Latitud gallega

Publicado el 26/11/2017 a las 20:28
Les suena el grupo musical 'Zapato Veloz'? Así, al estilo de 'No me pises que llevo chanclas' o 'Mojinos Escocíos', se trata de una formación asturiana que en el año olímpico de Barcelona lo petaba con su tema 'Tengo un tractor amarillo', que hasta el menos pintado ha bailado bien en los Sanfermines o en las fiestas de su pueblo. Pues lejos de quedarse en un grupo conocido por un solo tema, los compositores de tamaña poesía se destaparon poco después con una pandeirada sideral en la que cantaban que había un gallego en la Luna, Luna, que había llegado de El Ferrol. Esto da idea de la importancia de ser de un sitio e ir a otro. Y es que si los gallegos son, por tradición, un pueblo viajero, se puede decir que hay latitudes que no sientan igual de bien a unos u otros. Y eso les pasó a los rojillos en el Anxo Carro.
Galicia, tierra maldita. De meigas y conxuros, fatal para los intereses balompédicos de Osasuna que llevaba una década, que se dice pronto, sin arrancar un triunfo de los yermos campos occidentales. Galicia, hogar del fin de la tierra, meta de los peregrinos, con su costa de la muerte, sus rías Baixas llenas de nécoras y mariscos y sus albariños y ribeiros. Tierra de gastronomía, cultura y arte. Tierra misteriosa que encandila a quien la visita y hablo a sabiendas. En esas tierras entregué mi vida, durante unos meses, a la Marina en el cumplimiento de la mili.
Galicia, tierra de misterios. Y no iba a ser menos para los rojillos. Con el regreso al once titular de Lillo, cumplida la sanción, con el descanso a Torres, quizás porque se le está poniendo la misma voz que un bracero de mercante que zarpa a la mar donde navegará durante meses en la campaña del centollo. Misterios como las lesiones sin llegar al cuarto de hora, y van dos seguidas esta temporada. La vez pasada, David Rodríguez, esta vez Oier. Y es que la cadera, llegando a una edad, no es cosa a descuidar. De ahí que otra vez las cosas se torcían, otra vez el plan de la semana se venía abajo, aunque la permuta en defensa apenas se notara. Unai cumplió, y muy bien. Pero eso ya no es un misterio ni una sorpresa.
Galicia, tierra de latitudes norteñas, de antepasados celtas donde pareció que esta vez una runa cegó al isleño, al forastero, al nacido en las Islas Afortunadas en el peor momento, cuando más duele. Un efecto de mareo, de desubicación, de no estar en la latitud natural que te empuja a entregar el balón a un rival. Pero Aridane no fue el único al que la latitud afectó. Bien que su error nos costó la derrota, no sumar aunque fuera un punto. Porque a fuerza de ser sinceros, este Osasuna parece desubicado en las últimas jornadas. De los siete últimos partidos, cuatro empates, una victoria y dos derrotas. Y éstas consecutivas...
Galicia, lugar de pazos y de poetas, donde nació y murió la madre de la poesía española moderna, Rosalía de Castro, y donde agonizó el Osasuna de Diego Martínez, un equipo que empieza a destaparse como plano, sin alternativas ni plan b, al que empiezan a cogerle la medida los rivales. No vamos a poner el grito en el cielo, ya que esto es muy largo. Y si antes se estuvo 12 jornadas sin perder, ahora se puede salir derrotado de dos combates. Pero la guerra sigue. Será cuestión de marcar las latitudes de El Sadar en rojo, para que no vuele ningún punto más.
En Galicia se perdió, en Lugo concretamente. Todo ello tras un partido de los que se sudan, de los peleados, conteniendo a un ben rival, que anda por la Luna de la tabla como cantaban los Zapato Veloz, con un once compensado, buena zaga, centro del campo trabajador, delanteros desequilibrantes. Un conjunto capaz de variar sus intenciones dependiendo de cómo vaya el encuentro, algo que todavía no ha aprendido el bueno de Diego Martínez. Que aprenderá, ojo, vamos a dejarle que todavía anda en pañales en esto de los banquillos.
Duele perder. En Galicia o en Andalucía, en Canarias o en Mallorca. Perder no gusta a nadie. Y menos cuando te partes el lomo, sudas la gota gorda, aguantas el frío gallego, con esa galerna que se traba hasta el tuétano y te abraza como el océano al moribundo marino naufragado. Que de sufrimientos de la mar saben mucho en Galicia y nosotros, de secano, no estamos tan acostumbrados. Por eso sufrir y perder es algo a lo que no le vemos sentido. Aguantar el primer tiempo. Cerrar el segundo. No encajar. Hasta el error, hasta la pifia...
Lo que en Galicia se pierde, en Galicia se queda. Por mucho que nos rasguemos las vestiduras ya estamos pensando en el Gimnàstic, en un rival que viene con necesidades a Pamplona pero que debe pagar las dos derrotas encajadas en las mismas jornadas. Hay que ganar a los catalanes y recuperar la senda del triunfo. Hay que centrarse en puntuar, de tres en tres, ante los nuestros. Hacer valer las fortalezas de este equipo, que son muchas más que las debilidades. Y ya en la segunda vuelta, cuando sean los gallegos los que visiten Pamplona, veremos si el que está en la Luna es de El Ferrol o de Tudela. Que nosotros, a cabezones, nos ganan pocos...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!