Así sí se arranca bien el año

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Fran Pérez

Publicado el 07/01/2018 a las 14:38

Año Nuevo, mismos errores. Así iba el partido en el arranque de la segunda parte, tras una primera entrega en la que Osasuna parecía cometer viejos errores al dejarse marcar en el descuento del primer período. Con un gol inicial de Rodri, con un empate de esos que si en vez del Valladolid es el Barça, no sube al marcador, y con el mencionado segundo chicharro de Mata, un tipo más largo que un día sin pan y que se merienda los goles como los petisuis, de dos en dos. Y sin embargo... ¡Qué poca paciencia tiene el aficionado rojillo de a pie, que pasó de pedir la cabeza de Diego a ensalzarlo a los altares balompédicos en tan solo 20 minutos. Del 69 al 89, que fue cuando se cocinó el triunfo.

 

Sergio Herrera se estira para evitar el segundo gol de Mata con Torró y Unai intentando ayudar. MIGUEL LOZANO

 

Primer partido del año, primera victoria. Para qué vas a esperar? La primera, en la frente. Y eso que ahí nos dábamos con la palma abierta tras una primera parte de aquellas que te reverdecen las heridas anteriores, las ampollas, las fascitis plantares o lo que sea. Arrancada de galgo y entrada al vestuario, en el descanso, a trote choricero o de burro. Ése es el resumen de un primer tiempo en el que nos dejó la presencia sobre el verde de Anuar, en El Sadar, que dicho así de seguido nos retrotraía al Egipto de la década de los 70 del pasado siglo, por la similitud con el político-militar-presidente.

Eso y el acierto de Rodri, claro. Y es que el talaverano hizo bueno un aparente melonazo de Fran Mérida desde el centro del campo, controlando y batiendo a Masip en la primera clara que tuvieron los nuestros. Tras la gaseosa llegó el tiempo de las cañas. Caña para intentar pescar un envío lateral del mentado Anuar, que no El Sadat, y tras el almuerzo de Sergio Herrera al tragarse el pase que cabeceó Mata. Cuero que entró de aquella manera, gol fantasma o no, pero la asistente del ataque pucelano dirigió el banderín al centro del campo. Empate y a verlas venir.

Y verlas, lo que se dice verlas, no sé si las vieron. Pero llegaron. O llegó. Concretamente cuando el personal estaba desenvolviendo el aluminio del bocata del descanso. Con el tiempo cumplido, una falta lejana, una mala salida escalonada de la zaga rojilla, un cabeceo al cogollo de un rival y Mata, quién si no, mató a Herrera de un potente derechazo. Y eso que a punto estuvo de pararla, pero entró llorando. Ale, al descanso, a ver qué dice el bueno de Diego que tiene que estar felíz como un niño la mañana del 6 de enero. Encima con nieve...

Ni John, ni Mikel ni otro Nieve que se precie. La bronca del míster rojillo debió ser monumental, de las de "o me remontáis esto o ya podéis ir saliendo fuera, en pantaloneta, a correr hasta que se derrita la nieve". Dicho y hecho. Poco a poco, pico y pala, pico y pala, como las hormiguitas, los rojillos empezaron a cercar a los pucelanos, aunque sin grandes alharacas. Y llegó ese minuto mágico, el 69, cifra en la que se han pergeñado tantas y tantas cosas en este mundo y en otros, momento en el que cambió el cuento de un "aquí muere hasta el apuntador" terrorífico al "y comieron perdices" de las historias bonitas.

Fran Mérida pilló el cuero. Fran Mérida enfiló la vertical hacia el área del Valladolid, en las coordenadas de la izquierda del ataque rojillo. Fran Mérida ve salir al expreso Deivid. Fran Mérida puntea el cuero y se deja zancadillear, en una suerte de aprovechamiento del retraso con el que salió el defensa a por él, en área visitante. Fran Mérida lanza el penalti. Fran Mérida empata y la grada se viene arriba.

Tan arriba que en dos minutos la tortilla se voltea, los calamares se ponen panza arriba y la tortuga cata el suelo con el caparazón dando el giro inesperado por medio de David Rodríguez. El delantero rojillo, aprovechando un centro desde la derecha de Barja, un cabeceo otra vez al cogollo del área pequeña y un semifallo de Clerc, caza como buen sabueso un cuero suelto y bate, llorando y a regañadientes, a Masip. Era el 3-2 y la locura en la grada se dejaba notar.

Con el calor del respetable fundiendo la nieve y el Valladolid volcado en pos del empate, con Mata y Giannotas, no me toques lo que rima, en punta de ataque, vino el éxtasis, el colofón y el fogonazo de la estrella de los Magos de Oriente. Xisco estaba sentado en el suelo, reclamando unas manos en área rival de un defensa rival, cuando sacaban los albivioletas el cuero. Borja, que en la primera parte dejó una estampa con Mata similar a la de Kevin Costner y Whitney Houston en 'El Guardaespaldas', controla mal. Kike Barja llega en plan Expreso de Hogwarts y le birló el esférico, el canterano llegó al área y recortó a su izquierda para, a renglón seguido, soltar un zapatazo raso con la zurda. Masip la olió, pero sólo pudo hacer que el balón entrara más despacio en el fondo de la portería. Gol. GOL. GOOOOOOOOOOOL DE KIKE BARJA. Apoteósico.

Y ya no quedaba tiempo para más. Ni para encajar el consabido gol del descuento, ni para marcar un quinto, que dicen que no hay malo, ni para expulsiones ni lesiones ni nada raro. Sólo quedó tiempo para la celebración, para hacer del último domingo navideño algo especial, para que los aplazamientos, el primero de ellos, se cierre con sabor de roscón, dulce y de nata, para que se sumen tres puntos y se empiece a pensar ya en el Sevilla Atlético. Tres encuentros sin perder, siete puntos de nueve posibles. Y todo ello sin Rober Ibáñez, ojito.. Equipo de fútbol que ilusiona trabajando, no molesten, por favor.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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