Por qué la mediación?

Publicado el 03/04/2016 a las 12:42
por Maite Ruiz Aquerreta
Desde tiempos inmemoriales, las sociedades demandan para obtener unos ciertos niveles de organización y orden social, sistemas para establecer justicia.
Podemos hablar largo y tendido de la justicia y no todo van a ser alabanzas, pero somos conscientes de que es un BIEN necesario. Y digo BIEN con mayúsculas no para darle un matiz irónico, ¡todo lo contrario! Mi pretensión es defender nuestro sistema judicial con todas sus carencias, pero siempre entendido como una organización de hombres y mujeres preparados, muy preparados, y deseosos de ejercer sus funciones en un entorno al que procurar el orden que los hombres y mujeres no somos capaces muchas veces de encontrar por nosotros mismos.
Las personas somos diferentes (¡bendita diferencia!) y tenemos intrínseca en nuestra condición de humanos el conflicto. Hablaremos largo y tendido del conflicto, pero por ahora solo diremos de él lo estrictamente necesario.
Vayamos a la etimología. La palabra conflicto deriva del latín conflictus y significa “para atacar juntos”. ¡Vaya sorpresa! El conflicto que a todos nos sugiere algo negativo tiene implícito un elemento positivo que probablemente desconocíamos: juntos. y además nos habla de atacar, con todos los matices que conlleva un ataque: estudio de la situación, planificación, organización y acción, además de uno de los elementos más diferenciadores y enriquecedores del ser humano: comunicación.
Volvamos a nuestra tan querida y muchas veces denostada justicia.
Si la justicia es un sistema para procurar el orden social y se sostiene fundamentalmente en la resolución de conflictos, si un conflicto se entiende como una colaboración entre 2 o más personas que mediante la planificación, la acción y fundamentalmente la comunicación pretenden “atacar” el problema, con intención de resolverlo, me pregunto, Por qué hemos dejado de lado nuestra implicación en la resolución de nuestros problemas, dejándolos en manos de un tercero (justicia) que es ajeno a nosotros, no nos conoce, no sabe cómo hemos llegado hasta aquí y desde luego es incapaz de percibir “mi realidad”?
Aquí es donde se justifica la MEDIACION.
La MEDIACION permite entre otras cosas, que cada una de las partes en litigio exponga su visión de la situación que está viviendo, que escuche a su “oponente” también en su vivencia, que revisen de manera individual y conjunta que es lo que ha pasado que les ha traído hasta aquí, que revisen sus intereses comunes, que vean más allá de lo que defienden como posiciones diametralmente opuestas e inamovibles. Y que una vez hecho este ejercicio desde la voluntariedad de participar en la mediación y la voluntad de llegar a acuerdos, aporten sus alternativas, ofrezcan con imaginación y buena fe sus soluciones, aquello con lo que cada uno estaría conforme y daría por terminado el problema.
Y el mediador como responsable del proceso, utilizará técnicas, estrategias, habilidades que le son propias y de las que es experto para poner al servicio de los mediados la oportunidad de poner fin a sus diferencias de forma dialogada, pacífica y consensuada.
Desde luego no vamos a caer en la vaga ilusión de que esto siempre es posible. Si hiciéramos tal afirmación estaríamos mintiendo. No siempre se puede, no siempre es posible. Hay muchos factores que determinan que la mediación sea o no viable. Hablaremos de ellos. Ahora nos conformamos con transmitir la posibilidad de afrontar de manera diferente nuestros problemas. Ya entraremos en otra ocasión en el diagnóstico y análisis de opciones y posibilidades.
¡Seguimos en contacto!