Pirateo sin botín

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Fran Pérez

Publicado el 27/04/2013 a las 17:35

Punto ser punto, que decía Vujadin Boskov, aunque bien es cierto que conforme abandonábamos Vallecas junto al cuñao Toñín y el inseparable Sergio, el ambiente de la hinchada local era de cierto pesimismo porque veían cómo se escapaba otra oportunidad de meter presión a los de arriba y poder optar a cruzar los Pirineos la próxima campaña. Yo, por lo bajini, llevaba una doble sensación como el cerdo de los chinos, vamos, agridulce, ya que de poder haber ganado el partido y de poder haber palmado, al final me volvía a Pamplona con un puntico que, quién sabe, igual es vital al final de año.

 

La muralla rojilla aguantó en Vallecas. EFE

 

Antes de meternos en harina y con tiempo por delante allí que salimos de Torrejón los tres mosqueteros, con Toñín a manos del Megane, rumbo a una de las M que rodean Madrid para comer kilómetros hasta el casta barrio vallecano. Con más tiempo que longanizas llegamos y claro, como el partido era en viernes y el aparcamiento del Día, próximo al campo, plegaba a las 22.30, decidió sabiamente el cuño atracar la galera por encima del Parque de Vallecas, con sus sinuosas colinas que nos abrazaron conforme bajábamos rumbo al estadio y a la mítica calle Albufera.

Al asalto, cuan piratas, llegamos a uno de los garitos de la mentada calle a comprobar el caña-tapa que tanto se destila en la capital y que ni se imaginan los hosteleros de nuestra Navarra foral. La primera pago yo, la segunda tú y la tercera el otro. Pim, pam, pum y al campo. Ese era el plan, pero claro, antes había que retirar la acreditación para poder acceder al feudo franjirrojo y, por mucho que nos fuesen a dar las once, que no las diez de Joaquín Sabina, no era plan de darle fuerte al pimple que entre que uno no está acostumbrado y tampoco hay edad para ello, lo mejor era refrenarse.

No era la primera vez que iba al campo de Vallecas. Para ser sincero, era la segunda. Pero las sensaciones fueron similares, el encontrarte de golpe, en medio de una ciudad (sí, cuñado, Vallecas para los navarros es una ciudad) un campo coqueto y de los chiquitos siguen siendo asombrosas. Con sus furgonas de la Policía Nacional, con sus patrullas a caballo y con sus vallitas resguardando los autobuses de ambos equipos antes de acceder a la grada del bar Cota, mito del rayista, a coger los pases. Tras la visita de rigor al establecimiento del que fuera capitán del Rayo, conseguimos entrar en las tripas del campo y subir hasta nuestra localidad, no sin antes echar un vistazo a otro casta, el pelma del megáfono que ladra tras los bancos de los entrenadores, principalmente el rival, con un afán de protagonismo y tele similar al de cualquier personajillo de Telecirco.

La sorpresa para el menda lerenda fue, tras comprobar que Timor era de la partida inicial y una vez superado el trance, ver que a 20 minutos del comienzo del encuentro la ubicación de Los Bukaneros estaba sin mácula. Ni un alma. Acotaditas todas las localidades pero más blancas de la primera toga estrenada por el Papa Francisco I. Mi extraño hizo que mis acompañantes me aclararan la ausencia del grupo. Es viernes, y los viernes Los Bukaneros no animan. Y para atestiguarlo así rezaba una pancarta puesta en la primera fila del mítico grupo.

Bueno, pues a pesar del once de Mendilibar, eso era una ventaja ya que la otra vez que fui a ver al Rayo Vallecano, los amantes piratas llevaban la voz cantante en el estadio e hicieron que su equipo golease 3-0 al Getafe. Y con merecimiento. Así que, como rojillo de pro, todo lo que sean ventajas a estas alturas, bienvenidas sean. Así que con una sonrisita de complicidad les miré, sabedor que aquello podía pasarles más factura que la presencia de Timor en el once osasunista, y empezó el encuentro.

El Rayo salió como siempre, como lo hacía Osasuna hace años cuando jugaba en el Sadar, con el machete entre los dientes, la pata de palo afilada, el parche lustroso y el garfio en punta. A por el rival, y no tardó en hacerse con el primer barril. Para el minuto 6 se hacían con el botín tras una gran jugada de Lass por la derecha, centro medido y certero cabezazo de Delibasic quien cañoneó por proa la meta de un Andrés al que los guantes ni le habían encajado. Alegría en las gradas y sorna de mis acompañantes. La sombra del 6-0 del año anterior empezaba a asomarse por mi sombrío catalejo...

Pero nada más lejos de la realidad. Entre tuit y tuit y whatssap a mi Nena, que esperaba ansiosa noticias del encuentro porque iba con los rojos (siempre con los pobres, obvio) mientras le daba a la sesión de peluquería, córner para nosotros desde la diestra de nuestro ataque, centro medido y cabezazo más medido aún de Loé a las mallas. Cañozano de respuesta al minuto y los más de cien loros rojillos saltando de alegría por el empate. Partido en viernes, partido de goles, decía el cuñao torciendo un poco el morro, aunque cómplice por mi celebración.

Y como Súper Ratón, no se vayan todavía que aún hay más. Cinco minutos pasaron hasta que Timor se puso a mis pies y sacó otro córner, esta vez desde el perfil izquierdo de nuestro ataque, y Arribas hizo de pirata traidor cabeceando a gol. Otra salva que nos daba un botín más preciado que el anillo de Gollum o la esmeralda verde juntos. Tres puntos que podían marcar la diferencia entre ver el próximo año a Messi o no verlo, entre silbar al Real Madrid o hacerlo al Castilla, entre viajar a Vallecas o hacerlo al Insular.

Llegó el descanso, con más manguerazo, y se reanudó la batalla naval. Seguía pesando la ausencia de Los Bukaneros. Verlos en directo es todo un espectáculo, y más si Paco Gémez quita a un central y mete más gente arriba, dejando la defensa de tres y buscando la remontada. Si llegan a estar los mal denominados ultras del Rayo la voltereta se da del todo, de ahí que Osasuna sacase un botín precioso que a la larga puede ser importante para la permanencia. Aunque bien es cierto que Mendi pecó de inocente, y no supo reaccionar al movimiento de fichas de su homónimo nada más reanudarse el partido.

De ahí que a los diez minutos de la segunda parte, en un pase con estilete de Trashorras, Chory Castro rompiera las defensas de la galera navarra y, encarando a Andrés, le diese un tajo en forma de pase para que el amigo Piti marcase su golito de todas la tardes y aumentase el caché de cara a su retiro dorado. Adiós a la ventaja tan rica y a sufrir. 35 minutos muy largos, con o sin Los Bukaneros, y a ver si no se chafa el viaje a los madriles... Choteo lógico de mis acompañantes y a seguir animando cada uno al suyo, a ver en qué quedaba todo esto.

De ahí al final, agobio de los locales, pitos en la grada por la falta de ideas, mucho cansancio en las piernas de nuestros piratas y perrerías varias para dejar correr a Kronos y que llegase el pitido final. Que llegó. Y menos mal, porque aunque bien es cierto que Osasuna plantó bien las contras, la falta de fuerzas o de tino, como en la ocasión de Masoud ante el meta local, decantaban la balanza más para los locales que para los navarros. Y eso que, un equipazo como el Rayo, sin Leo Baptistao, sin Los Bukaneros, sin Lass desde el minuto seis y remontando no han podido ganarnos en ninguno de los dos enfrentamientos. Cosas veredes, amigo Toñin...

Y ahora, a Valencia, Y sin mercadillo, que si el partido iba a ser de misa de 12 pero como hay rastro en Valencia, mejor lo ponemos de pacharán y tertulia tras la comida del sábado. Un campo en el que nos va a costar sudor rascar algún punto. Y a pesar de habernos puesto a cinco del descenso, a ver el resto de rivales qué hacen esta jornada, porque se va desangrando la Liga y la carabela rojilla tiene mucho trecho por delante hasta arribar al puerto de la salvación. De momento, con el grato recuerdo de la compañía y la velada junto a Toñín y Sergio, abandono Madrid con la promesa de volver. Bien a ver fútbol o bien a ver a la familia.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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