¡Prevenidos! Silencio, sonido, cámara... ¡y acción!

Publicado el 24/09/2013 a las 10:27
Lo he hecho. He sucumbido a la presunción de que mis opiniones acerca del mundo del cine puedan interesar a alguien al otro extremo de esta red inalámbrica. Quizá sea cierto, aunque podría afirmarse justo lo contrario y acertar de igual modo. Quizá más. Y lo peor de todo es que soy reincidente. No en lo de colarme vía wi-fi, sino en lo de presumir que mi cháchara, expresada hasta ahora a través de otras ondas del espectro electromagnético, interesa realmente a alguien (en mi descargo diré que no fue culpa mía, sino de Belén Galindo, bloguera de un asunto mucho más serio como son las letras). Sea lo que sea, allá vamos:
Bienvenidos a “Fuera de campo”.
Para empezar bien –algún día hablaremos de arranques de guiones/películas, palabra-, vaya por delante el motivo de haber escogido semejante título. Aunque supongo que la mayoría de vosotros ya lo sabéis, fuera de campo es una expresión de este mundillo que hace referencia a todo aquello que no se ve directamente en la pantalla, pero que está ahí y respira, susurra o en ocasiones proyecta una sombra terrorífica –aquí os dejo un enlace a la película Cautivos del mal (V. Minnelli, 1952) http://www.youtube.com/watch?v=ZTmF17o77KM al respecto- y forma parte de la historia. Algunos lo llaman el “off”, pero siempre he preferido el idioma de Montalbán.
Cuando miras por el visor de campos –lo que los anglosajones llaman viewfinder, por si alguien prefiere la lengua de Hammet, Chandler, Carver, Hemingway o F. Scott Fitzgerald- o por el visor de la propia cámara para decidir el encuadre, no tomas solo una decisión, sino dos a la vez: determinar lo que el espectador va a ver, y lo que no. En numerosas ocasiones, lo que ocultas es más importante que lo que enseñas (principio que vale para casi todo en la vida). Precisamente por eso lo haces. Trucos de contador de historias. En otras, el motivo de escamotear algo es absolutamente peregrino, como cuando tienes que cerrar el encuadre o mover la cámara un poco más a la derecha para que no se vea algo que no tienes ni presupuesto ni permiso para quitar de ahí.
A lo que íbamos El motivo de haber escogido semejante título es precisamente ese: no contaros simplemente lo que todos veis y sabéis ya del mundo del cine, sino tratar de mostraros también todo lo que se mueve por arriba, por abajo, por detrás y a ambos lados del encuadre. Aquí y en otra parte.
Hasta aquí esta breve presentación.
La semana que viene os hablaré de una historia que tiene que ver con estas tierras, la de la productora X Films, con motivo de la presentación el día 4 de octubre en la Filmoteca de Navarra del documental “X Films. Breve historia de un mecenazgo” (rodado por una productora de aquí, Visual Comunicación). Los que queráis ir un paso por delante, podéis sumergiros en las aguas de la red para conocer las andanzas de esta singular empresa cinematográfica creada por Juan Huarte en 1963, en la que convivieron gentes como Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, José Luis Garci, José Luis García Sánchez, Antonio Giménez-Rico, Jordi Grau, Chumy Chúmez, Pío Caro Baroja, Luis Eduardo Aute, Gabriel Blanco, Ramón Masats, José Luis Alcaine y algunos ilustres más.
Y también prometo darme una vuelta por Donosti y por Zugarramurdi, a ver qué tal -una más de las cientos de películas rodadas por estas tierras a lo largo de los años-. Queda dicho. Hasta la próxima semana.
De regalo, una escena en la que el propio cine habla de la magia de esto que es el cine, por cortesía de Harold Pinter (guionista) y de Eliza Kazan, que la dirigió: El último magnate (1976). http://www.youtube.com/watch?v=Wcoly26G-ak
Ad maiorem Scott Fitzgerald gloriam.