Abrelatas FC

Publicado el 14/01/2018 a las 22:32
Hay partidos y partidos, encuentros de fútbol y bodrios. Hay situaciones en las que este deporte que nos tiene agarrados por los balones nos deja estampas como el primer chicharrito de Luis Suárez en Anoeta, o el de Fornals en el Bernabéu, y otras en las que te pegas noventa y pico minutos mirando a algo más de 22 supuestos futbolistas correr de un lado para otro para terminar dándose palmaditas en el lomo por quedar 0-0. Alegrías y tristezas del balompié que, semana sí y semana también, nos alegra, entristece o deja templados a los seguidores.
El encuentro delCiudad Deportiva José Ramón Cisneros, échale bemoles con el nombrecito que, para acortar, llamaremos Viejo Nervión, llevaba camino de convertirse en uno de los bodrios infumables dignos de empaquetar en cápsulas y comercializarlo como somnífero. Una primera parte soporífera, con dominio local a más no poder y un triste disparito de Osasuna al meta rival, que ni había calentado los guantes.
Y eso, ojito, pese al aviso de Diego Martínez de decir que la condición de colista del Sevilla Atlético no refleja la realidad, que va a resultar que, salvando las distancias, el filial sevillista va a ser el City de Guardiola de LaLiga 123, y que con la perorata de que no hay rival pequeño, que esto es un once contra once y hasta el menos listo te hace un reloj, se aseguraba la tensión y la concentración de los suyos. Pero...
Torres al banquillo. Y sin minutos en todo el partido, en los 94 que hubo. Aviso a navegantes o gesto torero a la grada para apostar por Barja? Hay que reconocer que el canterano salvó al míster en El Sadar una semana antes, así que en parte es lógica la permuta. Como es lógico el descanso al de Arre, más perdido que só en lo que llevamos de campaña y con menos chispa que un club antitabaco. A eso se suma la obligada ausencia por tarjetas de Fran Mérida, puesto ocupado por Arzura, y ale, a echar millas.
Millas las que daban ganas de correr, pero en dirección opuesta, tras la primera parte. Un primer período que tranquilamente pudo matar varios rebaños de ovejas por lo aburrido del mismo. Y es que el City andaluz, a la postre colista de la categoría, dominaba sin problemas a uno de los gallitos. 45 minutos de sopor, de aburrimiento y cuyo único balance positivo fue el no haber encajado gol, porque las más claras fueron para ellos.
Pero el discurso de Diego se trocó tras el descanso. La bronca, imagino que caería, despertó a los rojillos. Y la chispa volvió a ponerse roja, candente, para empezar un rosario de ocasiones que culminó con el gol de David Rodríguez. Y es que cuando un encuentro como este se pone cuesta arriba, hay que encontrar al delantero abrelatas, ese que te despeja las dudas y te aclara la victoria. Y esa es una de las máximas del fútbol.
Recuerdo grandes abrelatas a lo largo de la historia del fútbol. Butragueño, Eto'o, Iriguíbel o Urban o Milosevic para los nuestros. Arietes encargados de marcar e inaugurar el luminoso, allanar el trabajo para que el triunfo caiga de tu parte. Un abrelatas es imprescindible, es caro, se paga bien. Por algo los delanteros son los futbolistas mejor pagados y valorados. Porque el gol es caro. Y Osasuna pareció convertirse en el Abrelatas FC merced al tanto del talaverano.
Porque David persistió, no se quedó con el primer remate al larguero, que ya contaba casi como medio gol. La lata seguía cerrada, seguía incólume, sin abrir, guardando el tesoro de la imbatibilidad. Pero Lillo dio otra vuelta de tuerca, otro giro al mecanismo y su envío lo remató por segunda vez el delantero rojillo, lo cabeceó y dejó salir el contenido de esa lata llamada portería. David abría la lata. Se adelantaba el Abrelatas FC...
Y a continuación,tal y como mandan los cánones, los rojillos disponían de una, dos, tres y hasta cuatro ocasiones para agrandar el aroma de la lata, para sacar hasta el último resquicio de atún, alubias, guisantes o puntos que quedaran al fondo de la portería y finiquitar el festival. Pero la vida no es tan fácil. La vida es como LaLiga, puñetera, difícil y hasta el último suspiro sin un final claro. Por ello hay que saber sufrir, no hay que confiarse pese a tener un abrelatas, un abrecartas, un sacacorchos o un paraviento en caso de temporal. Hay que trabajar y, si no se amplía la ventaja, reunirse en torno a la otra lata, la propia, para evitar que te la abran...
Y sufriendo. Contra el colista, échale eggs, Maricarmen. Aguantando casi colgados del larguero, con notas positivas como el debut de Rober Ibáñez, un jugón que nos va a dar muchas alegrías, y si no me contáis al final del año, sin encajar un gol hasta el pitido final. Empalmando tres victorias consecutivas, con lo jodidamente difícil que es. Y con el Nàstic asomando en el horizonte, el jueves, en esta semana que Diego calificaba de "preciosa".
Preciosa? Puede que sí. De momento la primera lata ha caído al saco rojillo. Empezamos la segunda vuelta mejor que la primera, que fue con un empate en El Sadar contra el filial del Sevilla. La misma semana en al que cerramos la primera vuelta, con el aplazado por la nieve contra los de Tarragona. A los que se les tiene ganas. Hay que cerrar filas en Pamplona, hacer del feudo rojillo un fortín y apoyar al equipo hasta el último suspiro. Y para ello, qué mejor que ser cansos, que animar sin parar, que cantar y chillar. En resumen, qué mejor que no parar de dar la lata...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!