Y paró el Pirón

Publicado el 07/10/2017 a las 22:51
Se llama Sergio Herrera Pirón, aunque el segundo apellido debería ser desde el partido contra el Cádiz Parón (o Paradón, según evolucione la rama materna). Es alto, largo como un día sin pan o un mes de nómina media en este nuestro país. Moreno, igual como su madre, de mirada intensa y manos fuertes. Se calza desde la planta de los pies hasta el flequillo 192 centímetros que aumentan en otro medio metro con los brazos que le cuelgan de los hombros. Salta como un malabarista y ha llegado este año a Osasuna procedente del Pirineo aragonés, de un Huesca que sorprendió a todos la pasada campaña. Está en nuestro equipo y es un fenómeno.
No me suele gustarcentrar los post en un sólo jugador, pero es que cuando la historia viene dada como en esta ocasión no hay más remedio que acordarte de la madre que parió al futbolista destacado, al padre que colaboró y, sobre todo, al protagonista de la película. Y es que Sergio Herrera se paró tres penaltis en el Ramón de Carranza, aunque oficialmente sean dos ya que uno se repitió por obra y gracia del pitolari de turno, caserillo en esta Segunda que le toca pelear a nuestro equipo. Un portero que evitó encajar y brindó la oportunidad a sus compañeros para intentar estirar el punto hasta el botín de los tres.
Y eso que comenzó de aquél modo, provocando un penalti ante Servando de los de conejo al ali-oli, blocando un córner con seguridad y empujando al salir con el balón en las manos para sacar rápido. Penaltito que lo llamaría más de uno, pero el trencilla no dudó en ser valiente y pitarlo a favor... del de casa. Justo? La justicia en esto del fútbol es como el diálogo entre Carles Puigdemont y Mariano Rajoy: inexistente. El caso es que se pitó, y ahí quedaba la cosa. Con un tercio de encuentro en juego y a remar contra un gol en contra... O no?
Pues no, oigan. Que el chaval bajado del Pirineo a Pamplona, pero nacido en Miranda de Ebro, se estiró a su izquierda y evito que el zapatazo de Aitor García inaugurara el luminoso del estadio de la Tacita de Plata. Alegría, pero con gesto torcido ya que se podía haber evitado hacer un penalti de esos tontos. El caso es que así discurrió el primer tiempo, sin apenas ocasiones de ambos equipos, con control de los locales pero sin crear peligro real y con el aparente trabajo en busca de un empate fuera de casa que parecían llevar pintados en la frente los rojillos.
Empezó el segundo tiempo. La cosa siguió igual. Pero tan igual que Aridane, quizás midiendo mal en su otrora campo, metió la bota ante el perro viejo que es Barral y cometió penalti. Sí, otro. El segundo. Ya, ya, no hace falta que lo juréis. El caso es que el Pelocho no se quejaba, muestra de que sabía que en la penitencia llevaba el pecado, y miraba de reojo a Sergio en plan "Muyayo, a ver si te estiras otra vez y me salvas el cu-cu...". Pero esta vez Barral se hizo con el cuero, se lo pidió. Barral plantó el balón en el punto. Barral cogió carrerilla. Barral hizo paradiña...
Sergio Herrera lo paró. Pero la alegría duró poco, somos pobres. El pitolari dijo que no, hombre. Que se tenía que repetir por invasión del área, que eso era mucha ventaja. Y claro, sonrisas nerviosas en la grada, en la afición local, aliviada ante un "a la tercera va la vencida" que contrastaba con los rostros de furia, rojos, crispados como el de Oier, Arzura y compañía. Así que Barral volvió a agarrar el cuero, tirando de galones. Volvió a plantarlo sobre la cal de los 11 metros. Volvió a coger carrerilla y, sin paraditas ni leches, sacudió fuerte, a media altura y a su derecha... ¡Donde voló Sergio Herrera! Voló. Y yo volé. Y todos volamos en un grito conjunto de osasunismo e incredulidad a partes iguales.
Y de ahí al final voló el equipo navarro, voló Osasuna, voló Xisco con su zapatazo cruzado cuando llevaba cuatro minutos en el verde. Y voló De las Cuevas para poner la puntilla, a pase de Xisco. Y voló Diego Martínez, aliviado porque antes había volado Richard Sanzol del banquillo navarro. Y voló hasta el tiempo, que se pasó volando, no se hicieron agónicos los minutos de descuento, no volaron puntos ni esperanzas. Osasuna voló tanto que duerme líder a la espera de lo que haga el Numancia. Jornada 8. 15 puntos. Llevamos 338 minutos sin encajar un gol. Viene el Albacete de Martín. Y Sergio? Bien, gracias. Sergio voló. Una, dos y hasta tres veces. Y todos dormimos con una sonrisilla socarrona en el rostro... Volamos alto en Segunda.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!