- recuerda a Kubrick en algún momento. Cuando la despojas de todo su envoltorio y la reduces a lo importante, a lo esencial, la película de los Cuarón cuenta una historia de renacimiento. De ser capaz de superar la adversidad, un pasado roto por la muerte de una hija, y atreverse a empezar de nuevo. En ese sentido, Alfonso Cuarón compone una puesta en escena con algunos momentos metafóricos brillantes. Cordones umbilicales que te mantienen anclado y unido a los demás, que tiran de ti, sin los cuales estás perdido en la nada. Una mujer en posición fetal meciéndose en el interior de un vientre/nave -tan Kubrickiano-, un parto envuelto en llamas (las de un Ave Fénix), un resurgir de las aguas, abriéndose paso hacia la superficie a través del líquido amniótico. Y un clavar los dedos en la orilla, ponerse en pie y afianzar los pies en la tierra, renacido.

La película de Cuarón está llena de grandes momentos. Pero hay que saber leer. Ser capaz de trascender los elementos propios de la trama -simple: una astronauta atrapada en el espacio exterior que trata de volver a casa; pero la cosa no tiene nada que ver con Apollo XIII- y descubrir lo que se esconde tras ellos. Porque todo significa más de lo que aparenta. En eso, Cuarón siempre dice más de lo que parece que dice, ya sea en Y tu mamá también (2001), en Hijos de los hombres (2006), otra muy buena película, o en Harry Potter y el prisionero de Azkabán (2004), probablemente la mejor de la saga. Para rematar, esa actriz extraña, peculiar, única, llamada Sandra Bullock (después de que Angelina Jolie rechazara el papel dos veces y de que Natalie Portman tuviera que decir que no debido a su embarazo). Una mujer que es capaz de ganar el mismo año un Óscar y un Razzie (los “oscar” a las peores interpretaciones) e ir a recogerlos los dos en persona: fantástica. Aunque estoy convencido de que en versión original tiene que estar aún mejor (nunca se dijo tanto con la simple cadencia de una respiración). De “Los Tres amigos” –llegaron a tener productora-experimento juntos, “Cha Cha Cha”-, del Toro es la fantasía, lo gótico, la fábula; Iñárritu, el desgarro, la tragedia, la brutal fragilidad, y Cuarón, el drama.

Y ahora toca ponerse graves y notar el suelo bajo nuestros pies (con un pegamento de 9,8 m/s2). Porque las cosas en nuestro cine (que es otra manera de decir nuestra industria audiovisual, porque eso es el cine, además de algo artístico: una industria que da trabajo a mucha gente), según dicen, pintan mal. Pero es solo culpa de la gente del cine, aduce el Excelentísimo Ministro, Don Cristóbal Montoro, porque, al parecer, todas las películas que hacemos son malas (hubiera dado lo que fuera porque le hubieran preguntado en directo cuál era la última película española que ha visto). Escuchaba ayer en la radio una de esas réplicas que me hubiera encantado que fuera mía: si nuestro cine está como está porque nuestros cineastas son tan malos, entonces deduzco que nuestro país está como está por la pésima calidad de nuestros políticos. Maestro Pou dixit. Yo me limito a robarla. Pues bien: ni es cierto que el cine español sea todo malo (hay buenas pelis y malas pelis, como en todas las cinematografías; les retaría a tragarse toda la producción francesa de un año entero, o la alemana, o la norteamericana, si quieren, para no ser ventajista), ni es cierto que viva única y exclusivamente de las subvenciones. Pero, al parecer, es escandaloso dar dinero a una película, pero no subvencionar a una empresa privada con prácticamente 900.000 euros para que un congresista pueda comer por 8,47 euros el menú. O por 3,55 en la Asamblea de Madrid, de la que se encarga la misma empresa. Aquí os dejo la respuesta de Arturo Fernández (no el actor, sino el propietario de la empresa que lleva la restauración del Congreso desde hace 20 años) cuando se conocieron las cifras: “Se trata de una ayuda para pagar las nóminas de la empresa de restauración para los 50 y tantos empleados que hay en el Congreso y veintantos de la asamblea, y no la comida de los diputados porque, de no existir, el negocio no da, sería inviable”.

Lo sé, acabo de bucear en la demagogia, pero ahí queda.

Aquí os dejo las cifras del cine español de los últimos 4 años, sin demagogias, solo matemáticas:

1. Recaudación del cine español en los 5 últimos años: 81,61 millones de euros (2008), 104,37 millones (2009), 80,28 millones (2010), 99,14 millones (2011), 119,90 millones (2012).

2. Número de espectadores del cine español: 14,36 millones (2008), 17,48 millones (2009), 12,93 millones (2010), 15,52 millones (2011) y 18,28 millones (2012).

3. Subvenciones al cine español (Presupuesto del Fondo de Ayuda a la Cinematografía): 89,3 millones de euros (2010), 76 millones (2011), 49 millones (2012) y 39,2 millones (2013).

Ahora haced el sano e independiente ejercicio de mirar solitos. Cara a cara. Y sacad vuestras propias conclusiones.

Otro dato que dejo para la reflexión, el de que nuestro cine recauda más fuera que aquí. Si en 2012 recaudó 119,20 millones en España, en el extranjero alcanzó los 150 millones. Dicho todo esto, creo que, al igual que la Dra. Ryan Stone, el personaje que interpreta Bullock en la película de los Cuarón, el cine español debe renacer, debe apostar por un concepto diferente de lo que funciona y lo que no funciona en taquilla. Es decir, debe leer qué cine vemos, qué cine nos gusta, y hacerlo. Porque se puede hacer un cine de género, por ejemplo, de muchísima calidad. Y cuando nos ponemos, lo demostramos. Y cuando nos ponemos, el espectador responde y nos dice que le gusta, y lo hace yendo al cine y pagando una entrada. Aunque, si lo pongo del revés para mirarlo desde otro ángulo, ojalá fuera así de fácil, verdad? O lo es?

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora