Fútbol sí, violencia no

Publicado el 17/02/2013 a las 10:23
¡Joé, Patxi, cómo ha cambiado el cuento! Antes, cuando nos preparábamos para ir al Sadar, el ritual seguido era casi siempre el mismo. Te plantabas en la puerta de casa de los padres y hacías la revisión final. Palpándote los bolsillos empezabas, al revés de cómo nos vestimos, de arriba a abajo mientras, mentalmente, repasabas lo importante. A ver, entrada: sí. Bufanda: sí, al cuello. Gorro (estamos en Pamplona, donde ver el sol es como que te caiga un asteroide encima): también. Bocata y lata: obvio, en la bolsica, eso sí, acuérdate de esconderte la pepicola en alguna de las partes del cuerpo en las que no te da el sol, no vaya a ser que te la quiten. Gargantas afinadas: sí. Y listo, Calixto, vamos rumbo al estadio que juegan los rojis. Sin embargo, ahora...
Ahora parece que destila otro rosario. Me refiero a la recua de macarrillas y destalentados que configuran los grupúsculos de ultras en los campos de fútbol de este planeta y de los que se descubran. Esta gente, de escasa sesera y menor educación, se plantarán ante el garito, bajera o lugar de reunión de turno y empezarán a repasar una lista que fijo está llena de faltas ortográficas. Vendría a ser algo más o menos así. A ver, repasemos. Puños? Sí. Nunchakos? También. Porras? Fijo. Bengalas? (Repito, estamos en Pamplona, donde ver el sol es como que te caiga un asteroide encima, y el frío es el frío) Obvio. Cúter? Claro, para la papiroflexia. Tornillos y llave inglesa? Listos. Ganas de bronca? Esas las tenemos de nacimiento... Pero esto qué es lo que es?
Sinceramente uno ya empieza a estar harto de este tipo de sandeces. Harto de que la peña baje al estadio, o aledaños, a liarla parda. De que se mezclen churras con fútbol, política con fútbol, nacionalismos con fútbol... En definitiva, harto de que la violencia campe a sus anchas en el fútbol. Por si alguien no se ha enterado, el fútbol es un deporte, con su sana rivalidad. Es una lucha entre dos equipos, de dos ciudades distintas que buscan un objetivo común: la victoria. Para todo lo demás, Másters Tard. De ahí que no quepa en cabeza normal que un aficionado baje a un estado pertrechado con semejantes objetos y con el objeto de montarla.
Indar Gorri, Ligallo, Ultra Sur, Boixos Nois, Biris, Frente Atlético... Me da igual Arre que Oricáin. Lo único que deberían hacer es animar a su equipo y olvidarse del resto, ya que al final es el club de sus amores el que paga sus desvaríos, el que apoquina las multas por encender bengalas, destrozar asientos o proferir gritos racistas. Las multas que las pague papi, mientras el nene corre a 240 con el buga por el centro de la ciudad. Pues no señor, el mundo no es así y lo mejor que podrían hacer es desaparecer de los campos. O reconvertirse, oye, que en tiempo de crisis la iniciativa y el talento se paga como el oro. Y si no, a seguir los pasos de Yola Berrocal y que se fuguen todos estos cerebros...
Ya perdonaréis pero es que uno se calienta con ciertas cosas y pierde el norte. Vamos al fútbol, que es lo que importa. Y más al fútbol del norte, de Mendilibar, ese que tanto disgusta a Domingos Paciencia (por cierto, dónde andará?) y que tan buenos resultados nos está dando a la parroquia rojilla. Y es que Osasuna ganó al Zaragoza. Ni bien, ni mal, sino todo lo contrario. Una nueva final superada, de todas las finales que nos quedan hasta concluir la temporada, y haciéndonos fuertes en casa. Y ya tenemos 25 puntos, estamos a 15 del objetivo, restan por disputar 42 puntos en juego y con ganar cinco de los 14 siguientes partidos, suficiente. Más o menos. Es decir, que la salvación se va a cocinar en el horno de casa.
Como cocinó Mendi el partido contra los maños. Con un once que casi se estáconvirtiendoen base para los partidos del Sadar, los rojillos salieron a hacer su partido y a cumplir las órdenes del general de Zaldibar. Pasando el susto del disparo de Rochina, que Andrés demostró salir enchufado desde el mismo calentamiento, Damiá puso un meteorito al área y Kike Sola destrozó el cuero con los cuernos. Gol, minuto casi cuatro y ya estábamos por delante. Miel sobre hojuelas, aunque se preveía sufrimiento. Y mucho.
La primera parte fue abrumadoramente visitante. En posesión, en dominio, en ocasiones y en control. El Zaragoza se impuso clarísimamente a Osasuna y sólo las manoplas del meta rojillo evitaron que el empate iluminara a la peñita en el descanso. Las cosas estaban como siempre, justitas, prietas, con dudas y un marcador que peligraba variar para mal. Y ahí fue donde el míster local tiró de perrería y sabiduría para hacer los ajustes justos. Cejudo al banco y Gato al campo. Y se acabó el sufrimiento.
Silva dio otro recital de clase, control, poso, calma y buen hacer balompédico. El chileno sigue gustándose y gustando al personal, y el adelantamiento de Oier a la media punta tiñó de mordiente y peligro a nuestro ataque. De hecho, las ocasiones más claras fueron nuestras en la segunda entrega del partido. Si Sola o el propio Oier andan afinados, la victoria podría haber sido más abultada. O si Nino o el ya mentado Silva se inspiran, más abultamiento para el resultado final. Pero no, hijo mío, somos Osasuna y sufrimos hasta el final.
Con el pitido final de Velasco y con 14 jugadores manchados de amarilla (algo que me parece brutal, pero bueno) los rojis celebraron la victoria como si se tratara de la final de la Champiñons, y eso mola. Mola ya que demuestra lo concentrados que están. Mola porque son conscientes de que se están pegando la machada en la segunda vuelta (10 de 15 puntos posibles no es moco de pavo), mola porque conocen sus limitaciones, sus puntos fuertes y sus debilidades. Mola porque siendo el equipo menos goleador (aunque también es cierto que somos uno de los menos goleados) sacamos petróleo de cada gol. Mola porque Kike Sola sigue marcando. Mola porque vamos escalando posiciones. Y molaría si en Levante sacamos algún puntico, aunque para eso habrá que recuperar a los tocados y entrenar fuerte.
No quiero terminar sin el apunte de todas las semanas. Y esta vez va a ir dirigida a mi familia mexicana. Tuve el honor de recibir en nuestra querida Pamplona a Faustino y a su hermano Javier. A pesar de haber dormido pocas horas, vivimos una jornada repleta de recuerdos familiares y viajes al pasado, aderezada con conversaciones futboleras que cubrieron desde la Liga Mexicana, donde Nacho Ambriz ha empezado a dirigir al Querétaro, hasta la Premier League, siempre volviendo una y otra vez al pasado y presente de Osasuna. Por ello les mando un fuerte abrazo y espero, confío y deseo que se vuelva a repetir el encuentro, pero esta vez al otro lado del charco.
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!