Por el desag

Publicado el 10/12/2017 a las 20:19
Menos mal que se tiene un colchón de puntos importante, que si no ahora estamos haciéndonos cruces y esperando a las rebajas para comprar velas, que nos harían falta para encender a los santos. Y es que este Osasuna se nos va por el desagüe, ese que demostró no tener el Tartiere convertido en piscina municipal y dejando el terreno de juego en un fangal impracticable. Manda bemoles, hace una semana con cuatro copos no vale, y ahora con cubos de agua, sí. Así está esta Liga 123, al escondite inglés. Sin mover las manos ni los pies. Que parece que es a lo que se han apuntado los nuestros... A no moverse mucho.
Tercera derrota de la Liga. Y porque no jugamos contra el Nàstic, que estos capaces de perderlo y hacer de la de Oviedo la cuarta. Pero como agua pasada no mueve molino o, mejor dicho, lluvias futuras no suman todavía, eso lo dejamos a un lado y nos centramos en el estropicio de encuentro del Carlos Tartiere. Una derrota rojilla merecida. Porque cuando el rival tiene dos, y mete una, pero tú no tienes ninguna, lo suyo es salir con las orejas gachas, reconocer el mérito de los que se supieron adaptar al terreno de juego y a las circunstancias y tú a seguir trabajando con humildad.
Mal bajo el agua. Este Osasuna no sabe a qué jugar, ni cómo hacerlo. Fallamos en el abecé, en lo básico. No puede ser que con la que estaba cayendo de la ciclogénesis explosiva y con el arca de Noé atracada en las afueras del estadio, Diego se empeñe en poner a Sebas Coris o a Mérida en el once titular. Lo siento, pero no. Hay momentos para el guante y momentos para el pico. Y suele pasar que cuando sacas a unos con las condiciones de los otros, unos y otros se pierden y se enredan.
Otro penalti fallado. No parado, pero sí fallado. Una pena, porque el comienzo parecía calcar el del Carranza contra el Cádiz. Con un penalti tonto de Sergio Herrera y desbaratado por los rivales. Pero Linares y Johannessonse encargaron de enseñarnos que esto es el norte. Que aquí llueve, sopla galerna, hace frío y se genera barro. Que los charcos frenan y el más listo se lleva el gato al agua. Agua, agua, agua para el Segura, que dicen en otras comunidades. Y acertaron ellos. Acertó Johannessoncon el cabeceo, a centro de un Linares que descosió a Aridane como quiso. Otra vez las latitudes, otra vez la lentitud del canario bajo el agua...
Agua de borrajas. En eso se quedó el ataque rojillo, en una sopa de residencia geriátrica sin sustancia. No por echar más líquido se gana en consistencia. Con el cambio de Clerc por Xisco, con los tres delanteros en el verde-marrón, Osasuna vio cómo sus ocasiones se diluían en el fango y se quedaban en sueños que no llegarían en todo el encuentro. Pese a apretar algo más en el segundo tiempo. Pero ni por esas...
Como agua de mayo le vino el triunfo al equipo carbayón. Rachas de tres en tres, tres ganados consecutivos ellos, tres perdidos nosotros (sí, vale, sin contar el Nàstic, pero si lo miramos con el prisma de ahora, no pinta bien...). Agüita de Lourdes que habrá que empezar a tomar para recuperar sensaciones. Qué sensaciones? Tampoco es que la racha positiva destacara por el gran fútbol, ojo, que quitando el partido contra el Sporting de Gijón en El Sadar, el resto victorias y empates muy trabajadas. Pero cuando más falta hacía trabajar...
Se agüó el triunfo, hasta el empate quedó aguachinado. Aunque se hubiesen bebido quintales de aguardiente en el descanso el resultado final hubiera sido el mismo. Sin poder hacer aguas menores ni mayores, aunque parece que estas segundas fueron más presentes en el ánimo de los jugadores. Hay momentos para lucirse, otros para pelear. Pero tratar de lucirse en esta ocasión es como echar gasolina a las llamas. Aunque se esté rodeado de agua.
Con agua empezó la cosa y con agua se termina. Agua para el café, Amparines, que sarna con gusto no pica y la derrota rojilla me ha servido, por lo menos, para tomarme un torrefacto a tu salud y a costa de tu bolsillo. Eso sí, a ver si de ahora en adelante Osasuna empieza a ganar, porque veo que esto está tomando un rumbo similar al del Titanic de Leo y Kate, que no se había hundido aún cuando el Oviedo ya ganaba en el Tartiere. Cafelito al canto, que viene bien para darle a la tecla...
Y ahora? Ahora a seguir remando, sobre el agua a poder ser, y a seguir defendiendo a muerte este escudo, estos colores. A ilusionar a la afición, que no decaiga el ánimo de una hinchada que ahora se siente como Tom Hanks en 'Náufrago': rodeados de agua pero sin poder beberla. Toca darse un sorbo refrescante, dar un buen trago de triunfo, un chorrito en forma de victoria. Y si tiene que ser a costa de las fuentes de Soria, pues mejor que mejor. Que en casa, con sed, se bebe mejor. Y el agro navarro lo agradecerá...
¡Hasta la muerte, Forofrillo hasta la murete!