S.O.S.

Publicado el 05/11/2016 a las 20:59
Uuuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, uuuaaaaaaaaaaaa, uuuuaaaaaaaaaaa... Primeras alarmas en Osasuna. Esto no funciona. Hay que cambiar. Desde el primero y hasta el último. Con estas mimbres, con estas actitudes, con estas tensiones, con estos errores infantiles, con esta defensa de conejos, con este medio campo vacío, con este ataque sin Oriol... O se cambia la cosa, señores, o nos derramamos a la Segunda de donde subimos milagrosamente el pasado año.
Martín no puede cebarse en la cabezonería. Si algo no funciona, se cambia y punto. Y el equipo no está funcionando. No funciona en ninguna de sus líneas. No hay ni un atisbo de la defensa que tantas alegrías nos dio el pasado año. No hay centro del campo y el planteamiento nos deja desnuda la segunda línea, con un solitario Fausto Tienza al que no le ayudan los demás. En ataque andamos ramplones, con mucha intención pero poca cabeza.
El Alavés hizo saltar las alarmas. Once jornadas. Ninguna victoria en casa. Así no vamos a cumplir el objetivo de la salvación. Porque los vitorianos, sin hacer nada del otro mundo, se llevaron los tres puntos. Y merecidos. Echándole un poco más de ganas, esperando el error infantil, la cagadica de turno, la conejada osasunista que emborrona un gran trabajo en San Mamés con un partido digno de los alevines. Esta vez le tocó a Oier tras perder un balón donde no se puede perder y dejar vendido a David García, que cometió el penalti. Aunque pudo ser otro. Tanto da...
Porque Nauzet tuvo que estirarse en el minuto cinco para evitar el primer tanto de Toquero. Y también tuvo que estirarse más adelante tras un disparo en el área de un rival. Y en la segunda parte, abortando las contras vitorianas. Mientras que nosotros, en la primera parte, menos peligro que el barco pirata de Playmobil. Un disparito de Sergio León, lo único rescatable,así como el remate del goleador rojillo que Toquero sacó bajo el larguero y pare de contar en la primera parte. Y en la segunda, un pase magistral de Torres, una volea centrada de Kodro y poco más. Porque Pacheco se lució dos veces y adiós muy buenas. Nauzet lo hizo bastantes más, para desgracia de la grada.
No se puede seguir así. Hay que cortar por lo sano. Da igual si se cambia o no de entrenador. Lo que hay que hacer es cambiar de actitud. Siempre he dicho que es más fácil largar a uno que a 25, pero la salida de Martín (que al final se va a producir, y si no al tiempo) no es la solución. Hay que empezar a unir al vestuario, a conjurarse, a jugar cada partido como su fuera una final. Hay que empezar a trabajar, a sacar la garra y la pelea de Osasuna. Y este parón de ahora llega en el momento idóneo.
Estamos en situación límite. Mayday, mayday. S.O.S. De aquí no se puede pasar. Hay que dar un golpe sonoro, en forma de oblea, encima de la mesa y mostrar todas las cartas. Los que estén implicados, adelante. Los que no, que se aparten o, por lo menos, que no molesten. La afición de Osasuna no se merece languidecer de la forma que lo está haciendo. No podemos decir ni que tenemos una de cal y otra de arena, ya que la de cal viene siempre en forma de empate. Y en casa? En casa frío, gracias.
Once jornadas. Una victoria. Cuatro empates. El resto, derrotas. En Pamplona han volado 16 de los 18 puntos disputados. Y por lo menos se ha empatado en dos ocasiones. Pero ya estamos pensando en cambiar el nombre del estadio. De El Sadar a Urgencias Osasuna, pues todos los rivales salen con puntos. Y alguno, los más, con tres y un subidón tremendo. Al final va a ser que somos el paño de lágrimas de los equipos que vienen de perder contra el Real Madrid. Y eso si pierden, que no ha sido siempre el caso...
Hay que cambiar. Ya no hay más límite. Lo siento, míster, pero mandan los resultados. Siete puntos es un bagaje muy pobre con 33 en juego. Y dentro de lo malo, dentro del panorama poco halagüeño que nos rodea, podemos decir que seguimos a una victoria de salir del pozo. Pero jornada tras jornada se sigue viendo que la actitud es la equivocada, que los jugadores están a otra cosa. Excusas, argumentos baldíos, protestas injustificadas y falta de responsabilidad ante los errores propios. No se puede salir a la palestra al acabar un encuentro y cargar contra el árbitro. Porque si no pita el penalti, tampoco se hubiese logrado la victoria, y en casa eso es un paso atrás.
A limpiar las cabezas, a sentarse todos juntos, a hacer propósito de enmienda y a dejar claro qué se quiere hacer. Si se ve que no se puede lograr el objetivo, se dice y nos pegamos un añito de disfrute, sin que nos importe nada. Pero si se escoge la opción del mono de trabajo, de la pelea, de la unión, de empezar a hacer que este proyecto funcione, se arrima el hombro todo chichimichi y se empiezan a hacer bien las cosas. Porque otra de las cosas que tenéis a favor va a ser nuesrta incondicionalidad, aunque a cambio debéis darnos más. Aunque sea un poquito más...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!