Mente y corazón

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Fran Pérez

Publicado el 02/09/2017 a las 21:03

Vale. Bien. Bueno. Que conste que este año hay equipo, este año hay entrenador, este año hay dinerito y, o lo que es lo mismo, no hay deudas. Que conste que este año hay un proyecto deportivo que se estrena y que hay que tener paciencia. Que conste que hemos jugado sólo tres jornadas en este regreso a la Segunda División, la llamada Liga 1,2,3, al escondite inglés. Y que precisamente a eso es a lo que puede estar jugando el bueno de Diego Martínez. Que conste que hay una plantilla de buenos jugadores, pero hay que darle tiempo. En cuanto llegue la primera victoria veréis cómo todo empieza a rodar mejor, el equipo empieza a mostrar de lo que es capaz y la afición se lo pasa pipa... Pero pese a tanta constancia mira que podían haber hecho una excepción y habernos regalado una victoria en las Bodas de Oro de El Sadar. Por aquello de recordar la fecha con una sonrisa y una victoria...

 

Quique González, que tuvo la sentencia en sus botas, mete un centro venenoso en la primera parte. JESÚS CASO

 

Pero no. Somos Osasuna. Lo llevamos siendo más de nueve décadas, camino del centenario, y hay cosas que no se pueden cambiar de la noche a la mañana. Hay jugadores y plantilla, pero ahora hay que hacer un equipo. Y eso lleva su tiempo. No es cuestión de marcarnos plazos ni objetivos. Es más, si me apuráis, apuesto por sentar las bases para subir en dos o tres años a la Liga Santander, sea BBVA, Banco Pastor o Caja Navarra cuando toque, pero hacer las cosas bien. Pero defender esa idea, ese proyecto y ese camino. Porque manda bemoles que si para la tercera jornada se oyen ya agoreros que ven cosnumado el descenso a Segundas B, aparga y vámonos.

A este equipo sólo le falta una cosa. Como al 50 aniversario del estadio, al que le faltó la guinda para ser perfecto, a los de Diego les falta fortaleza mental. No sé si tendrá que ver con el coaching, con la sefrología, con el ocultismo o es simple motivación, pero a Osasuna le falta fortaleza mental. Es decir, les falta creérselo. Porque si no, de qué se han comenzado ganando los tres encuentros disputados? Porque somos superiores a los rivales. Pero una vez adelantados, una vez por una falta en contra mal cerrada, otra por una expulsión rigurosa acompañada de un fuera de juego que nos pitan en el segundo gol o el dichoso larguero en un remate acrobático que suponía el 2-0,el caso es que no sabemos guardar la ventaja cobrada.

Se está viendo en los partidos el trabajo realizado entre semana. Las presiones a la salida del rival, el trabajo de la estrategia, las circulaciones de balón, las alternativas en los cambios y desde el banquillo. Se ve, se nota y se siente que hay un esfuerzo al que le falta recoger el fruto en forma de triunfo. Y por eso hay que tener paciencia. Hay que saber cuándo hacer balance, cuándo hablar de objetivos y cuándo criticar al equipo. Y estos tres supuestos no deben llegar antes de la consecución de la primera vuelta. Es el plazo de gracia que se da a un equipo, a un proyecto, a un entrenador.

¡Es que con Martín ya estábamos en el ático! De acuerdo. Pero es que Martín no está. Está Diego. Y la situación es distinta. Martín obró un milagro, al nuevo técnico le han encomendado hacer un proyecto y, de momento, está echándolo a rodar. Y con buenas ideas y buen criterio, con buena plantilla, repito. Con buenas sensaciones. Así que vamos a tratar de no llevarnos por el resultadismo y vamos a ser conscientes de lo que tenemos, de cómo lo tenemos y de lo ajustada que es esta Segunda División. De hecho, sólo el Tenerife ha sido capaz de ganar las dos primeras jornadas y, por si a alguien lo ha olvidado, es el equipo que estuvo a punto de subir en el play-off, superado únicamente por el Getafe.

Contra el Huesca no hubo primera parte. Quizás por aquello de las celebraciones, que se nos suelen atragantar. Y, a pesar de ello, Osasuna tuvo más empuje que el rival, que contemporizaba (en algunas ocasiones en exceso) y jugaba a verlas venir y a rascar algo positivo de Pamplona. En el segundo tiempo llegaron los goles. Primero el nuestro, gracias a la bendita estrategia y al acrobático remate de Unai García tras la asistencia de cabeza de un compañero. Luego el del rival, gracias a la maldita estrategia, en un córner que no se puede defender con tanta parsimonia. Y en medio, la oportunidad de Quique que pudo sentenciar el encuentro.

Este podría ser el resumen de lo deportivo. Pero hay más. Hay mucho más. Está lo emotivo. Está el sentimiento, la mirada ilusionada de una niña de nueve años que acudía por primera vez a El Sadar, la mirada curiosa de la misma con los actos previos al partido, la emoción del pitido inicial, los nervios sujetando una bolsa de pipas abierta en una mano y mascando los frutos secos que sujetaba con la otra. El descanso y el viaje a por agua, con las filas, las escaleras del vetusto estadio, el botellín en la única mano libre. Subir de nuevo al asiento, cambiar de localidad a otra vacía para poder ver mejor el segundo tiempo, dichosas columnas de Gol Norte. La alegría del gol, la decepción de este córner botado por Vadillo justo cerca de donde se encontraba ella. El final del partido con el saludo desde el centro, la bandera del 50 aniversario agitada por los jugadores y las serpentinas azules y rojas al cielo pamplonés. "Qué es lo que más te ha gustado?". "No lo sé", respondía ella, aferrando la bolsa de pipas en una mano y el botellín en la otra. Algo le habría gustado cuando en la bolsa todavía quedaban pipas... Por detalles como estos son por lo que El Sadar cumplirá 50 años más y será, para los rojillos, inmortal.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

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